«Que digan dónde están»: en épocas de negacionismo, la Plaza se volvió a llenar

La movilización volvió a poner en el centro el reclamo por los desaparecidos y cuestionó el rumbo oficial.

Una multitud copó las calles del centro porteño y desbordó la Plaza de Mayo en una jornada que quedó marcada por la masividad y la persistencia del reclamo por Memoria, Verdad y Justicia. A medio siglo del inicio de la última dictadura, organismos de derechos humanos, sobrevivientes, familiares y miles de manifestantes volvieron a instalar una consigna que atraviesa generaciones: “¡Que digan dónde están!”.

Desde temprano, columnas de distintas organizaciones avanzaron hacia el centro político del país. El clima acompañó y la convocatoria creció con el correr de las horas, hasta configurar una de las movilizaciones más numerosas de los últimos años. Referentes del movimiento de derechos humanos señalaron que la respuesta social funcionó como un mensaje directo frente a un Gobierno al que acusan de relativizar el terrorismo de Estado.

Entre las primeras en llegar estuvo Buscarita Roa, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quien destacó el acompañamiento popular: “Mucha gente nos acompaña. Yo le agradezco mucho al pueblo argentino porque me ha acompañado”. Su historia sintetiza parte del drama que atravesó el país: su hijo y su nuera permanecen desaparecidos, mientras que su nieta fue apropiada y luego recuperada.

A su lado, otras militantes históricas sostenían símbolos cargados de memoria, como pañuelos y fotos de familiares desaparecidos. La escena se repitió a lo largo de la Plaza, donde los rostros de las víctimas volvieron a hacerse visibles en pancartas y banderas.

El acto central reunió a distintos sectores sociales y políticos. Sobre el escenario convivieron reclamos vinculados a los derechos humanos, conflictos laborales y demandas de pueblos originarios. Uno de los momentos más aplaudidos se dio cuando se mencionó la presencia del fotógrafo Pablo Grillo, herido en una represión reciente.

Durante la jornada también hubo fuertes cuestionamientos al Gobierno nacional. Desde organismos y referentes denunciaron un retroceso en políticas públicas vinculadas a derechos humanos y apuntaron contra discursos oficiales que promueven la “reconciliación”, una idea históricamente rechazada por los organismos.

En ese marco, María del Carmen Verdú, de Correpi, sostuvo: “Hoy el compromiso es doble porque estamos enfrentando al gobierno más represor desde el regreso de la democracia”.

Otro de los momentos centrales llegó con la participación de nietos y nietas restituidos por Abuelas. Guillermo Pérez Roisinblit abrió la intervención colectiva con un mensaje que vinculó la búsqueda de identidad con una deuda pendiente de la democracia. A su turno, Manuel Gonçalves Granada remarcó la necesidad de avanzar en la verdad para cerrar heridas abiertas desde hace décadas.

El documento consensuado por los organismos volvió a poner el foco en el destino de los desaparecidos. Graciela Lois, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, afirmó: “La gran mayoría de las y los desaparecidos fueron fusilados o murieron como consecuencia de las torturas a las que fueron sometidos; muchos fueron asesinados en los ‘vuelos de la muerte’. Nunca nos entregaron sus cuerpos. Por eso exigimos que nos digan dónde están”.

En la misma línea, Osvaldo Barros denunció un desmantelamiento de las políticas de memoria y un posicionamiento negacionista desde el Estado. Estela de Carlotto, en tanto, destacó los avances logrados en la restitución de identidades, aunque subrayó la necesidad de sostener políticas públicas para continuar la búsqueda: “Si tienen información sobre un posible hijo de personas desaparecidas, acérquenla. Nunca es tarde”.

El cierre estuvo a cargo de Taty Almeida, quien reafirmó la postura histórica de las Madres: “No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. Porque somos el país del Nunca Más y del pañuelo blanco. Porque seguiremos, como sostuvo Paco Urondo, hasta que todo sea como lo soñamos y también como lo luchamos”.

La consigna final condensó el sentido de la jornada. Con miles de voces al unísono, la Plaza volvió a reclamar: 30.000, presentes, ahora y siempre.

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