Caminos inviables: desarrollistas, liberales y sus caminos sin salida para la Argentina

Por Damián Bil*

Milei asumió con un discurso que prometía llevarse todo por delante. En la cresta de la ola, el rumbo macroeconómico de Caputo, apoyado en la imagen positiva, prácticamente no tenía críticos con eco social. El pantano en el que se metió en los últimos meses, por errores no forzados(escándalos de casta como el caso Adorni, los créditos blandos del Nación para funcionarios, las coimas en el ANDIS, etc.) y por el pobre desempeño económico (crisis industrial y de empleo, recesión, inflación que no cede), permitió la emergencia de planteos que superficialmente aparecen como alternativos. Figuras del arco opositor erigen posiciones que defienden salidas consideradas dentro del marco “desarrollista”. En líneas generales, omitiendo las diferencias entre las variantes que caben en este rótulo, recuperar cierto rol coordinador del Estado en el rumbo y la estructura económica, para generar mecanismos (infraestructura, políticas sectoriales, marcos regulatorios, etc.) que faciliten la acumulación de capital privado, sobre todo del más concentrado, con vistas a la exportación.

A pesar de presentarse como originales, oal menosse referencien en antecedentes supuestamente exitosos, estas perspectivas (al igual que las liberales) ni son novedosas ni tienen soluciones progresivas para la crisis. Se enraízan en una dicotomía que lleva más de 70 años conduciendo al país de fracaso en fracaso.

El desarrollismo fallido

Para 1949, los años dorados del primer peronismo habían finalizado. Con una crisis galopante, a comienzos de 1952 la situación obligó al gobierno a formular el Plan de Emergencia Económica, que dispuso una batería de medidas de ajuste (austeridad pública, moderación del consumo, contención de los salarios, fomento al campo, etc.). En cierta medida, inaugurabala política desarrollista en la Argentina, si bien elementos de esta estrategia ya estaban presentes de forma larvada en los debates y algunas medidas económicas de las décadas de 1930 y 1940.

Los motivos de la aparición de este programa no son espurios. Se cimientan en las transformaciones que vive el país desde décadas previas. En resumidas cuentas, al calor de los ingresos de las exportaciones agropecuarias, que posibilitaba políticas de fomento vía transferencias de riqueza, en el período de entreguerras, se estructuróun esquema de industrias manufactureras nada despreciable para los parámetros de la región. Aunque con un límite: estaban constreñidas a vender en el mercado interno, incapaces de exportar. Una vez generada esta realidad,fue difícil desarmarla (como postulaban algunos pensadores liberales del período). La defensa de esta estructura mercadointernista, por antonomasia, tomó la forma política de “peronismo”.

Pero a comienzos de los ’50, el empuje generado por las exportaciones agropecuarias comenzó a agotarse; no porque el campo perdiera dinámica (más allá de crisis parciales durante coyunturas específicas), sino porque la estructura a sostener se hizo demasiado voluminosa. En ese contexto de crisis, una de las soluciones que surgió fue la estrategia desarrollista. Consistía por un lado en ajustar salarios y condiciones para los trabajadores y liberar la economía para los capitales más chicos (fin de la protección de lo considerado inviable); por el otro, proteger a los capitales más grandes, que habían crecido acumulando en el mercado interno o bien se habían instalado como grandes empresas o filiales desde el extranjero (Siderca, Fiat, laboratorios, etc.). Se esperaba que estas firmas, con los incentivos adecuados, pudieran exportar y sostener una actividad económica que generara mecanismos para superar la crisis crónica. Con sus particularidades, esta fue la apuesta de gobiernos desarrollistas (y también de otros signos) desde la segunda mitad del siglo XX, con un mercado-internismo selectivo. Incluso hasta el plan Cavallo. En la actualidad, presenciamos el fin de ese período desarrollista, con un Milei que llega con la posibilidad de desarmar esa Argentina (de ahí los encontronazos con Rocca o Madanes), y recrear las condiciones de un país pre industrial. Es decir, descartar el consumo interno como una de las patas de la economía, e ir hacia un país exclusivamente exportador de commodities, con agro, minería e hidrocarburos. Va de suyo que ese país será aún más fragmentado, con un pequeño núcleo de población viviendo con salarios europeos, y el grueso en las condiciones de la India.

El retorno de recetas inútiles

Hoy, con el empantanamiento del gobierno, reaparece el discurso desarrollista. Muchos reivindican la experiencia de la denominada sustitución de exportaciones, en particular bajo el tercer gobierno de Perón, cuando supuestamente maduraban las exportaciones industriales, proceso abortado por el golpe militar de 1976. No obstante, las estadísticas no registran grandes modificaciones en la participación de las manufacturas industriales en la composición de exportaciones. Si bien hay un incremento, el mismo es muy moderado y destinado casi totalmente a mercados regionales o de tercer orden. Además, se produce en un momento en que muchos países están exportando, lo que hace que incluso el país pierda posiciones relativas en el mercado mundial frente a otros competidores. La apuesta a esta vía nos lleva a caminos sin salidas, como también el liberalismo. El problema de los apologistas del desarrollismo no es poner sobre la mesa la posibilidad de otro camino, sino que apuestan a un sujeto incapaz de llevarlo a buen puerto. La confianza en la iniciativa privada del empresario individual está condenado a repetir viejos fracasos, porque los empresarios en Argentina son incapaces de desarrollar las fuerzas productivas al nivel necesario para insertarse en el mundo. Es necesario incorporar al debate al desarrollismo socialista, una estrategia basada en la centralidad de un Estado de nuevo tipo, que pueda asignar recursos en base a un plan racional, impulsando tanto sectores de menor complejidad técnica que generen empleo productivo genuino como otros de alto contenido tecnológico, todos con un norte de exportaciones reales. Solo de esta forma se podrá evitar una mayor degradación de la vida en nuestro país, que es lo que nos ofrecen los que hoy se disputan las riendas del mismo. 

*Por Damián Bil. Dr. Con mención en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Especialista en Historia Económica. Investigador del CEICS. Militante de Vía Socialista.

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