El mercado laboral porteño cerró 2025 con señales claras de empeoramiento, en línea con lo que ocurre a nivel nacional. Los datos oficiales muestran que no solo aumentó la desocupación, sino también la cantidad de personas que, aun teniendo empleo, necesitan trabajar más horas para sostener sus ingresos.
Según el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad, la tasa de desempleo se ubicó en 7,3% en el último trimestre del año, por encima del 6,7% registrado en el mismo período de 2024. Sin embargo, el dato más preocupante surge al observar la presión total sobre el mercado laboral, que alcanza al 12,7% de la población económicamente activa.
Desde el organismo explicaron que «la población que presiona en el mercado de trabajo es del 12,7%, sea porque está buscando un trabajo desde la condición de desocupación (7,3%), buscando activamente trabajar más horas desde la subocupación (4%) o desde un puesto de 35 o más horas semanales (1,4%)».
El informe también expone desigualdades marcadas dentro de los sectores más afectados. Entre quienes no tienen empleo, el 52% son mujeres. A su vez, la franja etaria más golpeada corresponde a personas de entre 30 y 64 años, que concentran más de la mitad de los casos. En términos educativos, predominan quienes cuentan con secundario completo pero no lograron finalizar estudios superiores.
Retrocede el empleo asalariado y avanza el trabajo por cuenta propia
Otro de los indicadores que refleja el cambio en la estructura laboral es la caída del empleo asalariado. En un año, la proporción de trabajadores en relación de dependencia bajó del 75,2% al 72%, lo que evidencia una pérdida de peso del empleo formal tradicional.
En contraposición, creció el cuentapropismo, que pasó del 20,9% al 22,1%. Este avance suele estar asociado a formas de trabajo más inestables y con menor protección social, lo que refuerza la tendencia hacia una mayor precarización.
Dentro del universo asalariado, el 82,5% cuenta con registro en la seguridad social. Aunque el nivel de formalidad se mantiene alto, se detecta una leve caída en los aportes jubilatorios realizados por empleadores, mientras aumentan los casos de trabajadores que deben cubrir sus propios aportes.
En paralelo, la informalidad entre asalariados mostró una leve baja, al pasar del 18% al 17,5%. Sin embargo, este dato convive con un crecimiento de ocupaciones más frágiles.
Entre quienes trabajan por cuenta propia, el 59,1% está registrado y cumple con sus obligaciones, aunque ese porcentaje también se redujo frente al año anterior. Por otro lado, un 34,5% desarrolla su actividad sin ningún tipo de inscripción, lo que deja en evidencia la persistencia de amplios sectores fuera del sistema formal.
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