El Gobierno enfrenta un escenario más complejo justo cuando busca oxígeno financiero en el exterior. En la antesala del viaje de Luis Caputo a Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional corrigió sus previsiones para la Argentina y dejó un mensaje incómodo: la economía crecerá menos de lo esperado y la inflación será bastante más alta.
El organismo ajustó a la baja la expansión prevista para 2026, que ahora ubica en 3,5%, y al mismo tiempo elevó con fuerza la proyección de precios, llevándola al 30,4%. Se trata de un giro relevante respecto del informe anterior, que complica el relato oficial sobre una recuperación sostenida.
Un rebote sin empleo
Más allá del número agregado, el crecimiento proyectado tiene características particulares. La mejora se apoya principalmente en sectores como el agro y la energía, que tienen bajo impacto en la generación de empleo.
En contraste, actividades más intensivas en mano de obra como la industria, la construcción y el comercio siguen en retroceso. La combinación de tarifas altas, pérdida del poder adquisitivo y apertura importadora impacta de lleno en estos rubros, donde se concentra buena parte del trabajo registrado.
Ese desequilibrio explica el deterioro del mercado laboral y el cierre de empresas desde el inicio de la actual gestión, en un contexto donde el rebote económico no logra traducirse en una mejora generalizada.
Precios sin ancla
El frente inflacionario aparece como el punto más delicado. Aunque el Gobierno apuesta a una desaceleración en los próximos meses, los datos recientes muestran que la tendencia sigue firme.
Antes de viajar, Caputo defendió el rumbo económico y vinculó las tensiones cambiarias a la incertidumbre electoral. “Hubo una dolarización masiva y una caída fuerte de la demanda de dinero”, sostuvo.
También insistió con una mejora a futuro: “a partir de abril se va a ver una desaceleración importante de la inflación” y que “los próximos 18 o 20 meses van a ser probablemente los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”.
Aun así, el programa oficial depende de sostener variables sensibles —como salarios, jubilaciones y tipo de cambio— para contener los precios, lo que incrementa la presión social.
La urgencia por los dólares
En paralelo, la misión de Caputo en Washington tiene un objetivo concreto: destrabar un giro de 1.000 millones de dólares. Pero la negociación se traba por un punto clave: la acumulación de reservas.
El Banco Central de la República Argentina viene interviniendo para recomponer divisas, incluso en medio de diferencias con el presidente Javier Milei sobre el impacto de esa estrategia.
La falta de reservas suficientes complica el cumplimiento de las metas acordadas y obliga a renegociaciones permanentes con el Fondo, en un contexto donde además se acumulan vencimientos importantes de deuda.
Un frente político más frágil
El cuadro económico se combina con un desgaste en la imagen del Gobierno. Distintas mediciones muestran una caída en el apoyo a Milei, mientras sectores de la oposición comienzan a reorganizarse de cara al próximo ciclo electoral.
Con menos margen financiero, inflación persistente y un crecimiento que no derrama, el oficialismo transita un momento más exigente que el previsto. El informe del FMI, lejos de aportar alivio, suma presión en un punto clave de la gestión.
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