16 de abril de 2024

¿Por qué comemos pochoclos en el cine?

Ya es un clásico, no solo en Argentina sino en gran parte del mundo, comer pochoclos al momento de ir al cine. La forma en la que este snack se convirtió en el acompañamiento típico de las butacas, tiene una interesante historia detrás.

Una obra entera desanda el camino que llevó a que esta costumbre se instale de manera global. En el libro Popped Culture: A Social History of Popcorn in America, publicado en 1999, el autor Andrew F. Smith detalla la historia.

El primer dato curioso entre el vínculo este snak y las películas es que precisamente en los cines era en el único lugar donde no estaba permitido ingresar con pochoclos cuando se empezaron a hacer populares. Es decir, primero vino la popularidad del dulce y luego se extendió al cine.

Los pochoclos comenzaron a ganar adeptos a mediados del siglo XIX en Estados Unidos. Para finales de siglo, la invención de las máquinas dedicadas exclusivamente para fabricar «palomitas de maíz», hizo posible que se empezaran a conseguir de manera rápida por todas partes.

La máquina, al ser móvil y atraer a los clientes por el aroma que despedía, facilitó que esté presente en diferentes eventos como los deportivos, circos, desfiles, etc. A pesar de eso, los dueños de los cines negaban su ingreso a las salas. «Tenían hermosas alfombras y tapetes y no querían palomitas de maíz siendo pisadas en el suelo«, escribe Smith en su libro.

Hay que decir, que en esa época el cine se veía como un consumo elitista. No existía el sonido por lo cual el público debía, en principio, tener la capacidad de leer. Por lo cual, comer un dulce popular dentro de las salas era también «mal visto».

Popularización del cine y crisis económica

Con la llegada del sonido, la asistencia a las salas de cine se multiplicó radicalmente y se empezó a popularizar. Las personas comenzaron a demandar poder comer sus golosinas favoritas durante la proyección de las películas, como lo hacían en el resto de los espectáculos.

Allí, los dueños de las salas vieron una oportunidad de un nuevo negocio. Los pochoclos eran rápidos, fáciles y baratos de hacer, por lo cual se convirtieron en el snack perfecto para la demanda. Además el contexto era propicio para un dulce barato, el país atravesaba la crisis conocida como la Gran Depresión.

Así, las máquinas móviles que se encontraban en diferentes espectáculos, pasaron a tener un puesto fijo en todas las salas de cine del país. Al pasar los años, esa costumbre ya se volvió parte de la cultura de los cinéfilos.

Al día de hoy, es imposible no asociar uno al otro. Ya está instalado como una costumbre a nivel global. El cine y los pochoclos, van de la mano.

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