En medio de la defensa oficial del programa económico en el Congreso, un informe privado encendió señales de alarma sobre la situación social: una amplia mayoría de quienes recurrieron al crédito en los últimos meses lo hizo para cubrir necesidades básicas, con los alimentos en el centro de esa urgencia.
El estudio Latam Pulse Argentina de abril, elaborado por AtlasIntel y Bloomberg, expone que el 82,8% de las personas endeudadas destinó esos recursos a la compra de comida. A eso se suma un 60,7% que utilizó financiamiento para pagar servicios esenciales y un 45% que tomó deuda para afrontar compromisos previos.
El informe también muestra que el fenómeno golpea con más fuerza a los sectores jóvenes, especialmente entre 16 y 34 años, una franja clave en el mapa electoral. Dentro de ese grupo, además, crece el uso del crédito para afrontar gastos estructurales como el alquiler, con un 45% en el segmento de 25 a 34 años.
La caída del poder adquisitivo aparece como el principal disparador de estas conductas. Más de la mitad de los encuestados (58%) aseguró que redujo su nivel de consumo mensual, mientras que cerca de un tercio admitió haberse endeudado. A la par, el 50% indicó que necesita ingresos extra no para mejorar su calidad de vida, sino simplemente para llegar a fin de mes.
En cuanto a las herramientas utilizadas para financiarse, la tarjeta de crédito lidera ampliamente, con un 79% de uso. Le siguen los préstamos otorgados por billeteras virtuales (48%) y los créditos bancarios tradicionales (46%).
El diagnóstico general del relevamiento es contundente: “el panorama es el de una mayoría que transita entre el ajuste constante y el endeudamiento creciente, con una minoría que logra consolidar cierta estabilidad financiera. La capacidad de ahorro —condición básica para la movilidad social— es hoy una excepción antes que una norma”.
Imagen presidencial en baja y clima económico negativo
El deterioro de las condiciones materiales se refleja también en la evaluación del Gobierno. Según el mismo estudio, la imagen positiva de Javier Milei descendió al 35,5%, mientras que la desaprobación trepó al 63%, consolidando una tendencia negativa.
En paralelo, los indicadores de confianza muestran un escenario complejo. El Índice de Confianza del Consumidor se ubicó en -32 puntos, el valor más bajo de la serie y el peor entre los países relevados en la región. La percepción sobre la situación actual alcanzó -48,6, mientras que las expectativas a seis meses se posicionaron en -19,5.
El pesimismo atraviesa distintos aspectos: el 74% evaluó negativamente el mercado laboral, el 68% hizo lo mismo con la economía en general y el 58% consideró mala la situación económica de su propio hogar. Además, más de la mitad anticipó un empeoramiento en el corto plazo.
En cuanto a las principales preocupaciones, la corrupción encabeza la lista con el 50,3%, seguida por el desempleo (38,5%), la inflación (35,9%) y el estado general de la economía (32,6%).
El informe también incluye un índice de riesgo político que se ubicó en 48 puntos sobre 100. Entre los escenarios que los encuestados consideran probables en los próximos meses aparecen la revelación de casos de corrupción (62%), el aumento de la inseguridad (53%) y la intensificación de conflictos laborales (50%).
Por último, en la medición de dirigentes, Myriam Bregman fue la única con imagen positiva neta (+1), seguida por Axel Kicillof (-3), mientras que Cristina Fernández registró -12 puntos.
El relevamiento se basó en 4.844 encuestas realizadas en todo el país entre el 24 y el 28 de abril.
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