El debate por el empleo volvió al centro de la escena tras el discurso de Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias, donde afirmó: “Bajamos el desempleo y creció el empleo”. Sin embargo, los números oficiales muestran otra cosa: el índice pasó de 5,7% al inicio de su gestión a 6,6% en la actualidad.
Más allá de la discusión sobre esa variación, un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) plantea que el problema es todavía más profundo. Según su medición alternativa, el desempleo real trepa al 13,8% cuando se incorporan personas que hoy no figuran como desocupadas en las estadísticas tradicionales.
Cómo calcula el INDEC
El INDEC releva el mercado laboral a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), de publicación trimestral. Para el organismo, quien trabajó al menos una hora en la semana previa y recibió pago no integra la categoría de desocupado.
Ese criterio, utilizado en distintos países para facilitar comparaciones internacionales, deja afuera a un amplio sector que, aunque realiza tareas esporádicas o marginales, continúa buscando empleo estable.
“Es necesario ampliar ese estudio. Si bien el criterio de una hora de trabajo es universal y sirve para comparar internacionalmente, se puede mantener el dato e identificar otros factores”, asegura Candelaria Rueda, investigadora del mercado laboral en IAG, en diálogo con Página|12.
El “desempleo ampliado” y la precariedad
La metodología del IAG incorpora a personas que reúnen tres condiciones: buscan más trabajo, trabajaron ninguna o muy pocas horas en la última semana y lo hicieron en actividades desprotegidas y altamente precarias.
Ese grupo representa el 7,2% de la población económicamente activa. Sumado al 6,6% oficial, el total asciende al 13,8%.
“Para decir que una persona trabaja en la precariedad tiene que cumplir varios requisitos, como no estar registrada, no tener antigüedad y no poseer capital propio para trabajar”, aclara Rueda.
Como ejemplo, la investigadora distingue que alguien que maneja para Uber o reparte con PedidosYa utilizando vehículo propio no entra en esta categoría. “Con precario estamos hablando de la clásica changa”, resume.
Un quiebre que dejó la pandemia
Hasta 2021, la tasa oficial superaba al cálculo alternativo. Luego se produjo un punto de inflexión. La expansión de trabajos ocasionales y sin protección social modificó la estructura del mercado laboral.
“El quiebre se da en la pandemia. El mercado laboral se reconfiguró de manera más precaria, se fragmentó mucho. La búsqueda de trabajo ya no es sólo la fábrica, crecieron mucho las changas”, explica Rueda.
En paralelo, durante los últimos dos años se perdieron 290 mil empleos formales. El deterioro quedó parcialmente compensado por el avance del trabajo no registrado y la incorporación de más de 120 mil nuevos monotributistas.
Jubilados, los más golpeados
El fenómeno impacta con fuerza en los mayores de 66 años. Según los datos del tercer trimestre de 2025, el 34% de ese grupo integra el universo del desempleo ampliado. En comparación con el mismo período de 2023, la cantidad de jubilados en esa situación se multiplicó por 2,5.
El informe también señala tensiones internas en el organismo estadístico. Una de las discusiones que atravesaron la salida de Marco Lavagna del INDEC estuvo vinculada a la intención de diferenciar con mayor claridad el empleo registrado del informal, una distinción que permitiría visibilizar con más precisión el avance de la precarización.
Mientras la discusión pública gira en torno a décimas porcentuales, la medición alternativa plantea un escenario más complejo: detrás de la tasa oficial, crece un universo de trabajadores que encadenan changas, sin estabilidad ni cobertura, y que todavía buscan una oportunidad real en el mercado laboral.
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