El modelo económico dejó otra empresa en el camino: culminó la quiebra de Garbarino

Acreedores, exempleados y bancos buscan recuperar parte de una deuda millonaria tras el derrumbe final.

La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino terminó en quiebra y puso punto final a un proceso de deterioro que se arrastraba desde hacía años. El Juzgado Comercial N°7 ordenó el cese de actividades, el cierre de los últimos locales y la liquidación de todos los bienes para afrontar deudas con bancos, proveedores y trabajadores.

Fundada en 1951, la compañía supo construir una posición dominante dentro del retail argentino. Con una red extensa de sucursales y financiamiento propio, logró instalarse como una referencia en la venta de electrodomésticos en cuotas, una modalidad clave en un país atravesado por la inflación.

Durante su etapa de mayor crecimiento, alcanzó más de 240 locales, miles de empleados y una fuerte presencia en todo el territorio. Incluso avanzó en proyectos industriales en Tierra del Fuego y amplió su negocio con nuevas aperturas que consolidaron su liderazgo.

Sin embargo, el escenario comenzó a cambiar con el correr de los años. La caída del consumo, las devaluaciones y el encarecimiento del crédito afectaron de lleno al sector. Entre 2016 y 2019, las ventas se desplomaron y la empresa empezó a acumular pérdidas, deudas y un patrimonio negativo que anticipaba un desenlace complejo.

El deterioro financiero derivó en un cambio de manos en 2020. El empresario Carlos Rosales asumió el control en una operación simbólica, con el compromiso de reestructurar pasivos y sostener la actividad. Su plan incluyó el cierre de locales y un giro hacia el comercio electrónico, además de negociaciones con bancos.

Pero la pandemia golpeó con fuerza. Las restricciones a la circulación provocaron una caída abrupta en las ventas y profundizaron el desequilibrio. En ese contexto, el propio Rosales reconoció el impacto de las medidas sanitarias: «segunda cuarentena fue un golpe muy fuerte».

Lejos de estabilizarse, la situación empeoró. En 2021 la empresa avanzó con despidos masivos y cerró la mayoría de sus sucursales. El conflicto por salarios impagos derivó en la intervención del Ministerio de Trabajo y en una conciliación obligatoria con el gremio de Comercio.

Ese mismo año ingresó en concurso preventivo, pero no logró alcanzar acuerdos con los acreedores. Durante los años siguientes, las negociaciones no prosperaron y tampoco surgieron propuestas concretas para rescatar la compañía, incluso luego de la apertura de un proceso de cramdown.

Con apenas tres locales en funcionamiento y sin perspectivas de recuperación, la Justicia decretó la quiebra en marzo de 2026. La medida implicó el cierre definitivo de las últimas tiendas y el congelamiento de activos, incluyendo inmuebles, plantas industriales y marcas históricas como Garbarino y Compumundo.

Cómo comprar el stock remanente de Garbarino

Tras la quiebra, la empresa inició la liquidación de los productos que aún quedan en sus depósitos y en los últimos locales físicos. Las ventas se realizan de manera presencial en los puntos habilitados, ya que la tienda online dejó de operar.

Quienes estén interesados pueden acercarse a la sede central ubicada en la calle Uruguay 552 o a las sucursales de Avenida Cabildo 2025 (Belgrano) y Potosí 4138 (Almagro), donde todavía hay mercadería disponible.

El proceso forma parte de la liquidación ordenada por la Justicia, por lo que el stock se comercializa hasta agotar existencias y bajo condiciones específicas. Además, cualquier reclamo o consulta deberá canalizarse a través de estas sedes, dado que la estructura comercial de la empresa quedó prácticamente desmantelada.

En paralelo, acreedores —incluidos exempleados y proveedores— tienen tiempo hasta el 24 de junio para presentar sus pedidos ante el síndico. Luego, se elaborará un informe clave para determinar el pasivo final y definir cómo se distribuirán los fondos obtenidos de la liquidación.

Mientras tanto, el futuro de la marca todavía genera incógnitas. Su peso histórico en el mercado abre la posibilidad de que sea reutilizada como un activo independiente, en un intento por rescatar parte del valor simbólico de una empresa que durante décadas marcó el pulso del consumo en la Argentina.