El Gobierno volvió a mostrar números del Indec para sostener que los trabajadores informales mejoraron su poder adquisitivo frente a la inflación. Sin embargo, detrás de ese supuesto repunte aparece un cambio metodológico que altera la comparación histórica y suma ingresos que antes no se contabilizaban como salario.
Mientras tanto, los datos más consistentes del propio organismo marcan un escenario distinto para el empleo registrado. En enero, los sueldos del sector privado formal quedaron 0,7% por debajo de la inflación mensual (2,9%) y se ubicaron 2,3% por debajo de noviembre de 2023. En el Estado nacional, la caída alcanzó 0,8% en el mes y acumula un desplome del 35,8% desde la asunción de Javier Milei. A nivel provincial, los ingresos también retroceden: 1,1% en enero y 10,3% menos que al inicio de la gestión.
En conjunto, los salarios registrados se ubican casi 8% por debajo del nivel previo al cambio de gobierno. Distintas estimaciones privadas, como las del CEPA, advierten que la pérdida real podría ser mucho mayor si se actualiza la canasta de consumo: en ese caso, el deterioro llegaría al 17,1%.
El festejo presidencial y los datos en discusión
En ese contexto, Milei utilizó sus redes sociales para destacar la evolución de los ingresos informales y relativizar la caída en los sectores formales. “La casta tiene miedo…!!! Mirá cual es el sector que ha tenido el peor desempeño. Por otra parte, la mejora relativa de los informales nos deja en evidencia los problemas del mercado laboral pre-reforma y que el argumento sobre la calidad de los mismos es debatible. Fin”.
El gráfico que acompañó el mensaje muestra una fuerte suba en los ingresos de trabajadores no registrados desde fines de 2023. Según la serie difundida, ese segmento habría crecido cerca de un 25% en términos reales hasta comienzos de 2025, despegándose de manera marcada del resto.
Pero ese salto coincide con modificaciones introducidas en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la base que utiliza el Indec para medir ingresos en la economía informal. A partir del cuarto trimestre de 2024, el organismo comenzó a incorporar con mayor precisión transferencias y ayudas estatales que antes quedaban subestimadas o directamente fuera de la medición.
Entre esos ingresos aparecen la Tarjeta Alimentar, pensiones no contributivas y programas como Progresar, entre otros. El problema es que esos recursos no son salarios, aunque ahora impactan en el promedio que se difunde como ingreso laboral informal.
Un cambio que rompe la comparación histórica
La modificación no vino acompañada de una aclaración detallada sobre su efecto en las series anteriores. Como resultado, los datos actuales dejan de ser comparables con los previos y generan la apariencia de una mejora abrupta.
Esa distorsión también se refleja en otro indicador: durante años, los ingresos informales guardaban relación con el salario mínimo, pero esa correlación se cortó a partir de 2024. El quiebre coincide con la nueva forma de medir.
Además, el cambio impacta en otras estadísticas sensibles. Al aumentar artificialmente los ingresos de los sectores más bajos, también incide en la medición de pobreza, que utiliza esos valores como insumo central.
Una mejora que no aparece en la calle
Si se tomaran los números oficiales al pie de la letra, el escenario sería completamente distinto al que se observa. Por ejemplo, un trabajador informal del rubro textil que a fines de 2023 percibía unos $300.000 debería estar cerca de los $2 millones en la actualidad.
En la misma línea, datos recopilados por el economista Mariano Kestelboim indican que entre noviembre de 2023 y fines de 2025 los salarios informales habrían subido 538%, muy por encima del 272% del sector privado registrado y del 215% del sector público. Incluso superarían ampliamente la inflación acumulada.
De ser así, el consumo masivo mostraría un dinamismo inédito, impulsado por uno de los sectores más numerosos del mercado laboral. Nada de eso ocurre: la actividad sigue débil y los ingresos no alcanzan para revertir la caída del poder adquisitivo.
La supuesta “recuperación” que exhibe el Gobierno, entonces, no surge de una mejora real en los bolsillos sino de un cambio técnico que mezcla salarios con asistencia social y reconfigura los números sin modificar la realidad económica.
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