Mal pronóstico: alertan que el Servicio Meteorológico Nacional podría quedar al borde del colapso

Especialistas alertan por el impacto que tendría el ajuste en la red de observación y en la producción de datos clave para el país.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) enfrenta una fuerte preocupación interna ante la posibilidad de nuevos despidos y recortes en su estructura operativa. El Centro Argentino de Meteorólogos (CAM) difundió un documento en el que advierte que las medidas en estudio podrían poner en jaque el funcionamiento del organismo y comprometer la capacidad del país para producir pronósticos confiables.

El sistema meteorológico estatal resulta clave para actividades cotidianas y estratégicas. Además de informar el clima para la vida diaria, sus datos se utilizan en la aviación, el agro y distintos sectores productivos. Incluso muchas compañías privadas del rubro basan sus servicios en la información que generan los organismos públicos.

El CAM manifestó su “profunda preocupación” ante la posibilidad de un nuevo recorte de personal que afectaría a más del 20% de la planta del SMN. Según el comunicado, la medida “no sólo desarticula una infraestructura técnica de 153 años, sino que destruye la previsibilidad meteorológica necesaria para el funcionamiento de la economía argentina”.

La advertencia llega en un contexto de reducción sostenida de trabajadores. Desde diciembre de 2023, la dotación pasó de alrededor de 1.150 personas a unas 970. Dentro del organismo circulan diferentes cifras sobre el alcance del próximo ajuste: en un primer momento se habló de 500 despidos y luego de unos 200.

Las tensiones crecieron después de una serie de visitas de Alejandro Tamer, subsecretario de Reforma Estatal del Ministerio de Desregulación y hombre cercano a Federico Sturzenegger, a distintas áreas del SMN. De acuerdo con testimonios de trabajadores, durante esos encuentros cuestionó la necesidad de gran parte del personal y planteó la posibilidad de reemplazar tareas humanas con sistemas automatizados.

Juan Ruiz, investigador del Conicet en el Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y colaborador habitual del SMN, reconstruyó lo sucedido durante esos recorridos. Según relató, el funcionario interrogó al personal sobre sus tareas “no de buena manera, sino de una forma bastante prepotente y dando a entender que esas tareas eran algo que se podía resolver mucho más rápido de forma automática”.

Desde el propio organismo, el investigador Vidal —integrante de la Dirección de Productos de Modelación Ambiental— confirmó el clima de malestar que dejaron esas reuniones. “Vino casi toda una semana en la primera visita. Con un destrato muy, muy feo. Ninguneando todas las tareas y con una idea de que todo se puede automatizar, que no es necesario tener tanta gente trabajando. Fue una situación angustiante, porque ni siquiera se mostró dispuesto a dialogar o entender qué es lo que hacemos”.

Otra investigadora del SMN, que pidió preservar su identidad, describió un panorama similar: “Las visitas de Tamer fueron bastante desagradables. No solo habló con los directivos, sino también con los empleados, y su trato fue muy malo. Hasta ahora, no se conoce un informe de cuál es la reducción que está pidiendo (circulan números de todo tipo y color). Solo se sabe que está presionando para que se hagan listas de despidos”.

Uno de los puntos más sensibles del plan de ajuste sería la reducción de estaciones meteorológicas. Hoy funcionan 125 en todo el país y el recorte evaluaría dejar alrededor de 80, lo que implicaría cerrar entre 40 y 50 puntos de observación o reemplazar observadores por dispositivos automáticos.

Los especialistas del SMN señalan que ese cambio no resulta tan sencillo. Según explican, las estaciones automáticas requieren supervisión humana para garantizar el correcto funcionamiento de los instrumentos y la calidad de los datos.

Alicia, investigadora del organismo, explicó: “Sería bueno modernizar e incluir estaciones automáticas, pero para hacer cualquier cosa de esas primero hay que planificar una transición, porque nosotros tenemos un montón de estaciones meteorológicas que para ser consistentes en el tiempo necesitan que haya gente controlando y supervisando esa observación. No se puede dejar una estación automática sola, a la deriva, y pensar que eso resuelve el problema”.

Además del control técnico, los científicos advierten sobre la importancia de preservar las series históricas de información. Sin continuidad en las mediciones, la utilidad de los registros meteorológicos se reduce de manera significativa.

En ese contexto, también cuestionan la idea de que la inteligencia artificial pueda sustituir el trabajo humano en la recolección de datos. Ruiz lo resumió con claridad: “La IA está transformando muchas cosas, pero hay pocas que nadie discute que no se puede reemplazar lo que está, y es el registro de datos. Cualquier sistema de machine learning, de inteligencia artificial o lo que sea, se alimenta de información. Tener el dato puro y duro es irreemplazable y cada día más valioso”.

El investigador también remarcó el impacto económico de los pronósticos. Según explicó, en la aviación permiten optimizar decisiones logísticas y reducir costos, como en el caso de la planificación de vuelos ante niebla en aeropuertos. “Los servicios meteorológicos no son un gasto, todo lo contrario, son una fuente de recursos para la economía”.

A la par de estas discusiones, el SMN atraviesa una situación operativa cada vez más ajustada. La reducción de personal obligó a modificar el funcionamiento de varias estaciones, que pasaron de operar las 24 horas a trabajar solo durante el día o con menor frecuencia de mediciones.

Actualmente, cerca del 70% del personal se encuentra contratado bajo modalidades temporarias que se renuevan año a año. En esos casos, el vínculo laboral puede finalizar con apenas 30 días de preaviso.

Para el Centro Argentino de Meteorólogos, avanzar con nuevos despidos en este contexto podría tener consecuencias graves. La entidad alertó que las medidas “colocan al organismo en riesgo inminente de colapso operativo” y dejan al país expuesto frente a fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes.

Desde dentro del organismo, la preocupación combina incertidumbre laboral con la sensación de que se está debilitando una estructura científica estratégica. Alicia lo resumió con dureza: “El Servicio Meteorológico es crucial, no solamente para la aeronáutica, sino cuando hay que determinar una emergencia agropecuaria, o cuando las empresas de seguro tienen que pagar un daño por granizo: ¿quién les va a dar la información oficial para responder ante esos pedidos? Los sueldos de los observadores son muy bajos. Esto no se trata de reducir gastos, sino directamente de destruir las instituciones”.

La frustración también atraviesa a los investigadores. Vidal expresó: “Queremos tratar de ayudar, de explicar, pero ¿cómo vas a hablar con una persona a la que no le interesa escuchar razones?”.

Ruiz, por su parte, planteó una preocupación más amplia sobre el rumbo de la política científica: “Es la primera vez que veo tanta animosidad y tanto desprecio por el rol que cumplen los organismos científicos (no solamente el Servicio Meteorológico) que están siendo desmantelados sin ningún tipo de miramiento”.

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