Cada vez más familias ajustan en alimentos y se endeudan para llegar a fin de mes

Informes privados reflejan mayor endeudamiento y deterioro del poder de compra en los hogares.

En la antesala de la publicación del índice de inflación de febrero, distintos relevamientos privados describen un escenario cada vez más complejo para las economías domésticas. Con los precios en ascenso y los ingresos debilitados, una porción creciente de familias reorganiza su consumo: cambian marcas, reducen compras y recurren al crédito para cubrir gastos básicos.

Los datos surgen de informes de consultoras privadas y encuestas recientes que muestran cómo la presión inflacionaria atraviesa la vida cotidiana. En ese contexto, cerca del 60% de los hogares afirma que el dinero no alcanza o apenas llega a cubrir los gastos del mes. La consecuencia directa aparece en el consumo: seis de cada diez personas ya reemplazan productos habituales por versiones más baratas.

La dinámica también refleja un deterioro en la percepción económica. Un relevamiento indica que al menos cuatro de cada diez personas considera que su situación empeoró durante el último año, mientras que más de la mitad reconoce que debió ajustar el gasto en alimentos para poder sostener otras obligaciones.

Precios que vuelven a acelerar

Las previsiones inflacionarias del mercado anticipan que el índice de febrero volverá a ubicarse cerca del 3%. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central elevó su proyección mensual al 2,7%, mientras que varias consultoras privadas prevén una cifra incluso mayor, impulsada sobre todo por el rubro alimentos.

Entre los productos que más presionan aparecen carnes, frutas, lácteos y aceites. La evolución reciente de los precios confirma esa tendencia: desde fines de 2025 el aumento de alimentos supera al promedio general del índice de inflación.

A la par de esa dinámica, los ingresos pierden capacidad de compra. Informes de Ecolatina y ShopApp señalaron que el ingreso disponible de los hogares —es decir, lo que queda luego de pagar gastos fijos— se ubica por debajo del promedio de 2023. Ese margen cada vez más estrecho obliga a ajustar hábitos de consumo y priorizar los gastos esenciales.

Cambios en la forma de consumir

La pérdida de poder adquisitivo empuja una reconfiguración de la canasta familiar. Según un relevamiento reciente, el 63% de los consumidores debió optar por marcas más económicas. El precio pasó a ser el factor central al momento de comprar: el 39% lo ubica como principal criterio, seguido por promociones o cuotas (24%), mientras que la calidad queda relegada con apenas el 8%.

Esa lógica también aparece cuando una marca aumenta demasiado. En esos casos, la mitad de los compradores afirma que opta por “reemplazarla de inmediato por una opción más barata».

El deterioro del consumo se extiende a otros rubros. En los últimos meses, el 60% de las personas no compró ropa ni calzado y cerca del 80% tampoco adquirió electrodomésticos. La prioridad se concentra casi exclusivamente en alimentos y gastos básicos.

Endeudamiento para llegar a fin de mes

Los recortes en el consumo no alcanzan para compensar el impacto de los precios. Por eso crece el recurso al crédito: el 70% de los argentinos financia gastos cotidianos —como alimentos, servicios o compras básicas— de forma habitual u ocasional.

Para las consultoras que elaboraron los informes, el escenario refleja un límite cada vez más visible en las economías familiares. En ese sentido, advierten que estos indicadores evidencian “ un límite claro en la calidad de vida que podría condicionar el humor social en los próximos meses si la presión sobre el bolsillo no cede».

El aumento del endeudamiento también se traduce en mayores niveles de mora. Un estudio basado en la Central de Deudores del Banco Central detectó que los niveles más altos de incumplimiento se concentran en los créditos más pequeños: entre quienes deben entre $25.000 y $123.000, la mora alcanza el 27,9%.

Salarios y jubilaciones, bajo presión

El deterioro del consumo también se explica por la evolución de los ingresos. Distintos análisis coinciden en que los salarios acumulan una fuerte pérdida de poder adquisitivo. Según el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), el salario mínimo perdió cerca del 35% de su capacidad de compra durante la actual gestión.

En el caso del salario privado registrado, el ingreso promedio se ubica un 6% por debajo del nivel previo a la asunción de Javier Milei. El impacto resulta aún mayor entre los trabajadores estatales, cuyos sueldos quedaron un 22% por debajo del poder de compra que tenían antes del cambio de gobierno.

Las jubilaciones también atraviesan una caída significativa: los haberes perdieron alrededor del 24% de su capacidad de compra, mientras que quienes perciben la mínima registran una pérdida cercana al 29%.

Un consumo cada vez más desigual

El deterioro de los ingresos no solo reduce el consumo general sino que profundiza las diferencias entre hogares. Algunos estudios muestran que cada vez más personas dejan de salir a comer fuera de sus casas, mientras un grupo más pequeño mantiene o incluso incrementa ese hábito.

Según un informe reciente, el 48,6% de los encuestados afirma que ya no sale a comer afuera. Sin embargo, también crece el segmento que lo hace con frecuencia: quienes comen fuera del hogar dos veces por semana pasaron de 3,1% a 5,6% en pocos meses.

Ese fenómeno refleja una polarización del consumo que atraviesa la economía argentina. Mientras una parte de la población ajusta cada gasto para sostener lo básico, otro grupo más reducido mantiene niveles de consumo más altos.

Expectativas económicas en retroceso

La percepción general sobre la situación económica también se deteriora. El 42% de las personas cree que su situación empeoró durante el último año y otro 16% considera que sigue igual de mal que antes.

Además, más de la mitad reconoce que debió recortar gastos en alimentos para sostener el presupuesto familiar. En muchos casos, esa estrategia se complementa con nuevas fuentes de ingresos: el 32% de los encuestados tiene más de un empleo.

Entre las principales preocupaciones económicas aparecen la dificultad para encontrar trabajo (28%), el aumento de precios (26%) y las deudas o créditos (22%). En paralelo, la preocupación por la inflación volvió a crecer con fuerza y ya duplica los niveles registrados apenas cuatro meses atrás.

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