24 de mayo de 2024

Una angustia Titán

Últimamente pienso demasiado en la libertad. Pienso en como la libertad, se parece mucho a la nostalgia. Y en cómo comparten la misma arquitectura del sentimiento, el mismo tipo de evocación, una jactancia poderosa. Hablo de que la nostalgia supone una versión positiva del pasado, casi no hay ruinas, tragedias o derrotas, y al ver mundo con estos lentes, la libertad se convierte en la continuación total de esto. Hablo de la fuerza de su convocatoria, hablo de eso que sentía cuando veía Shingeki no Kyojin.

Shingeki es una serie de animación donde se presenta un mundo humano encerrado entre murallas para protegerse del asedio constante de figuras enormes y devoradoras de hombres, los titanes. La historia sigue y gira alrededor de Eren Jaeger que ve cómo su madre es destrozada frente a sus ojos, generando en él un sentimiento de odio y venganza enormes. Tanto él como sus amigos sobrevivientes se unen al ejército que se encarga de explorar el territorio que está por fuera de los muros. ¿Solo hay Titanes allá fuera? La premisa puede parecer muy simple, pero más allá de la gratificación de ver semejante animación, la obra es mucho más compleja que esto. Para dar un ejemplo, en términos literarios, la novela “Ulises” de Joyce, tiene una premisa igual de simple, parece que será una historia normal, una conversación más, pero no. Hay un experimento lingüístico, una rememoración de la Odisea y lo más importante, se presenta una nueva idea de lo que se considera como héroe. Lo mismo sucede en Shingeki y con el protagonista. Lo que parecía ser una historia de venganza, es una guerra por la idea de libertad, el concepto de verdad, y sobre la invención de las tradiciones y de la historia. El anime tiene varias temporadas y quien lo ha visto, sabe que seguirle el ritmo puede ser difícil, no solo por la complejidad de la historia y el simbolismo que muestra, y los guiños a los mitos romanos y griegos, sino, por el propio dialogismo que tienen los episodios entre sí.

En algún tiempo de la serie, uno se da cuenta que no solo es venganza, y es acá donde hago una advertencia a quien está leyendo, hay muchos detalles que inevitablemente se van a escapar a esta nota. Pero voy a lo importante, el creador de esta serie pone en debate algo más allá que la ilusoria sensación de libertad, pone en disputa al género mismo del anime. Eren no es un héroe, es un Titán, y los titanes por mandato de nacimiento están destinados a destruir y ser destruidos. Aún así, busca libertad.

Viendo este anime también pensaba en Moby Dick y en cuán destructiva puede ser una obsesión. Eren está obsesionado con la búsqueda de libertad a pesar de haberla conocido mucho antes: ser libre es poder y saber estar con otros, pero hay una ceguera que no le permite verlo. Es devastador presenciar cómo el personaje se da cuenta que es imposible perseguir esa idea tonta de que el mundo debe estar a nuestra medida para que funcione. Eren, desde el principio fue condicionado a la idealización de un futuro y por eso mismo está condenado (quizá un poco todos lo estamos).

Shingeki parecía hablar de la venganza como método de sobrevivencia y de avanzar a toda costa, pero también habla de una obsesión de libertad por miedo a la muerte.

Pienso en cómo la nostalgia puede ser un frasco venenoso, y que a veces no hay antídoto alguno para contrarrestar este veneno. Pienso en como se ha instalado que la libertad solo tiene una mirada, pienso en como ser libre dejó de ser estar el uno con el otro.

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