La aparente mejora en los niveles de pobreza que difunden las estadísticas oficiales volvió a quedar bajo cuestionamiento. Desde el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, su director Agustín Salvia planteó que los indicadores no logran representar lo que efectivamente ocurre en los hogares, y atribuyó esa brecha a problemas en la forma en que se construyen los datos.
En una entrevista con radio Splendid, el sociólogo señaló que la baja registrada en los índices tiene un fuerte componente artificial. “Hay cierta ficción en los datos o cierta levedad”, sostuvo. A la vez, aclaró que no se trata de una manipulación política del INDEC, sino de limitaciones estructurales en el sistema de medición: “hay un problema de medición y de realismo de esas mediciones”.
Uno de los principales puntos que marcó es el uso de canastas de consumo desactualizadas, basadas en patrones de gasto de hace más de veinte años. Según explicó, esa referencia ya no coincide con la realidad actual, donde los servicios como luz, gas, transporte y comunicaciones ocupan una porción mucho mayor del ingreso familiar que en el pasado.
A eso se suma, indicó, que el índice de precios que se utiliza para actualizar esas canastas también arrastra parámetros antiguos. “Se actualiza con un índice que también está desactualizado, con ponderadores del 2004 y no con los actuales”, explicó. Esta combinación, según Salvia, genera resultados que muestran una caída de la pobreza que “parece extraordinaria”, pero que no se condice con la vida cotidiana.
El especialista agregó otro factor que incide en las cifras: la mejora en la medición de los ingresos. Al cruzar datos más precisos sobre cuánto entra en los hogares con una canasta que quedó vieja, el resultado termina mostrando una reducción más pronunciada. “Al medir mejor cuánto ingresa y compararlo contra una canasta desactualizada, te da caídas de la pobreza que parecen extraordinarias”, afirmó.
Sin embargo, distinguió que no todos los indicadores tienen el mismo nivel de distorsión. “La caída de la indigencia es más realista que la caída de la pobreza”, señaló, al vincular ese dato con la desaceleración en los precios de los alimentos.
Las declaraciones del titular del Observatorio ponen en tensión el discurso oficial, que celebra los números a la baja. Mientras tanto, distintos indicadores del consumo muestran otra cara: caen las ventas de productos básicos y muchos hogares ajustan gastos en salud, educación o mantenimiento para poder afrontar tarifas y servicios.
En ese contexto, la percepción social se aleja de las estadísticas. Con un mercado laboral sin expansión del empleo privado y con mayor peso de la informalidad, amplios sectores sienten que el ingreso no alcanza, en una situación que recuerda a los niveles de fragilidad posteriores a la pandemia.
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