Mauricio Macri atraviesa uno de los momentos más tensos desde el desembarco libertario en la Casa Rosada. En la intimidad, el fundador del PRO repite que la gestión de Javier Milei “no tiene dirección racional” y que “esto no termina bien”. Aun con su reconocida prudencia, el malestar con el Presidente y con el círculo que lo rodea se transformó en un conflicto político abierto.
El ex mandatario asegura que el trato recibido por parte del oficialismo fue “un destrato” y admite ante sus colaboradores que, si el Gobierno naufraga, él también podría quedar arrastrado. “Aunque hayan ganado las elecciones esto termina mal porque están locos”, expresó en conversaciones privadas.
Macri relata que durante los momentos críticos de la campaña, cuando Milei enfrentaba la crisis interna desatada por José Luis Espert, el libertario lo buscó para pedirle apoyo. Sin embargo, tras la victoria electoral, todo cambió. Según cuenta, la visita a Olivos para conversar sobre el gabinete se transformó en una decepción. “Es como que te inviten a un asado, pero cuando llegás ya no hay carne y te dicen que te pidas un Rappi”, ironizó.
Desde entonces, el ex presidente repite una advertencia que suena a amenaza política: “Tenemos 20 diputados, nos van a necesitar”. Su decisión es clara: hacer valer el peso del PRO en el Congreso frente a un Milei que, según su entorno, “no escucha a nadie”.
Macri tampoco disimuló su descontento con la designación de Manuel Adorni como jefe de Gabinete. “Nombrar a Manuel Adorni jefe de Gabinete es como si yo hubiera nombrado a Iván Pavlovsky”, lanzó sin filtros, comparándolo con su ex vocero. Y en privado fue más lejos: “Ahí necesitás a alguien serio, que sepa administrar”.
El enojo creció aún más cuando, el mismo día en que planeaba reunirse con Milei para discutir cambios en el gabinete, Patricia Bullrich decidió romper el bloque del PRO y llevarse a seis diputados. La ministra de Seguridad contactó incluso a otros legisladores del espacio para medir su nivel de influencia, lo que dejó al ex presidente en una posición incómoda dentro de su propio partido.
“No sé para qué me hizo ir, generamos expectativa en la gente y al final no pasa nada”, se lamentó Macri sobre el encuentro en Olivos. Pese a la tensión, Milei le volvió a proponer un nuevo diálogo, algo que el ex mandatario no termina de entender.
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