“El único que saca partido del capitalismo es el estafador,
y en seguida se vuelve millonario”.
John Dos Passos
La Argentina esquizofrénica está más vigente que nunca. Ciudadanas y ciudadanos de toda laya insisten con construcciones retóricas como “se robaron todo” mientras los saquean a cielo abierto utilizando sus depósitos en dólares (sí, los mismos billetes verdes con figuras cabezonas que ellos creen atesorar seguros en entidades bancarias de confianza) para que el puñado de fugadores del palo del Toto de la Champion hagan la diferencia (léase biyuya).
¡Siiiii! No se haga el extranjero que entiende perfectamente lo que le digo. Que su atávico antiperonismo opere como un raro tipo de lesión cerebral que lo torna minusválido en algunos sentidos y temas, no lo disculpa. ¡Con la suya! (digo la suya porque nosotros, los de este lado, estamos casi todos tirando a pobres). Con la que fue juntando. Y guardó confiado en la sucursal amiga de esa entidad bancaria que utiliza a un par de famosos en sus publicidades para dibujarle un mundo tan feliz que, reíte del de Aldous Huxley.
Tampoco ayuda hacerse el boludo como periodista libertario en medio de la crisis del Gobierno, porque se lo están diciendo a gritos los de su palo: Carlos Melconian, cuya tarjeta de presentación debería decir “Sempiterno Candidato a Ministro de Economía”; su tocayo Maslatón, que todavía no sabe si es o no buenamoza y, lo más importante, si lo quiere ser; Christian Buteler, el nuevo niño mimado del análisis financiero porque, además de opinar, participa en la timba, o sea, juega y, hasta el mismísimo Domingo Felipe Cavallo, también conocido como José Mercado; todos imposible de ser sospechados peronistas, menos kirchneristas, y menos que menos de venezolanos, iraníes de La Cámpora entrenados en Cuba.
Como viene ocurriendo desde hace varios años, esta utilización de dólares de los ahorristas -que están en el Central gracias a los encajes-, se opaca e invisibiliza con eufemismos de esos que los economistas han aprendido a desenvainar como si fuesen escritores de realismo mágico latinoamericano. “Carry trade”, “crawling peg”, “reservas negativas” … la creatividad no tiene límites.
Como tuiteó Federico Furiase, director del Banco Central: “Swapear tasa para hedgear riesgo Libor del repo en contexto de suba de tasa de la Fed aprovechando que la curva de futuros de Libor que descuenta tightening más suave que el Dot Plot de la Fed”… ¿No se entiende? Ahhh, no se entiende… Mire, ya se lo explicó en 1957 Raúl Scalabrini Ortiz: “Si no entiende, lo están cagando”.
La punta del iceberg se vio el lunes que, de tan negro, oscureció los semblantes y destinos de varios funcionarios del Gobierno: pare empezar el Toto, que tartamudea cada vez más cuando lo mandan a poner la cara en alguna nota televisiva arreglada (imaginate si lo entrevistara un periodista-economista, como nuestro director Ezequiel Orlando).
También el Presidente sintió que se le venía la noche. Acaso por eso mismo fue que estalló con insultos y una furia inusitada cuando el acomodaticio de Marco Lavagna le acercó una medición que hablaba de una caída de 14,8 puntos de la pobreza y de casi 10 puntos de la indigencia. Claro, hay algunas trampas en estas cifras que, como decía un psicoanalista brasileño, “son como los bikinis: muestran todo menos lo importante”.
Por un lado, la canasta de consumos sobre la que se mide la pobreza está desactualizada, ya que les otorga a las tarifas y al transporte el peso de cuando estos ítems estaban subsidiados. Por el otro, no incluye el rubro alquileres, acaso la mayor evidencia del crecimiento y la extensión de la pobreza si se observa como se incrementa día a día el número de personas en situación de calle.
“Mal día para mandriles”, tuiteó un Milei absolutamente sacado (son cada vez más frecuentes y preocupantes sus ataques de ira, sus profundas depresiones, sus estallidos de euforia… pero nadie habla de bipolaridad ni de otros delirios como otrora). Y se lo dedicó a los «econochantas, el club de los devaluadores seriales, los políticos miserables y los periodistas ensobrados/ ignorantes (desde esos que se autoperciben como el centro bienpensante -zurdos no asumidos- hasta la izquierda más rancia«.
Claro que a Lavagna “El Lábil” y a su presidente no les interesa, por ejemplo, que el consumo tenga una caída sostenida de 14 meses, que la economía vaya en picada y que la huida desesperada hacia el FMI los delate. Tampoco que las reservas netas estén por romper el piso de 24.000 millones; que se estén gastando a un promedio de 150 palos verdes diarios para planchar el blue, que los importadores desesperen por traer cosas ahora y los exportadores no quieran vender ni los rastrojos… Ellos dibujan cifras, celebran la pinturita y suponen que con eso han ganado un rato más de popularidad. Bobos.
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