25 de junio de 2024

Áreas estratégicas en la mira: crisis, FMI y el sector nuclear

Por OCIPEx.-

Con la crisis financiera de 2008, lo que podríamos denominar la transición hegemónica de los polos de poder se ha acelerado. Estados Unidos, potencia hegemónica desde la caída de la URSS, es protagonista del declive relativo de su poder frente a la re-emergencia de China como potencia global y el ascenso de otros países de rango medio como Rusia, India y Vietnam. 

Desde aquel entonces, el dinamismo comercial, económico y tecnológico ha virado hacia el sudeste asiatico, reconfigurando el tablero de las relaciones de poder global. Estados Unidos, aún con un rol jerárquico y preponderante, no tiene hegemonía plena en la definición de las reglas de juego internacionales como en los tiempos del Consenso de Washington.

Esta realidad es interpretada por la Doctrina de Seguridad estadounidense como una “amenaza para la seguridad nacional” que debe ser contrarrestada. Desde las políticas de «contención» de Obama con la firma de mega acuerdos de libre comercio con China, hasta las políticas confrontativas de Trump con sanciones económicas, quedan en evidencia las diversas estrategias de una potencia que quiere evitar ser desplazada de su rol hegemónico global. Argentina, al ser parte del hemisferio occidental y de la zona geopolítica de influencia inmediata de EE.UU, se ve impactada directamente por estas políticas de presiones diplomáticas, económicas y financieras que buscan alinearnos geopolíticamente con el accionar del país del norte.

El acuerdo firmado por el gobierno de Cambiemos con el FMI que endeudó a la Argentina por USD 55.000 millones no sólo sirvió para financiar la fuga de capitales, sino que se configuró como un instrumento que restringe estructuralmente la soberanía económica y política de nuestro país a los condicionamientos del principal accionista del Fondo, EE.UU.

Cerco geopolítico de las potencias: presiones sobre el sector nuclear argentino

Para muestra hace falta un botón: entre el 4 y 8 de abril se desarrolló la reunión del Comité Conjunto sobre Cooperación en Energía Nuclear (JSCNEC, por sus siglas en inglés), donde una delegación de los Estados Unidos visitó la Argentina. Esta reunión se realiza desde 2003 siempre entre agosto y octubre. Sin embargo, esta vez, desde EE.UU presionaron para que se adelante. La Dirección de Seguridad Internacional, Asuntos Nucleares y Espaciales (DIGAN) del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, a cargo del vínculo y el propio Canciller, aceptaron la sugerencia del norte, a pesar del consejo de autoridades de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de que se realice en las fechas usuales. 

En todas las reuniones que la Subsecretaria Adjunta de Política de No Proliferación, Ann Genzer y su equipo tuvieron con diversos funcionarios de la administración pública nacional como Matías Kulfas, Daniel Filmus, Jorge Taiana, Adriana Serquis, Gustavo Béliz, Santiago Cafiero y Juan Manzur, así como con autoridades de Nucleoeléctrica Argentina SA (NASA) la delegación estadounidense expresó su preocupación por el desarrollo en materia nuclear de la República Popular China, cuestionando no solo la calidad de su tecnología, sino también la seguridad en lo que hace al suministro de combustibles y la construcción de centrales, y alertando sobre el posible robo de tecnología argentina por parte de China. 

Particularmente expresaron abiertamente su desacuerdo sobre la construcción de Atucha III, la central Hualong I de tecnología y el financiamiento chino que Argentina firmó en febrero, cerrando un proceso de negociación de más de 10 años. Estas mismas consideraciones ya habían sido expresadas por representantes del Departamento de Estado en el marco de la 65° Reunión de la Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en septiembre de 2021, a miembros de la delegación de la DIGAN. 

China lidera la transición a fuentes energéticas renovables y nucleares, en todos los eslabones de la cadena productiva, tecnológica e industrial. Este desarrollo está marcado por una fuerte planificación e inversión estatal, desde 2010 se han invertido más de USD 818 millones en generación renovable y es el tercer país más grande en capacidad instalada en lo nuclear. Es el país del mundo que más reactores de potencia construye, con 15 reactores de los cuales 12 son tipo HPR-1000 (iguales a Atucha III). Recientemente, exportó dos unidades a Pakistán y aspira a convertirse en un líder en el sector de la energía nuclear con su plan de construir 110 reactores nucleares para 2030. Gracias a una fuerte planificación y el fomento de la industria nacional en 2015, el reactor Hualong One se convirtió en el principal producto de exportación en materia nuclear. 

Estados Unidos ve en la avanzada comercial, tecnológica e industrial china una amenaza para su seguridad, que lo lleva a boicotear e intervenir en las decisiones estratégicas y soberanas de los países que considera bajo su órbita. Importa mencionar que, históricamente EE.UU tuvo una política sistemática para limitar y obstaculizar el desarrollo de las capacidades nucleares de nuestro país.

Por eso, durante la reunión en Nucleoeléctrica, las autoridades de la empresa nacional le recordaron a Ann Genzer y su equipo el largo proceso de negociación que Argentina llevó adelante para la selección de la Hualong I como la central a construir en el país. Esta fue una decisión estratégica y de política exterior del Estado nacional en el marco del fuerte impulso a la energía nuclear tras el lanzamiento del Plan Nuclear Argentino en 2006. 

En 2015 Argentina, a través del Ministerio de Planificación Federal, firmó contratos para la construcción de una central nuclear de potencia IV y una V con la National Energy Administration (NEA) y la China National Nuclear Corporation (CNNC) de la República Popular China. El convenio formaba parte de la segunda reunión de Diálogo Estratégico para la Cooperación y la Coordinación Económica Argentina-China, realizada en la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma. La central IV utilizará uranio natural como combustible y agua pesada como refrigerante con un reactor del tipo CANDU, tecnología utilizada en todas las centrales nucleares argentinas. Por su parte en la central V se utilizaría tecnología PWR ACP-100 (luego Hualong I) desarrollada en China y desconocida en nuestro país. Si bien esto era todo un desafío para la industria nacional se enmarcaba dentro de un plan estratégico de desarrollo del sector nuclear que incluía una central destinada a potenciar las capacidades nacionales y otra que hubiera permitido su diversificación. 

Ambas centrales aportarían 740 MW y 1000 MW, respectivamente, de potencia instalada. Importa recordar que en el 2015 se conversaba entre el MINPLAN y la NEA el establecimiento de una asociación estratégica conjunta con el objeto de desarrollar y construir reactores nucleares de potencia en América Latina.

Durante la gestión macrista, en el marco de la destrucción del sector, los contratos firmados con China para la construcción de las dos centrales nucleares fueron puestos en revisión. El argumento oficial para la suspensión de las obras tuvo que ver con un supuesto “ahorro” de 9.000 millones de dólares en el marco de una fuerte política de ajuste y en consonancia con las imposiciones económicas del FMI, que para aquel entonces volvió a definir la política económica Argentina. 

Finalmente, en 2019, se definió avanzar con la compra de la central de tecnología PWR mediante la modalidad “llave en mano” echando por tierra el arduo y largo proceso de negociación que pretendía impulsar las capacidades nacionales. 

Con el nuevo gobierno se reiniciaron las negociaciones y finalmente NASA y la CNNC firmaron en febrero de 2022 el contrato para la construcción de la central nuclear Atucha III, con un reactor Hualong One de 1200 MWe de potencia, en el Complejo Nuclear Atucha. Este acontecimiento representó el fin de un largo proceso de cooperación y entendimiento que se inició en el año 2010 y el comienzo de una nueva etapa en las relaciones bilaterales entre Argentina y China para el fortalecimiento de la AEI.

En ese sentido, es importante resaltar que la Hualong I aprobó todos los procesos de revisión técnica y salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica y demás organismos regulatorios de la energía nuclear, más allá de las críticas que se escucharon de los representantes estadounidenses. En 2014, el diseño del reactor Hualong superó con éxito la Revisión Genérica de Seguridad del Organismo Internacional de Energía Atómica, permitiendo de esta forma su exportación.

Durante su paso por Argentina, la delegación estadounidense también visitó y auditó el Complejo Nuclear Atucha donde se encuentran dos de las tres centrales nucleares de Argentina, el Proyecto CAREM de la CNEA y la fábrica de IMPSA en Mendoza donde se fabrica el recipiente de presión del reactor CAREM. El CAREM es un reactor modular pequeño (SMR, por sus siglas en inglés) de tecnología 100% nacional. Se empezó a construir en la década del 80 y estuvo paralizado hasta el 2014 cuando se reactivó su construcción. 

La gestión de Cambiemos paralizó el proyecto al sacarle a la CNEA y NASA la ejecución de la obra para dársela a la empresa Techint. El año pasado se le devolvió a NASA y la CNEA este proyecto que resulta ser profundamente estratégico para el futuro de la energía nuclear. El CAREM compite, entre otros, con el “reactor modular pequeño” que desarrolla Estados Unidos, para el que está patentando componentes en la Argentina. La Secretaría de Energía de ese país difundió el año pasado un documento de estrategia de su oficina de energía nuclear donde se anunció que antes de 2029 entraría en operaciones el primer reactor modular pequeño de EE.UU, que disputaría el mercado global con el CAREM. Es evidente el interés en retrasar el SMR argentino y, entre líneas, la intención de persuadir  a la Argentina para que abandone su proyecto soberano y compre el reactor estadounidense. 

Defensa de sectores estratégicos y política exterior soberana

En el escenario de conflictividad internacional vigente, acontece también un proceso de reconversión de la infraestructura energética mundial, cuyo fin es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que han sido responsables de subir la temperatura del planeta. Por sus bajas emisiones y al ser una energía base, la energía nuclear ocupa y ocupará un rol central en las políticas de descarbonización para mitigar el aumento de la frecuencia e intensidad de los fenómenos climáticos. 

En agosto de 2021, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publicó un informe analizando la gravedad de la crisis climática. El IPCC plantea la urgente necesidad de reducir las emisiones de GEI y llegar a lo que denominan un escenario de “cero emisiones netas” para el año 2050, con el objetivo de mantener el incremento de la temperatura media del planeta en 1.5°. Para alcanzar esta meta los expertos climáticos le otorgan a la energía nuclear un rol sustancial. 

Actualmente la nucleoelectricidad genera el 10,1% de la electricidad a nivel mundial y es la segunda fuente de electricidad baja en carbono luego de la hidroeléctrica. La propia Agencia Internacional de Energía recomienda que este porcentaje debe aumentar para cumplir con los objetivos globales de descarbonización. En el marco de la crisis energética que atraviesa nuestro país y de los compromisos globales asumidos, la primera conclusión a la que arribamos es que la nucleoelectricidad debe definirse como una política de Estado. 

Las posibilidades de desarrollo económico con redistribución de la riqueza, están fuertemente ligadas a la capacidad de adquirir y dominar tecnologías estratégicas. Sin embargo, producto de la historia y de la geopolítica la gestión de tecnologías complejas y de su transferencia al sector productivo para fomentar procesos de desarrollo virtuoso, es una de las grandes debilidades de los países de la semi-periferia suramericana. 

Argentina apostó tempranamente al desarrollo de capacidades autónomas en sectores estratégicos, como hidrocarburos, tecnología nuclear, aeronáutica, automotriz, electrónica, producción de medicamentos, entre otros. Debido a la decisión estratégica y soberana que se tomó en 1950 con el Decreto N° 10.936, hoy Argentina es un país nuclear en la vanguardia tecnológica internacional, con tres centrales de potencia operando, un reactor modular de tecnología propia en construcción, 14 centros de medicina nuclear, múltiples empresas de base tecnológicas, profesionales del más alto nivel, reactores de investigación de calidad exportable, producción de radioisótopos que se proveen al resto del mundo, control de la cadena de suministro del combustible, un argentino como director del OIEA y un gran etc.

El sector nuclear, es un sector estratégico para el desarrollo nacional. Al tiempo que tracciona y articula la industria con el entramado productivo y tecnológico, pymes, institutos científicos, profesionales; permite exportar tecnología, ingresar dólares a la economía en un contexto de restricción externa diversificando la matriz exportadora primarizada del país y, por lo tanto, modificar el lugar geopolítico que tenemos asignado en la división internacional del trabajo. 

Los gobiernos que a lo largo de la historia argentina impulsaron capacidades científicas, tecnológicas e industriales navegaron a contracorriente del lugar asignado a la región en la división internacional del poder, para lo cual fue crucial una robusta política exterior que defendiera el interés nacional. Como contrapunto, los gobiernos de facto y/o de sesgo neoliberal que fomentaron el desfinanciamiento y destrucción de la ciencia, la tecnología, la industria y el aparato productivo favorecieron a grupos económicos concentrados que se beneficiaron con la financiarización, la extranjerización, el endeudamiento y la fuga, mediante una política exterior alineada a los intereses hegemónicos. 

El sector nuclear no puede ser una variable de ajuste en el marco del acuerdo con el FMI, ni una moneda de cambio en el marco de las condicionalidades impuestas por la principal potencia hemisférica. Muy por el contrario debe ser fortalecido, protegido e impulsado por el Estado para que aporte a la reconstrucción económica justa que la Argentina necesita tras el acuerdo ilegítimo e ilegal que firmó la administración Cambiemos. 

La combinación de una conducción política que priorice los intereses nacionales y populares con un Estado protector y coordinador de capacidades nacionales orientadas a responder a los problemas de los sectores más vulnerados debe también ser capaz de asumir una trayectoria sostenible para el mediano/ largo plazo, con metas estratégicas que se orienten al cambio estructural que Argentina necesita. En este contexto geopolítico y geoeconómico internacional, la finalización de Atucha III adquiere un carácter crítico y estratégico. Su defensa frente a las presiones de las potencias, organismos internacionales y corporaciones es parte del largo camino que tenemos como país de avanzar hacia la elaboración y ejecución de una política exterior soberana.

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