Columna de opinión

El RIGI y los topes del debate: otro amable matiz con José Natanson

Por Pablo Papini*

En su editorial de abril de la edición argentina de Le Monde Diplomatique, José Natanson le recomienda a Axel Kicillof anunciar, como parte de su hipotética candidatura presidencial, el mantenimiento del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Esto se suma a su idea previa de que el justicialismo delegue la cuestión económica en un Danilo Astori propio, en referencia al uruguayo moderadísimo -así lo caracteriza el propio Natanson varias veces en su libro La nueva izquierda-, ministro del área en las dos presidencias de Tabaré Vázquez y vicepresidente de José Mujica. Ambas sugerencias diseñadas en orden a evitar un caos financiero como telón de fondo de la próxima campaña peronista, como lo fueron el lunes posterior a las PASO de 2019 y el período entre los comicios de septiembre y octubre de 2025.

La pregunta, si estas sugerencias prosperasen, es qué tendría el peronismo para ofrecer de distinto al menú que está sirviendo Javier Milei, más allá de quién termine encabezando su oferta electoral. El panorama actual, con cifras aterradoras de consumo, empleo, inversión y actividad cayendo en chubasco a diario, no es huérfano de razones. Las hay de sobra, evidentes y de suma contundencia: el RIGI (tal como está concebido, no per se), la dominancia del vector financiero por sobre el productivo y el endeudamientoen su actual calendario de pagos como corsé que bloquea cualquier eventual modificación. En ese marco, no hay actividad posible por fuera de las extractivas y del carrytrade, por ende tampoco empleo y, al final del día, ni hablar del salario promedio, presionado a la baja por la desocupación.

Una contestación sería que el peronismo plantease la aceptación de la hipótesis del fin del empleo compensada con un ingreso ciudadano universal robusto, que tampoco eso hay hoy, con una Asignación Universal por Hijo que ya pierde frente a la inflación como el resto de los ingresos, cuando durante el primer año libertario había fungido de paragolpes. Sé parece demasiado al modelo que, entre otros, promueve Elon Musk. Una propuesta poco edificante. Y habría que ver si quedarían con qué pagar un ingreso ciudadano sin actividad ni recaudación.

De nuevo, ¿por qué votar a un peronismo que no impugnaría nada, en vez de a Javier Milei?

Ocupado en no despertar a la bestia del mercado, el peronismo no contaría con fundamentos para enamorar a su base propia. Y los motivos de su derrota están mucho más en la desmovilización de sus votantes tradicionales que en el rígido repudio de los ajenos.

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De fondo, late un dilema más estructural: ¿deben aceptarse topes? No podrían discutirse la deuda ni la bicicleta financiera, ahora tampoco el RIGI. ¿Quién fija los límites de lo discutible, en base a qué legitimidad y qué contienen tales contornos? Y si se aceptasen, ¿para qué se querría ganar? ¿Es realmente una victoria, si se diese así?

Un triunfo verdadero es uno que se deriva de la previa imposición de los términos de los debates de campaña. Es allí donde empiezan a construirse los márgenes de la gobernabilidad posterior. Porque puede suceder que se supere exitosamente la instancia de las urnas simplemente porque el gobierno de turno se saque solo, pero luego aparezcan los vetos del statu quo ya en funciones. Con el agravante, en tal caso, de que la responsabilidad será propia. El peronismo tiene que constituirse alternativa a pesar de enunciar la salida total del modelo libertario y, más importante, que el costo de ello será probablemente significativo a corto plazo, pero que augura alguna oportunidad de bienestar futura. Y que, en cambio, evitar el cimbronazo inmediato solo logrará prolongar una agonía lenta, larga e irreversible.

Por otra parte, no corren los ejemplos en que se apoya Natanson de presidentes del posneoliberalismo en auge en la primera década de los dos mil que concedieron gestos de moderación para garantizarse el acceso al poder. Aquellos eran tiempos de derechas más moderadas, lejísimo de las actuales, con las que podía razonablemente acordarse reglas de convivencia y competencia sana, en tanto las actuales se ocupan permanentemente de que a todo el mundo le quede claro que el único lugar que le reconoce al otro es el de sometido. La autolimitación táctica sonaba apropiada en aquel contexto, pero luce esteral en el actual. Si se dice –y es verdad- que afrontamos desafíos nuevos, también las respuestas deben serlo.

*Por Pablo Papini (abogado).-

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