El fin de semana largo de Semana Santa dejó una postal contradictoria: más gente en movimiento, pero con un nivel de gasto muy por debajo del año pasado. Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el desembolso total de los turistas cayó cerca de un 19% en términos reales, lo que expone el freno en el consumo en medio del contexto económico.
Durante el feriado, se movilizaron alrededor de 2,85 millones de personas por distintos puntos del país, lo que representó un crecimiento interanual del 5,6%. Sin embargo, ese mayor flujo no se tradujo en más ingresos para las economías regionales: el impacto económico alcanzó los $808.198 millones, con una fuerte retracción frente a 2025.
El comportamiento de los viajeros reflejó un cambio claro. El gasto promedio diario se ubicó en $108.982 por persona, lo que implicó una caída real del 8,4%. A eso se sumó una reducción en el tiempo de permanencia: la estadía promedio fue de 2,6 noches, un 16,1% menos que el año anterior. En la práctica, se consolidaron las escapadas breves y con presupuestos ajustados.
Este escenario derivó en un perfil turístico más austero. Predominaron los planes de bajo costo, el uso de promociones y la elección de actividades gratuitas o accesibles, en detrimento de consumos más elevados.
En cuanto a los destinos, hubo puntos con alta concurrencia pese al contexto. Lugares como Bariloche, Puerto Iguazú, Salta, Mendoza, Mar del Plata y la Ciudad de Buenos Aires registraron niveles de ocupación elevados, en algunos casos por encima del 90%. También se destacó el movimiento en provincias del norte como Jujuy y Tucumán, donde las celebraciones religiosas y propuestas culturales funcionaron como atractivo.
El turismo interno volvió a ser protagonista: el 92% de quienes viajaron eligió destinos dentro del país, mientras que una porción menor optó por salir al exterior, principalmente a países limítrofes.
El informe también detalló cómo se distribuyó el gasto: alimentos y bebidas encabezaron el ranking con el 32,4%, seguidos por alojamiento (27,8%), transporte (21,6%), recreación (10,2%) y compras (8%). Se trató de un consumo más repartido, pero claramente contenido.
Además del turismo con pernocte, hubo un fuerte movimiento de excursionistas. Más de 4,2 millones de personas realizaron viajes de un solo día, generando ingresos adicionales por $62.000 millones, aunque con un ticket promedio más bajo.
En total, el impacto económico combinado alcanzó los $870.198 millones. Aun así, el balance dejó en evidencia un patrón que se repite: mayor circulación, pero con un gasto cada vez más limitado, marcado por la pérdida de poder adquisitivo y la necesidad de ajustar cada decisión de consumo.
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