El programa económico de Javier Milei empieza a dejar marcas profundas en el mercado laboral. Un informe elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA expone un derrumbe del salario mínimo real cercano al 38% entre fines de 2023 y comienzos de 2026, una caída que empuja los ingresos a valores incluso más bajos que los registrados antes del colapso de 2001.
Lejos de tratarse de un episodio aislado, la pérdida de poder adquisitivo se instala como una tendencia sostenida. El punto de quiebre aparece en los primeros meses de gestión libertaria, cuando la disparada inflacionaria genera un golpe inmediato sobre los ingresos: el salario mínimo cae un 15% en diciembre de 2023 y sufre otro recorte del 17% en enero de 2024. Desde entonces, los intentos de recomposición no logran compensar el deterioro acumulado.
El escenario no muestra señales de alivio. En febrero de 2026, el ingreso mínimo vuelve a perder frente a los precios y acumula siete meses consecutivos de retroceso. Si se amplía la perspectiva, el dato resulta aún más contundente: hoy ese salario representa apenas un tercio del nivel máximo alcanzado en 2011, lo que implica una contracción del 65% respecto de aquel pico.
La caída de los ingresos convive con un mercado laboral cada vez más debilitado. Los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) muestran que hacia fines de 2025 el empleo asalariado formal apenas supera los 10 millones de trabajadores, sin capacidad de recuperación sostenida. Más preocupante aún es la tendencia: el sector suma ocho meses seguidos de pérdida de puestos.
La destrucción de empleo también se refleja en la comparación anual. En doce meses desaparecen 109 mil puestos registrados, mientras que desde la asunción de Milei la cifra asciende a 289 mil empleos menos. El retroceso no sólo frena cualquier expectativa de crecimiento, sino que consolida un escenario contractivo.
El impacto territorial deja en evidencia la profundidad de la crisis. Catorce provincias registran caídas en el empleo formal, con retrocesos significativos en San Luis, Chaco y Catamarca. Sin embargo, el mayor golpe se concentra en los principales motores económicos: la provincia de Buenos Aires explica más de la mitad de la pérdida de empleo privado, mientras Córdoba aporta casi una quinta parte del total.
Con ingresos que no alcanzan y menos trabajo registrado, el ajuste libertario redefine el mapa social y vuelve a instalar condiciones que remiten a los momentos más críticos de la economía argentina.
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