“Qué violenta la calma con la que los empachados nos aconsejan que agradezcamos las migajas”.
Nina Ferrari
Se equivocó. “Negro” (así lo nombraban los cercanos, los que conformaban su… entorno) se equivocó el día que, muy suelto de cuerpo, pontificó “los argentinos estamos condenados al éxito”. Pésimo análisis. Los peligros de una visión voluntarista de la historia. Corría ya el 2001. Tenía pruebas. Debería haber sabido que, en realidad, estamos destinados al fracaso.
El pasado martes 20 de diciembre, podría representar un hito en términos de nuestra decepción. Una suerte de elogio del fracaso. Fracasó la movilización (al menos en lo numérico), fracasó la represión (porque no hubo forma de generar la violencia que necesitaba), Fracasó el protocolo (porque las calles estuvieron cortadas por las fuerzas de seguridad y porque a la noche, post cadena nacional, el cacerolazo invadió todo lo que le dio la gana) y medio que también fracasó la comunicación porque el efecto de amenaza que intentaron instalar con todo un abanico de purgas para quienes participaran de la marcha no pudo evitar que los movimientos sociales llegaran a la Plaza de Mayo y leyeran su documento.
Más allá del intercambio de flores, comunicados, conferencias de prensa, halagos varios, sonrisas impostadas y mimos, lo que de alguna manera dejó como primera prueba de la fuerza del gobierno de Milei fue un fracaso con todas las letras. Tanto que al día siguiente fueron obligados a salir a cantar loas los voceros ensobrados (esos que no registran en los ravioles de la Subsecretaría de Comunicación y a los que antes, mucho antes, hace como tres meses, el presidente insultaba y juraba iba a acabar con ellos y ellas).
Obvio que esto no modifica nada en el camino trazado por Milei (o, acaso, por sus favorecedores… o patrones) que, como todo buen psicópata, carece de súper yo y, por lo tanto, tamiza la realidad como se le canta a Conan. Cacerolazos, marchas, convocatorias, comunicados de repudio y demás mensajes negativos se estrellaron contra el determinismo presidencial, insuflado por los lobbys de los sectores favorecidos por el DNU.
Y es que, bien mirado, este es un paso más en el largo camino de injusticias, atropellos, aprietes y latrocinio que el poder fáctico comenzó allá por 1976, enancado en una Junta con pocas luces; siguió con el gobierno de Carlos Menem (que no les entregó todo lo que querían y por eso se fue), se extendió en los dos años desastrosos de De la Rúa (que sólo les sirvió para consolidar la bicicleta financiera y la fuga), se reinstauró con Macri (que lejos de favorecerlos, jugó sólo para él y sus amigos. Incluso, a muchos los hizo desfilar por Comodoro Py) y ahora intenta ponerle un broche de oro con Milei.
Los militares no le sirvieron a la “pata civil de la dictadura” (léase ese poder del que estamos hablando) porque hicieron terrorismo de Estado y provocaron una masacre; a Menem no lo querían porque negro y peronista, además de que hacía política y se negaba privatizar la educación y la salud; De la Rúa resultó menos que aburrido: insípido, melifluo, inconsistente… cobarde -máculas para un gerente que se precie-; Macri, uno de Ellos, se creyó “primus inter pares” y los dejó afuera de los negocios y adentro de un calabozo a algunos. Por eso Milei, un muchacho con dificultades evidentes que, además, presenta el perfil de un incapaz y requiere ser “tutelado” (y quien crea que lo que digo es una atrocidad, lo invito a ver cómo lo maneja Cristina Kirchner el día que va al Congreso a asumir).
Un nuevo intento y, probablemente un nuevo fracaso. Porque el país tiene una cultura y una historia que no pueden ser modificadas por decreto. Y porque, además, veinte familias muy ricas, y sus lacayos, y sus abogados, no pueden ni podrán contra un gran colectivo social que Bert Hoselitz definió como “nueva clase media, atada al modelo social tradicional, persiguiendo sólo políticas redistributivas”, léase cacerolazo.
Fracaso, si, pero no tanto. Porque cada vez que juegan, se quedan con un pedacito (un pedazote, diría). Los medios de comunicación y creación de sentido en el 76 y muchas propiedades como campos, edificios y diferentes compañías (Macri comenzó el Proceso con 7 empresas y terminó con 46, sólo como ejemplo); con Menem empezó el desguace del Estado además de la consolidación de la apropiación de los mass media; De la Rúa les regaló 20.000 millones de dólares con el Megacanje y Macri, bueno, ya lo dijimos, los traicionó porque hizo casi todos los negocios para él y sus “amigos” (o sea también él) pero durante su gobierno se fugaron alrededor de 80.000 millones de verdes billetes (claro que no todos eran cara grande).
Y más allá del aparente fracaso de este decreto y de las marcha atrás que dará el gobierno del bufón como si oficiara una misa, con algo también se quedarán esta vez. Muy probablemente con algunas leyes como la de tierras que a la clase media caceroleante la tiene muy sin cuidado (que al fin y al cabo a quién le importa de verdad la patria y el futuro de la Nación).
Dice Gino Germani que “en una primera etapa, de ascenso (estimo que a partir de 1946) la clase media había cumplido un rol democratizador, aunque sus conflictos con la clase dominante no apuntaban al cambio del sistema sino a una mejor redistribución; pero en una segunda etapa, de consolidación, la clase media se volvía reaccionaria, formando bloque con la clase dominante contra las demandas populares”. Esa misma clase media que minutos después de la cadena nacional salió a cortar calles y tomar esquinas simbólicas de la ciudad exhibiendo su desencanto para luego marchar al Congreso (en donde se juntó el doble de personas que hubo el 10 de diciembre acompañando a Milei). Pero no defendían las instituciones. O más o menos. En realidad estaban allí por su prepaga, sus tarifas subsidiadas, su transporte, sus empleos y sus vacaciones. Esto quedó claro cuando les decían a los movileros “son todos iguales… son lo mismo”, tan tan parecido al “que se vayan todos” de 2001.
“La clase media argentina es experta en resucitar cada tanto a sus verdugos” decía el viejo Jauretche que, además, sabía por zorro y por vivido. Los mismos que subieron a De la Rúa al helicóptero al grito de “piquete y cacerola, la lucha es una sola” son los quejosos de siempre porque no se puede transitar por una Buenos Aires tomada “por esos negros que cortan la 9 de Julio”. Y votan peronismo para recuperar derechos y luego gorilismo porque “a mi los peronchos nunca me dieron nada”… Aspiracionales.
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