El arranque de 2026 mostró una postal prolija para el Gobierno, pero con bordes frágiles. Morgan Stanley analizó el esquema financiero de la Argentina y sostuvo que el orden inicial no despeja los riesgos que aparecen más adelante, cuando los vencimientos en moneda extranjera exigen un flujo de dólares que hoy no está garantizado.
En los primeros días del año, el Tesoro afrontó compromisos por unos USD 4.300 millones. La maniobra combinó aportes de organismos, administración ajustada de caja y un préstamo repo por USD 3.000 millones que reforzó las reservas del Banco Central. Para el mercado, ese movimiento reflejó un margen acotado y un costo elevado, lejos de una vuelta plena al crédito voluntario, motivo por el cual el riesgo país siguió sin ceder.
“El cumplimiento de las obligaciones era plenamente esperado por el mercado, a pesar del anuncio de último momento de un Repo por USD 3.000 millones que incrementó las divisas disponibles en el BCRA y, a su vez, permitió al Tesoro comprar las divisas suficientes para efectuar el pago”, señala el informe.

El eje del diagnóstico aparece al mirar el calendario completo. Morgan Stanley calcula que las necesidades brutas de divisas para 2026 trepan a USD 38.700 millones, cifra que incluye intereses y amortizaciones de toda la deuda en moneda extranjera. Dentro de ese total, cerca de USD 18.900 millones corresponden a instrumentos que ajustan por dólar pero se cancelan en pesos, lo que reduce la demanda efectiva de billetes a unos USD 19.900 millones.
Para cubrir ese monto, el banco proyecta ingresos por USD 5.000 millones desde organismos multilaterales y otros USD 6.000 millones vía emisiones de deuda en moneda extranjera, tanto externas como locales. Aun así, el esquema deja un hueco de alrededor de USD 5.000 millones que el Tesoro debería cubrir con compras al Banco Central o mediante operaciones financieras específicas, alternativas que presionan sobre las reservas.
“Proyectamos que las principales fuentes de divisas para el Gobierno nacional serán USD 5.000 millones provenientes de organismos multilaterales y USD 6.000 millones de bonos en moneda extranjera, tanto externos como domésticos. Esto deja una brecha de USD 5.000 millones para 2026, que surge de flujos netos negativos del FMI y de los bonos en moneda extranjera. El Tesoro deberá comprar estas divisas al BCRA o directamente a través de operaciones en bloque”, asegura el informe.

El Fondo Monetario aparece como el punto más sensible. En 2026 vencen unos USD 4.400 millones y, a diferencia del año previo, la Argentina pasa a ser pagadora neta por cerca de USD 2.300 millones. Ese drenaje adicional se suma a un calendario cargado y achica el margen de maniobra.
El banco también observa que parte de los vencimientos en dólares queda dentro del sector público y admite renovaciones, lo que alivia el corto plazo pero no cambia el cuadro general. Por eso, la recomendación se concentra en tramos breves de la deuda, especialmente los que vencen en el primer trimestre, y mantiene cautela con horizontes más largos.
Como salida posible, Morgan Stanley menciona una emisión antes de mitad de año: un bono a entre siete y doce años, con una tasa superior al 10%. Sería una herramienta costosa, pero funcional para atravesar el bache. La lectura final es clara: el Gobierno ordena el frente inmediato, aunque la estrategia muestra un alcance limitado cuando el calendario avanza y los dólares empiezan a faltar.
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