El mercado laboral argentino atraviesa una etapa de fuerte presión sobre los ingresos, con más trabajadores que buscan ampliar sus fuentes de empleo y hogares que recurren al crédito para sostener sus gastos.
Según el Monitor Sociolaboral de agosto de 2026 elaborado por el CETyD, el salario promedio del sector privado es 14% inferior al de hace una década. Si se descuenta el impacto de los gastos fijos, la pérdida alcanza el 24%.
El deterioro de los ingresos impulsa distintas estrategias dentro de los hogares. Cada vez más personas buscan una segunda ocupación, mientras otros integrantes de las familias se incorporan al mercado laboral para compensar la pérdida de poder adquisitivo. Esta dinámica elevó la tasa de actividad a valores récord y también se reflejó en un mayor crecimiento del empleo entre mujeres que no son jefas de hogar.

La oferta laboral queda corta
Sin embargo, el aumento de la oferta laboral no encuentra una respuesta equivalente en la estructura productiva. Durante la última década, la producción del sector privado creció 7%, mientras que las horas trabajadas aumentaron 11% y la cantidad de trabajadores se incrementó 17%. Para el CETyD, esta diferencia evidencia que el empleo avanzó a un ritmo superior al de la producción.
El crecimiento tampoco se distribuye de manera uniforme entre las distintas actividades. Sectores como el agro, la minería y la energía presentan una evolución más dinámica, mientras que la industria, la construcción y el comercio, que concentran una mayor proporción del empleo, permanecen rezagados. Esta configuración limita la capacidad de la economía para absorber a las personas que necesitan trabajar más.

Más subocupación y empleos de menor calidad
Uno de los principales efectos de este desacople es el aumento de la subocupación. Se trata de trabajadores que tienen jornadas parciales, desean trabajar más horas y no logran hacerlo debido a las restricciones del mercado laboral. De esta manera, una estructura productiva que no genera suficiente demanda de trabajo distribuye una cantidad limitada de horas entre un número mayor de personas.
La situación también afecta la calidad de las ocupaciones y los ingresos obtenidos. Parte de los trabajadores subocupados se desempeña en empleos informales, mientras que otros recurren al trabajo por cuenta propia, las changas, los servicios por encargo o la venta minorista. Son actividades que, de acuerdo con el informe, suelen desarrollarse a pequeña escala y en condiciones de informalidad.
El diagnóstico del CETyD plantea así que el problema no radica únicamente en la falta de puestos laborales, sino en la insuficiencia de los ingresos que generan las ocupaciones disponibles. Las personas logran incorporarse al mercado de trabajo, pero las remuneraciones no siempre alcanzan para cubrir las necesidades cotidianas, lo que abre la puerta a otras estrategias para sostener el consumo.

El endeudamiento gana peso entre las familias
Ante la pérdida de ingresos, el endeudamiento de los hogares se convirtió en otro mecanismo para sostener el gasto. En abril de 2026, el saldo real del crédito otorgado por el sistema bancario a las familias era 77% mayor que en noviembre de 2023. En el mismo período, el financiamiento otorgado por proveedores no financieros se duplicó.
El crecimiento fue todavía mayor en los préstamos personales, una modalidad de crédito más vinculada con el pago de gastos corrientes o imprevistos. En abril de 2026, el saldo real de los préstamos personales otorgados por bancos a las familias se encontraba 176% por encima del nivel de noviembre de 2023. En el segmento no financiero, el crédito a personas aumentó 141% real hasta febrero de 2026.
La expansión del crédito comenzó a generar una presión cada vez mayor sobre los ingresos. En abril de 2026, los pagos de capital e intereses absorbieron casi una cuarta parte de los ingresos de los asalariados formales, de acuerdo con la última estimación utilizada por el CETyD en base a datos del Banco Central.
A la vez, aumentaron los problemas para afrontar las obligaciones. La cartera irregular de las familias se ubicó en abril 349% por encima del nivel de noviembre de 2023. La mora de las tarjetas de crédito se multiplicó por más de siete durante ese período, mientras que la correspondiente a los préstamos personales aumentó 258%.

Cae el empleo formal privado
La actividad económica tampoco logró consolidar una trayectoria sostenida de crecimiento. Después del aumento registrado en marzo y la caída de abril, en mayo volvió a retroceder 0,5% mensual, según el informe. El comportamiento se mantiene marcado por diferencias entre sectores, con actividades dinámicas y otras que continúan rezagadas.
Esta disparidad tuvo un impacto directo sobre el empleo registrado. En abril, el empleo asalariado formal del sector privado volvió a caer y registró la contracción más pronunciada del año. En paralelo, también disminuyó nuevamente la cantidad de empresas.
El comportamiento sectorial fue heterogéneo. En abril crecieron los puestos formales en el sector hotelero, algunas ramas de servicios y la actividad inmobiliaria, mientras que el agro, la pesca y la minería abandonaron su tendencia positiva. La industria mantuvo una dinámica contractiva en casi todos sus subsectores y el comercio acumuló once meses consecutivos de destrucción de puestos formales.
Las perspectivas para el empleo privado tampoco muestran una mejora inmediata. El Indicador Predictivo del Empleo del CETyD (IPE-CETyD) proyecta nuevas caídas del empleo formal durante mayo, junio y julio, con una contracción más intensa en la industria manufacturera.
El salario pierde poder adquisitivo
La desaceleración de la inflación no estuvo acompañada por una recuperación equivalente de los salarios durante los primeros meses de 2026. Desde febrero, las remuneraciones del sector privado comenzaron a crecer por debajo de los precios y en marzo la diferencia se amplió a más de tres puntos porcentuales. En los primeros cuatro meses del año, los trabajadores registrados del sector privado acumularon una caída real cercana al 4%.
El sector público tampoco mostró una recuperación significativa. Entre marzo y abril, los salarios permanecieron prácticamente sin cambios y el poder adquisitivo continuó alrededor de 17 puntos porcentuales por debajo del nivel de noviembre de 2023.
La situación se vuelve más exigente cuando se consideran los gastos indispensables de los hogares. Entre marzo y abril de 2026, el salario total se contrajo 0,2%, mientras que el salario disponible después de pagar los gastos fijos cayó 1,3%. En el acumulado del año, el poder adquisitivo del salario total retrocedió 3,8% y el salario disponible disminuyó 8,2%.
El peso de los servicios básicos explica parte de esa diferencia. Entre noviembre de 2023 y abril de 2025, el IPC general aumentó 305%, pero los gastos vinculados con la vivienda, como agua, gas y electricidad, subieron 563%. Los servicios de comunicación aumentaron 405% y el transporte, 366%, según el análisis del CETyD.

Qué puede pasar con el empleo y los ingresos
El informe advierte que la evolución de los próximos meses dependerá no sólo de que la economía vuelva a crecer, sino también de qué sectores lideren esa recuperación. Un crecimiento concentrado en actividades intensivas en capital, como energía, minería y agro, podría mejorar algunos indicadores generales sin modificar de manera significativa la situación del mercado laboral.
Para revertir la dinámica actual, el crecimiento debería extenderse hacia actividades con mayor capacidad de generación de puestos, especialmente la industria, el comercio y la construcción. Son sectores que pueden absorber una mayor proporción de la oferta laboral y modificar el escenario de ocupaciones de baja intensidad que describe el informe.
El comportamiento de los ingresos será otro factor determinante. El CETyD señala que una menor inflación no alcanza por sí sola para recuperar el poder adquisitivo perdido, debido al peso creciente de los gastos fijos. Por eso, fenómenos como el pluriempleo y la incorporación de nuevos integrantes del hogar al mercado laboral podrían mantenerse incluso en un contexto de mayor estabilidad de precios.
El tercer límite aparece en el crédito. Si bien el endeudamiento permitió compensar parcialmente la insuficiencia de ingresos durante una primera etapa, las señales más recientes muestran que ese mecanismo tiene cada vez menos margen. El aumento de la mora y las dificultades de pago de los hogares anticipan un escenario en el que conseguir financiamiento adicional puede resultar cada vez más difícil.
El diagnóstico del CETyD resume así el desafío para los próximos meses: no alcanza con que la economía crezca, sino que ese crecimiento debe tener capacidad para generar empleo e ingresos suficientes. La búsqueda de más ocupaciones, la incorporación de nuevos trabajadores de un mismo hogar y el endeudamiento muestran señales de agotamiento como estrategias para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
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