¿Se terminó el amor? Según estudio, cada vez menos jóvenes buscan pareja

El análisis relevó a personas de 18 a 35 años y mostró nuevas formas de relacionarse, con mayor valoración de la independencia y un fuerte peso de las expectativas emocionales.

Las formas de construir vínculos afectivos están atravesando una transformación. Entre los jóvenes, estar en pareja ya no aparece como una condición generalizada y una parte importante de quienes están solos tampoco tiene como prioridad iniciar una relación. Un relevamiento realizado por Reyes Filadoro y Enter Comunicación muestra que el 28% de los solteros no está buscando pareja.

La situación cambia de acuerdo con la edad. Entre quienes tienen entre 25 y 35 años, el 70% está en pareja, mientras que al ampliar el universo e incluir a los jóvenes de 18 a 25 años el porcentaje desciende al 60%.

Dentro de ese último grupo, el 51% mantiene una relación considerada estable y otro 9% afirmó que actualmente está saliendo con alguien. Entre quienes no tienen pareja, en tanto, el 12% mantiene relaciones ocasionales y el 28% no está viendo a ninguna persona.

La soltería no siempre aparece como un problema

La encuesta también indagó sobre las razones por las que algunas personas permanecen solteras. Entre las respuestas aparece una mirada que se aleja de la idea de que estar solo necesariamente representa una situación negativa.

El 18% de los consultados dijo que disfruta mucho de la soltería y de su independencia. Otro 17% señaló que no encuentra personas que sean de su agrado, mientras que un 14% manifestó que no sabe dónde ni cómo buscar una pareja.

La dificultad para establecer nuevos vínculos también resulta significativa: el 57% de los solteros considera que conseguir pareja es difícil o muy difícil. La percepción es más marcada entre las mujeres, ya que alcanza al 65%, frente al 50% registrado entre los hombres.

La psicóloga social Natalia Blanco cuestionó la idea de definir el fenómeno como una «epidemia de soledad».

«Si bien es un porcentaje bajo, no lo llamaría ‘epidemia de soledad’ porque hoy el ser humano está pensando diferente. Mucho se cuestiona, ya no piensan tanto en el qué dirán, pero sí qué va a pasar cuando tomen esa decisión. Se piensa mucho en lo emocional», analizó.

Para la especialista, el eje está en observar cómo cada persona procesa los momentos de aislamiento y qué significado les asigna.

«No se ven reflejados, es gente que está necesitando estar sola en algunas situaciones para poder ordenar esa mente que no escuchan», sostuvo Blanco, aunque también advirtió que «tanto tiempo en soledad tampoco es bueno».

Qué cambió en la manera de buscar pareja

Las diferencias entre hombres y mujeres también aparecen cuando se consulta por el entendimiento dentro de los vínculos. El 73% de los hombres afirmó sentirse comprendido por el otro género, frente al 53% de las mujeres.

El estudio no incorporó información sobre la orientación sexual de quienes participaron, por lo que los resultados no permiten analizar esa dimensión de los vínculos.

Según Blanco, una de las razones que explican la cautela masculina está relacionada con los cambios sociales de las últimas décadas.

«Los hombres están en una etapa de temor porque las expectativas de la mujer subieron», afirmó la psicóloga social. Y agregó: «El temor a equivocarse y dar el primer paso de iniciativa los hace repensar mucho si arriesgan o no a una pareja».

La especialista también observó que las nuevas generaciones enfrentan las relaciones desde un lugar diferente al de sus padres y abuelos.

Las nuevas generaciones priorizan otros proyectos

El contraste con las relaciones de décadas anteriores aparece con fuerza en las respuestas de los encuestados. El 77% considera que las parejas actuales son más descartables y menos duraderas que las de la generación de sus padres.

Al mismo tiempo, el 72% entiende que establecer un vínculo afectivo implica un esfuerzo emocional importante.

Blanco marcó una diferencia central con el pasado: «Antes estaba hasta prohibido expresar qué te pasaba, qué sentías, qué querías. Antes era rutina, me caso para toda la vida y pase lo que pase estamos juntos hasta últimas instancias. Era puertas adentro la familia y el matrimonio lo padecía y puertas afuera éramos el matrimonio ideal».

«Era un horror decir ‘se quieren separar’ o ‘me siento mal, esto no me gusta’, creo que estaba inconscientemente prohibido», insistió.

La profesional vinculó esas experiencias con modelos familiares que durante décadas estuvieron asociados a la idea de una pareja heterosexual para toda la vida.

En el presente, en cambio, las emociones ocupan un lugar mucho más visible y las expectativas sobre los vínculos también aumentaron. Para Blanco, esa combinación puede explicar por qué muchas personas sienten que relacionarse demanda un esfuerzo mayor.

Los jóvenes, además, parecen darle más importancia a sus proyectos individuales antes de asumir compromisos de pareja. En palabras de la especialista, «son más pensantes».

«Piensan más en ese futuro de progreso, primero individual, y con la pareja… vemos. Primero quieren llegar solos», explicó.

La situación económica también condiciona a los jóvenes

El cambio en las relaciones no ocurre de manera aislada. La situación laboral y económica de los menores de 35 años también forma parte del contexto en el que se construyen los proyectos personales.

Los menores de 25 años representan el grupo etario con mayor nivel de morosidad entre los argentinos endeudados. La tasa alcanza el 36,84%, mientras que entre quienes tienen de 26 a 35 años se ubica en 26%. Para las personas de entre 36 y 45 años, en tanto, llega al 17,86%.

A esto se suma la dificultad para acceder a empleos de calidad. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA señaló que apenas el 14,2% de los jóvenes consigue un trabajo pleno de derechos.

El acceso también presenta fuertes diferencias según el nivel socioeconómico: el empleo regular alcanza al 38,9% de los jóvenes del estrato medio alto, pero cae al 19,7% entre quienes pertenecen al nivel socioeconómico muy bajo.

Menos matrimonios y menos nacimientos

La transformación de los vínculos también se refleja en las estadísticas demográficas. Los datos del Censo 2022 muestran una reducción sostenida tanto de los matrimonios como de los nacimientos.

En diez años, los casamientos disminuyeron un 17%, mientras que los nacimientos registraron una caída cercana al 50%. La tasa de nupcialidad pasó de 7,3 matrimonios cada mil habitantes en 1980 a 2,9 en la actualidad.

La tendencia también se observa en la fecundidad. De acuerdo con Our World in Data, el promedio mundial descendió de 4,9 hijos por mujer en 1950 a aproximadamente 2,3 en la actualidad.

En Argentina, la caída fue de 1,7 hijos por mujer en 2001 a 1,4 en 2022.

Más que una desaparición de los vínculos, los datos muestran una transformación en las prioridades y en la forma de construir relaciones. Para una parte de los jóvenes, la pareja dejó de ser necesariamente el punto de partida de un proyecto de vida y pasó a convivir con otras metas personales, laborales y emocionales.

Cómo se realizó el relevamiento

El estudio de Reyes Filadoro y Enter Comunicación reunió 643 casos de personas de entre 18 y 35 años de todo el país. La muestra combinó 300 entrevistas coincidentales y 343 realizadas online entre el 8 y el 23 de junio.

El trabajo también incluyó seis grupos focales diferenciados por género y edad, realizados entre el 11 y el 15 de junio, además de un análisis cualitativo de contenidos publicados en YouTube e Instagram durante mayo y junio.