El peso del endeudamiento de los hogares argentinos alcanzó su punto más alto en los últimos 20 años, convirtiéndose en el principal factor de tensión del actual escenario económico. La advertencia surge del último informe de la Fundación Pensar —centro de estudios vinculado al PRO—, donde se señala que la tarjeta de crédito y los préstamos personales pasaron a funcionar como un complemento directo del salario para financiar consumos básicos, cubrir gastos cotidianos y llegar a fin de mes.
El estudio detalla que la persistente caída de la capacidad de compra obligó a las familias a tomar deuda de corto plazo para sostener sus necesidades elementales, en un contexto donde el 49% de los jóvenes asegura que el sueldo no le alcanza y el 44% de los adultos activos debió resignar consumo habitualmente. Esta dinámica de asfixia financiera afecta con especial severidad a la clase media baja y a los sectores vulnerables: según el informe, el 60% de esta población evalúa de forma negativa su situación personal y su capacidad adquisitiva.
La aceleración de las deudas familiares es el reflejo de una brecha social en aumento y del impacto dispar del ajuste sobre los ingresos reales. En esa línea, el economista Hernán Lacunza precisó en el reporte que, entre fines de 2023 y el primer semestre de 2026, mientras la Asignación Universal por Hijo duplicó su valor, las jubilaciones cayeron un 15% real, los salarios públicos un 17% y los haberes de docentes universitarios un 26%. En paralelo, la informalidad laboral ascendió al 44,2% en el primer trimestre de 2026, sumando 2,2 puntos interanuales.
Frente a este diagnóstico, el centro de estudios concluye que la sola estabilización de las variables macroeconómicas resulta insuficiente si no se logra volcar el crecimiento hacia la mayoría de la población. El informe sintetiza que el país atraviesa una fragmentación donde conviven sectores dinámicos concentrados con un universo de «ajustados» y «perdedores directos» —jubilados, informales y empleados públicos— que recurren de forma permanente al crédito para subsistir.
Por otra parte , el estudio afirma que la «Argentina social quedó partida» y tipifica cuatro experiencias sociales que explican el humor económico actual:
- Ganadores tempranos: Sectores dinámicos con capital, ahorro y activos.
- Esperadores: Integrados por la clase media formal privada que aún no percibió mejoras, pero mantiene expectativas favorables.
- Ajustados: Principalmente la clase media baja, golpeada por la pérdida de capacidad de consumo.
- Perdedores directos: Jubilados que perciben el haber mínimo, trabajadores informales y empleados públicos.
En un balance social incluido en el trabajo, la consultora Mora Jozami destaca que, aunque el Ejecutivo logró construir una narrativa de orden, precisa pasar a «una experiencia de mejora», mientras que el economista Fernando Moiguer señala que el 60% de la clase media baja y baja evalúa de forma negativa la situación personal, del país y de su capacidad de compra.
El costo social del ajuste en números
En una columna de opinión dedicada al rumbo económico, Hernán Lacunza detalla la disparidad en la asignación de recursos desde fines de 2023 hasta la primera mitad de 2026: mientras la Asignación Universal por Hijo duplicó su beneficio, los jubilados con bono cobran un 15% menos de haber real, el salario público cayó un 17% y el de los profesores universitarios un 26%. En tanto, la obra pública se redujo un 80%, ubicándose en mínimos históricos.
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