Columna de opinión

¿Qué viene después de Trump? Un mapa de la política norteamericana

Por más que haya insistido y hasta intentado vulnerar la Constitución, una nueva reelección de Trump es imposible. Menos aún, con la poca popularidad que arrastra en el último tiempo. Veamos entonces quiénes son los principales postulantes a heredar el trono y qué nos dicen esas postulaciones de la política norteamericana.

Dentro de los candidatos ligados al presidente, hay dos que vienen llevando la delantera: el vicepresidente Vance y Marco Rubio. El primero, tan advenedizo como su presidente, fue girando hacia posiciones más conciliadoras con el Partido Republicano y con el parlamento, convirtiéndose en la opción de resguardo institucional, debido a sus críticas solapadas (o no) a la política exterior del presidente. Por el contrario, Rubio, tiene un vínculo histórico con el partido gobernante. Sin embargo, es quien más ha defendido públicamente las políticas de Trump y quien se ha enfrentado con los históricos dirigentes de su partido. Sus aspiraciones a la presidencia están menguadas. Él mismo aclaró que solo se presentaría en caso de que Vance declinara su candidatura. Hay, no obstante, otro candidato firme dentro de MAGA: el gobernador de Florida, Ron DeSantis. Se trata del mayor exponente de ese trumpismo sin Trump.

A esta lista pueden agregarse el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, y la ex responsable de Seguridad Nacional y ex gobernadora de Dakota del Sur, Kristi L. Noem, aunque esta última tuvo que renunciar por el poco apoyo parlamentario a sus iniciativas. Se trata de postulantes, más bien, a la vicepresidencia.

Pero no todo el Partido Republicano está alineado con el grupo MAGA, también hay dirigentes republicanos que aspiran a ese personalismo, pero enfrentándose a Trump. Son quienes critican al partido por su inmovilismo. Se trata de Tom Tillis, senador ultraconservador de Carolina del Norte. Tillis votó varias veces contra Trump y está buscando un candidato para las primarias presidenciales. ¿Será él mismo?

También está Thomas Massie, representante republicano del estado de Kentucky. Massie se opuso a los aranceles de Trump y a las intervenciones en Venezuela e Irán, en nombre de “America First”. Aunque, por ahora, corre detrás de Tillis en ese espacio, puede tomar la delantera, ya que Tillis busca candidato, pero no se propone como tal.

¿Sorpresas? Hay tres gobernadores que anunciaron su voluntad de competir: Glenn Youngkin(Virginia, aunque recientemente dejó su cargo), Brian Kemp (Georgia) y Sarah Huckabee Sanders (Arkansas). Sanders fue, además, Secretaria de Prensa de la Casa Blanca. No habría que descartarla como posible compañera de fórmula.

Como vemos, el Partido Republicano se debate entre la continuidad del trumpismo y una política más tradicional. Sin embargo, la primera opción parece ganar consenso. De todas formas, las elecciones de medio término pueden cambiar el escenario e impulsar a alguno de los líderes por fuera del espacio MAGA.

En relación a los demócratas, encontramos dos espacios definidos y algunos dirigentes que intentan expresar un lazo entre ambos. Claramente, este espacio “conciliador” es el más disputado.

En primer lugar, tenemos al ala más tradicional y conservadora del partido. Allí encontramos a Mark Kelly, ex astronauta y senador por Arizona, que dio varios discursos contra el giro progresista de su partido y cuya campaña es una de las que más fondos ha recibido. El bando republicano lo ha señalado como el rival más peligroso. Claramente, porque pelea a ese público. También tenemos allí a Jay Robert Pritzker, multimillonario fundador del Grupo Pritzker (su padre fue el dueño de la cadena Hyatt) y gobernador de Illinois. Su discurso apela al pragmatismo económico, explicando que “no se gana una elección hablando de democracia”. Otro exponente del espacio es el empresario Jared Polis, quien obtuvo nada menos que la gobernación de Colorado, un estado tradicionalmente colorado. Por último, y como figura mediática, está Stephen Smith, comentarista de ESPN.

Del lado “progresista” están los llamados “demócratas socialistas”. A Berny Sanders hay que agregar a Zohran Mamdany, a Bernie Sanders y a Alexandria Ocasio-Cortez (esta última, con mejor relación con la política tradicional). Tampoco habría que quitar la mirada de dos dirigentes que van emergiendo. El primero es el apadrinado por Sanders: Abdul el-Sayed, candidato en las internas demócratas para senador por Michigan. Sayed tiene el fuerte apoyo de la influyente senadora Elissa Slotkin, que viene del centrismo y está haciendo campaña por él en otros estados. El segundo, la gran estrella ascendente: James Talarico, quien arrasó en las internas demócratas, nada menos que en Texas. Como personaje ajeno a la política, podría presentarse el presidente del sindicato United Auto Workers, Shawn Fain.

Si tomamos el espacio “conciliador”, del partido azul, deberíamos empezar por su ala más ligada al centrismo. Allí está Gavin Newsom, el gobernador de California, uno de los estados más poderosos. Un poco más conciliador aparece el popular gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, que se negó terminantemente (por ahora) a pronunciarse por una u otra corriente. En el centro de ese “centro” está el que hoy tal vez sea el candidato mejor posicionado: el senador por Georgia, Jon Ossoff, uno de los artífices del proceso que transformó a Georgia en un “swing state”. A favor del aborto y las minorías, contra la política inmigratoria de Trump y a favor del control de armas, Ossoff cumple con el manual de buen demócrata. En ese mismo espacio está también Wes Moore, de Maryland, el único gobernador negro, que se ha ofrecido como conciliador entre el “centro” y el “progresismo” del partido.

Un poco más a la izquierda, siempre en ese “centro” están los críticos a la política exterior de Trump y, especialmente, su alianza con Israel, cuya política de masacres sistemáticas denuncian: Ro Khanna, representante de California y Chris Murphy, senador por Connecticut. A su izquierda, Rubén Gallego, senador por Arizona. Uno que recorre los barrios populares y de los pocos que pudo ganar en un estado netamente republicano y MAGA.

Como vemos, la política de los EE.UU. ha entrado en una nueva era. Tanto republicanos como demócratas se debaten sobre qué programa los representa: MAGA o el conservadurismo clásico, en un caso; “Socialistas” o “liberals” en otros. Lo que queda claro es una tendencia a la fuerte polarización. Una tendencia que no aparecía en la década pasada. La posibilidad de continuidad del trumpismo está latente, así como la posibilidad de un brusco giro hacia la izquierda. En cualquier caso, el escenario político no va a hacia aguas tranquilas, sino hacia una sostenida convulsión.

*Fabián Harari es docente en la UBA y UNSL e investigador del CEICS.