Por Damián Bil*
Contra lo que plantean algunos sectores, la industria está en dificultades no desde 2024, sino desde hace una década. Es cierto que las políticas actuales agudizan esto, salvo excepciones ligadas a la explotación primaria. La supuesta reactivación que pregonaba el gobierno es dudosa. Aunque ciertas actividades se recuperaron de la caída de 2024 (vinculadas a agroindustria), comparando el primer cuatrimestre de ambos años, varias manufacturas de origen industrial (MOI) siguen en picada: cemento, kerosene-lubricantes, siderurgia, gasoil y fueloil, papel, limpieza e higiene, artículos para el hogar, ladrillos y cerámicos, son algunos de los que mostraron peor performance. Pocos sectores muestran mejoras en relación a 2023, de por si un año complicado. Las ventas de algunos productos durante el segundo trimestre mejoraron con relación a 2024, pero no equiparan aún los números de 2023, como el de las naftas, o el de cemento y asfaltos, que están por encima de 2024 pero entre 20 y 30% menos que en 2023, respectivamente. Vehículos, sector que muestra ventas superiores a 2023 y que se esgrime como síntoma de supuesta recuperación, comenzó un retroceso en julio, con casi un quinto menos de ventas que el mes previo. La precaria situación se refleja en la capacidad utilizada. En el segundo trimestre de 2025, si bien mejoró en relación a 2024, está casi diez puntos por debajo de los valores de 2022 y 2023.
Problemas previos
Si bien algunas mercancías recuperaron en años puntuales (algunas vinculadas a episodios específicos, como los productos de limpieza en pandemia), en general la mayoría no volvió a valores de 2011-13. Comparando los primeros cuatrimestres de los últimos quince años, la producción automotriz cayó casi continuamente desde su pico en 2013, siendo hoy un 55% menor. Algo similar ocurre en los productos vinculados a siderurgia, con hierro esponja, acero crudo y laminados de distintos tipos muy lejos de los valores de aquel período. Los electrodomésticos y artículos del hogar, actividad históricamente representativa de la industria argentina, está casi un tercio por detrás de los picos de producción según producto. En celulares, hoy se hace la mitad de los que se fabricaban en 2016. Así las cosas, el récord de valor bruto de producción de 2011 no pudo volver a ser alcanzado.
Este fenómeno en el cual la industria toca techo, con años aislados donde se acerca a récords previos, se debe a la saturación del mercado interno. Además, existe otro inconveniente no menor: la retracción de las exportaciones. Las de MOI, que en 2011 alcanzaron 34 mil millones de dólares (un tercio del total de ese año), comenzaron una caída sostenida que, a pesar de algunos repuntes, nos ubica en el último trienio casi un tercio por debajo de ese valor. Hay varios factores explicativos, pero uno fundamental es el avance de otros proveedores como China en Sudamérica, principal mercado argentino.
La sombra de Oriente
La crisis de 2008-09 aceleró la penetración china en Sudamérica. Esto se ve en el avance de sus mercancías en la región, en determinadas actividades donde la Argentina tenía sólidas posiciones como proveedor. En químicos o en papel, en poco menos de veinte años (2003-05 a 2022-24) la relevante participación argentina se difumina a valores insignificantes, mientras que China pasa de un peso casi inexistente a un cuarto de la demanda de la región. En productos de limpieza, en ese lapso la participación argentina se redujo a la mitad y la de China se multiplicó por diez. La editorial, a pesar de la ventaja del idioma, no fue la excepción: perdió su posición de segundo orden como proveedor, mientras que China acaparó una voluminosa quinta parte de la demanda. En artículos de hierro y acero y sobre todo en aluminio, uno de los principales rubros de exportación argentinos fuera de los primarios, se percibe el mismo derrotero. La exportación argentina de estos productos cayó del 13% en 2003-05 a 8% en el útlimo trienio, a la par que la china creció de un magro 2,3% a un asombroso 32%.
Para no aburrir demasiado al lector, este itinerario lo repite gran parte del resto de las MOI. Solo destacar el caso de vehículos y partes, la principal exportación argentina fuera del sector primario y derivados. China multiplicó por diez sus exportaciones a la región en ese lapso; desplazando a la Argentina de su lugar. Y esto no solo en la región, sino también a nivel doméstico, con el anuncio de la próxima importación de autos de la china ByD exentos de arancel, lo que puso en alerta a empresarios locales.
Agonía de largo plazo
El boom industrial del sudeste asiático desde los ‘70, y el ascenso reciente de China, plantean un desafío a estructuras como la argentina. Con la pérdida de competitividad industrial, se profundiza la presión “reprimarizadora”. Esto no es menor, ya que la industria ocupa una parte no menor del empleo registrado. Muchos renglones subsisten (con protección) bajo la amenaza del desplazamiento por competidores más eficientes. El problema no surge con Milei, aunque la solución “libertaria” tira al bebé con el agua sucia: liberar variables y que se funda el que no lo soporte. Iríamos, como señalamos aquí, a un predominio de actividades primarias, con alguna industria subsidiaria para el mercado interno, y la masa de la población precarizada o desempleada. La política de la oposición, subsidiar empresarios poco eficientes para sus negocios sin expandir la capacidad productiva, tampoco sirve. Las fracciones capitalistas, preocupadas por rapiñar migajas del conflicto China – EE.UU., no tienen salida. Ante este escenario, hay que rediscutir las bases del desarrollo, reorganizando la estructura productiva bajo otras bases sociales. Es necesario un estado productivo, que asuma un papel activo en producciones claves, impulse la asignación de recursos racionalmente para lograr escalas competitivas y mejoras tecnológicas, escalando en sectores de alto valor agregado. Solo así se podrá revertir la degradación continua de nuestras condiciones de vida.
*Por Damián Bil (investigador CEICS y miembro de Vía Socialista).
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