El 8 de septiembre se publicaron los resultados de las Pruebas PISA 2025. Ya no es sorpresa el rendimiento de nuestro país. Argentina quedó en el puesto 71 (con 393 puntos) de 91 países en ciencia, en el lugar 62 en lectura (384 puntos) y en el puesto 75 en matemáticas (367 puntos). Los números muestran que 8 de cada 10 estudiantes tienen rendimiento debajo del básico en matemáticas y 6 de cada 10 en lengua, mientras que 1 de cada 2 estuvo por debajo de los niveles básicos en las tres asignaturas evaluadas. Lo cierto es que ubicarse en el fondo de la tabla no es una realidad nueva para nuestro país que sistemáticamente se posiciona en ese rango desde el año 2000 cuando apenas 41 países participaban del operativo. Quienes buscaron edulcorar los resultados sostuvieron que las pruebas no necesariamente hablan de qué saben nuestros estudiantes a los 15 años. Según estas explicaciones el instrumento estandarizado y global que conforman las pruebas no toma en cuenta el “contexto cultural” de cada país. Sin embargo, las pruebas miden habilidades y capacidad de resolución de problemas por lo que debería preocuparnos la ausencia de pericias al respecto. Pero aun suponiendo que se trata de un contexto distinto, lo cierto es que las pruebas Aprender locales mostraron, en 2024, un cuadro similar: al terminar el secundario 82 de cada 100 estudiantes alcanzaron niveles básicos o debajo del básico en matemáticas y 43 de cada 100 obtuvieron ese nivel en lengua.
Del otro lado del cuadro, se ubican los países de Asia Oriental, Estonia y Reino Unido que ocuparon los primeros diez lugares de la escala. La mayoría de las provincias y los municipios chinos participantes como Beijing, Shanghai, Jiangsu y Zhejiang, junto a Estonia, Japón, Corea, Singapur, Taipéi chino y Reino Unido obtuvieron los mejores resultados en ciencias, matemáticas y lectura cuyos puntajes promedio oscilaron entre 563 y 520 puntos.
Tanto en nuestro país como en los resultados globales, la mayor brecha entre estudiantes se ubica en relación al nivel socioeconómico, factor que supera al tipo de gestión -estatal o privada-, sexo -varones, mujeres-, ámbito -urbano o rural. En efecto, en los países de la OCDE, los estudiantes de mayor nivel socioeconómico obtuvieron 85 puntos más en ciencias que los alumnos de menor nivel socioeconómico.Se trata de una brecha que armonizando los indicadores se mantiene relativamente constante en el tiempo.
Argentina rankea con una diferencia global de 200 puntos menos que quienes lideran el grupo de los 10 primeros. Conviene preguntarse si los países en el tope de la tabla tienen algún elemento en común. Y lo cierto es que podríamos mencionar, por lo menos dos. Por un lado, la pujanza de sus economías, pero, por otro, buena parte de sus experiencias educativas exitosas se construyeron conuna gran presencia del estado nacional aún en aquellos países en los que autoridades menores tienen algún grado de autonomía. Veamos.
El top 10
Lo cierto es que el top 10 del ranking de PISA nuclea experiencias muy variadas que no podrían trasladarse mecánicamente al caso argentino. Por un lado, existen diferencias de escala. Países como Singapur o Estonia tienen sistemas educativos pequeños. El primer país cuenta con poco menos de 670.000 estudiantes incluido el nivel universitario mientras que Estonia tiene una matrícula equivalente a poco menos de 308.000. Se trata de números equivalentes a los de la CABA o Entre Ríos respectivamente. Solo Shanghái tiene 2.300.000 millones de estudiantes -un CONURBANO bonaerense-, Coreal del Sur cuenta 8.400.000 millones -valores similares a los de Canadá-, Reino Unido con 10.600.000 se asemeja a la escala de Argentina aunque implica equiparar Irlanda, Escocia, Inglaterra y Gales. Por su escala, Japón destaca con más de 19 millones de estudiantes.Como puede verse, el tope de gama incluye casos que se asemejan a los de una provincia argentina o que tienen una escala similar a la local si tomamos el caso de Reino Unido o, en menor medida, Corea del Sur.
Claramente el loteo reúne países con sistemas muy rígidos y disciplinados como representa Corea del Sur, Japón, Singapur o China y otros con mayor nivel de autonomía relativa como son Canadá, Reino Unido o Estonia. De estos últimos la prensa ha focalizado en su mayor autonomía local como clave de su éxito. Sin embargo, la presencia del Estado central resulta crucial en estas experiencias. Por ejemplo, en Estoniael Ministerio de Educación e Investigación financia sus propias escuelas, pero también asigna fondos estatales, en igualdad de condiciones, a las escuelas municipalesy a las privadas para que cubran los gastos relacionados con los salarios docentes y la formación continua dela docencia y del personal directivo. También se ocupa de la distribución de libros de texto y de material didáctico, así como asegura la alimentación escolar. Además, el gobierno central destina fondos para cubrir los gastos de las residencias estudiantiles.Se encargó también de ubicar a la formación docente en el nivel universitario, cooperación que también existe para el desarrollo curricular. Por su parte, en el Reino Unido, un sistema educativo centralmente estatal, la autonomía no refiere al currículum aspecto clave si se trata de determinar qué aprenden las y los estudiantes.Por el contrario, el rol del estado central emerge allí para determinar lineamientos curriculares, distribuir recursos, jerarquizar al personal docente.
La mayoría de estos países, a su vez, protagonizó su crecimiento económico anclado en las economías del conocimiento. Japón impulsa lo que se conoce como Sociedad 5.0 destacando su política de ciencia, tecnología e innovación (CTI) como prioridad para el desarrollo de movilidad, servicios públicos inteligentes y atención médica inteligente entre otras. Por su parte, Singapur siguió una estrategia similar con una gran presencia estatal en la generación de infraestructura, en la planificación y el desarrollo de industrias de economía digital, farmacéutica o biotecnología, por mencionar algunas. Estonia desarrolló empresas globales de software y tecnología como Skype, Wise, Bolt y Pipedrive y fue pionera en las políticas de digitalización de sus escuelas. Es decir, existe una sinergia entre el desarrollo de la sociedad, el rol del Estado, la planificación y lo que ocurre en sus escuelascon experiencias que, a su vez, ponen el énfasis sobre un currículum sólido y básico sobre el que, a posteriori, se construyen otras pericias más complejas. Pero la clave conocimiento, Estado y planificación están allí para dejarnos una lección.
Argentina es un país chico, agrario y de ingreso tardío en el mercado mundial. Su economía hoy no puede sostener a la mitad de la población a la que dio origen, algo que se verifica en la caída de todos sus indicadores sociales, más allá de fluctuaciones ocasionales. Hoy aguarda que la “libertad de mercado” haga lo suyo mientras el mundo alecciona en sentido contrario. Por eso, la experiencia de los top 10 de las PISA muestran que una sinergia entre desarrollo, planificación, intervención estatal pueden revertir ese cuadro. Solo hace falta un nuevo sujeto que protagonice el proceso.
*Romina de Luca es docente e investigadora, coordinadora del área de educación del CEICS y militante de Vía Socialista.
Te puede interesar también...
-
ATE llevó el reclamo de autodeterminación de los pueblos a la Asamblea General de la ONU en Nueva York
-
Una automotriz amenaza con cerrar sus dos plantas en Argentina y crece la incertidumbre por 5.000 empleos
-
La Iglesia le marca la cancha a Milei antes de la llegada del Papa y exige respuestas por la crisis social
-
¿Dónde está el oro? El papelón millonario de Bausili que le costó u$s1.023 millones al Banco Central
-
ATE participará de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas
