Ordinario es poco: entre mentiras y agresiones, Milei hizo el ridículo en el Congreso

El Presidente eligió la confrontación permanente, atacó a la oposición y reforzó alineamientos externos, sin respuestas para la vida cotidiana.

La apertura del período ordinario en el Congreso dejó una escena marcada por el griterío, los insultos y la ausencia de definiciones frente al deterioro social. Javier Milei habló más de una hora y media ante una Asamblea tensa, con un discurso centrado en enemigos políticos, advertencias judiciales y promesas difusas, mientras evitó anuncios concretos para enfrentar la crisis que golpea a amplios sectores de la población.

Lejos de plantear un horizonte de alivio económico, el mandatario reforzó un tono beligerante y binario: quienes no acompañan su proyecto quedaron ubicados del lado del “enemigo”. El señalamiento directo a la bancada peronista y a la izquierda marcó el pulso de una sesión atravesada por la provocación.

Un estilo importado y un recinto convertido en ring

El discurso presidencial adoptó un formato que recordó al de Donald Trump, con exabruptos, frases altisonantes y una puesta en escena diseñada para la confrontación. Milei habló desde un atril elevado por tarimas, respondió a los gritos y celebró el aplauso militante de los palcos, en un Congreso con bancas opositoras incompletas y un clima de hostilidad permanente.

En ese marco, el Presidente insistió en responsabilizar a gestiones anteriores por todos los males actuales, incluso cuando describió indicadores sociales al borde del colapso. Sin embargo, evitó cualquier autocrítica y no presentó medidas para frenar la caída del empleo, el cierre de empresas o la pérdida de poder adquisitivo.

Economía sin red: ajuste justificado y despidos invisibles

Milei defendió la apertura económica sin matices y relativizó sus consecuencias. “Cuando uno abre la economía, eso permite a los consumidores el ingreso de bienes de mejor calidad y a menor precio”, dijo, antes de justificar quiebras y despidos como parte del proceso. En su razonamiento, el mercado reubica a los trabajadores sin costos sociales, una mirada que omitió deliberadamente a los desocupados y a sus familias.

También se jactó de mejoras salariales medidas en dólares, sin mencionar que esos ingresos siguen lejos de niveles históricos. El contraste entre los números oficiales y la realidad cotidiana volvió a quedar expuesto en un discurso que priorizó la defensa ideológica del ajuste por sobre la situación concreta de la población.

Ataques, amenazas y la Justicia como escenario político

La Asamblea escaló en tensión cuando Milei volvió a cargar contra Cristina Kirchner. “Y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, va a seguir presa por el memorándum de Irán, va a seguir presa por lo que hizo con Vialidad, porque es una chorra”, lanzó, en un gesto que utilizó causas judiciales como herramienta de disciplinamiento político.

El Presidente perdió el control cuando desde la oposición le recordaron la causa Andis y las denuncias vinculadas a Diego Spagnuolo. “¡Saben que los audios son falsos, sabe que el que declaró ya dijo que era mentira, pero sigan así ustedes mintiendo a la gente, digamos, sigan mintiendo a la gente!”, gritó, mientras acusaba a los legisladores de ladrones.

La escena se desarrolló bajo la mirada de los jueces de la Corte Suprema, a quienes Milei mencionó al hablar de una supuesta “modernización” del Poder Judicial, en un clima que reforzó la idea de presión política sobre el sistema de justicia.

Alineamiento externo y recursos al servicio de otros intereses

En política internacional, el Presidente confirmó su decisión de subordinar la estrategia nacional a los intereses de Occidente. Planteó que la Argentina debe integrarse a una nueva etapa de competencia global y ofreció recursos estratégicos como carta de presentación. “Tenemos los minerales críticos que necesita occidente, tenemos la energía: gas, petróleo, energía nuclear y energía renovable para abastecer cadenas de producción de escala”, afirmó.

El cierre de ese tramo incluyó una consigna que explicitó el alineamiento: “Make Americas Great Again, de Alaska a Tierra del Fuego. Hagamos Argentina y América grandes nuevamente”. El aplauso del oficialismo contrastó con el silencio opositor y con la falta de debate sobre soberanía, impacto ambiental o beneficios reales para la sociedad.

Programas sociales: números que exponen la emergencia

En uno de los pasajes más contradictorios, Milei enumeró aumentos en políticas sociales que históricamente cuestionó. “Gracias a la reasignación de partidas, la AUH aumentó en un 492,9% respecto al valor heredado en 2023. Incorporamos a 600.000 chicos a la AUH. Incrementamos en 137,5% la prestación Alimentar. Aumentamos más de 500% las becas Primera Infancia y más de 1.100% la prestación Primeros Mil Días”.

Lejos de mostrar fortaleza, esos datos reflejaron la profundidad de la crisis social y la necesidad de asistencia estatal para sostener a los sectores más vulnerables, una realidad que el propio Presidente reconoce con cifras, aunque la niegue en su discurso ideológico.

Tensiones internas y un poder cada vez más concentrado

La relación con Victoria Villarruel quedó nuevamente expuesta. El saludo frío, la ausencia de aplausos y las alusiones a supuestas conspiraciones marcaron una distancia que ya no se oculta. Villarruel permaneció en silencio durante gran parte de la sesión, mientras Milei la señalaba indirectamente como parte de los problemas políticos del oficialismo.

En contraste, el Presidente elogió a Patricia Bullrich, a quien destacó por acuerdos legislativos recientes, con gestos de cercanía que reforzaron su centralidad en el esquema de poder libertario.

Un cierre vacío y un país sin respuestas

La jornada concluyó sin anuncios estructurales. Milei prometió que sus ministros enviarán proyectos de ley mes a mes, una definición vaga que quedó como lo más cercano a un plan. Afuera, las calles permanecieron valladas y sin gente, mientras la comitiva oficial se dirigió a Olivos para una cena reservada.

La apertura de sesiones dejó así un mensaje claro: el Gobierno prioriza la confrontación, el disciplinamiento político y el alineamiento externo, mientras posterga soluciones para una sociedad atravesada por la inflación, el desempleo y la incertidumbre. El show parlamentario ocupó el centro de la escena; la crisis, otra vez, quedó sin respuesta.

About Author

Categorías