El Instituto Nacional de Estadística y Censos difundió este miércoles el dato de inflación correspondiente a enero de 2026. Según el organismo, el Índice de Precios al Consumidor avanzó 2,9% en el primer mes del año y acumuló un 32,4% interanual. La publicación se dio en un contexto atravesado por la renuncia de Marco Lavagna y por fuertes cuestionamientos a la forma en que se calcula el indicador.
El dato volvió a quedar bajo la lupa porque el INDEC continúa utilizando una canasta construida con información de 2004/05, a pesar de que desde hace tiempo dispone de un esquema actualizado con datos de 2017/18. Esa postergación, anunciada y luego congelada por el Gobierno, funcionó como uno de los factores que empujaron la salida del exdirector del organismo, quien insistía en poner en marcha el nuevo IPC.
Qué rubros empujaron el índice
Durante enero, el mayor aumento se registró en Alimentos y bebidas no alcohólicas, con una suba del 4,7%. Le siguieron Restaurantes y hoteles, que avanzaron 4,1%. En el impacto regional, la presión principal también llegó desde los alimentos, en especial por los incrementos en carnes, verduras, tubérculos y legumbres.
En el otro extremo, Educación mostró una variación del 0,6%, mientras que Prendas de vestir y calzado registró una baja del 0,5%.
Si se mira por categorías, los precios estacionales encabezaron las subas con un 5,7%. Detrás quedaron el IPC núcleo, con un incremento del 2,6%, y los regulados, que avanzaron 2,4%.
Una medición que el Gobierno decide no cambiar
Aunque el nuevo índice se encontraba listo desde comienzos de 2024 y había sido anunciado para entrar en vigencia en 2026, el Ejecutivo decidió sostener la metodología vieja. Ese esquema subestima el peso de los servicios y el transporte en el gasto de los hogares, rubros que en los últimos años absorbieron una porción cada vez mayor de los ingresos, sobre todo tras la quita de subsidios.
La comparación con la Ciudad de Buenos Aires vuelve a marcar esa diferencia. En enero, el IPC porteño trepó 3,1%. CABA sí utiliza la canasta más reciente y, durante 2024, su inflación quedó cerca de 20 puntos por encima del índice nacional, empujada por los aumentos en servicios.
Con ambos indicadores nuevamente alineados en 2025, el Gobierno ya anticipó nuevas reducciones de subsidios para 2026. En ese escenario, la decisión de no actualizar el IPC aparece ligada a un objetivo político claro: evitar que esos ajustes se reflejen de lleno en la estadística oficial y sostener, al menos en los números, una desaceleración que no se percibe en el bolsillo.
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