Nafta por las nubes: llenar el tanque exige cada vez más salario

El precio de los combustibles avanzó mucho más que los ingresos desde el inicio del gobierno de Javier Milei.

El costo de la nafta acumuló una suba del 558% desde noviembre de 2023, mientras que los salarios privados avanzaron 311% en el mismo período. La brecha modificó de manera considerable la cantidad de combustible que puede comprar un trabajador con su ingreso, según un informe de la Fundación Encuentro.

El relevamiento muestra que, antes del comienzo de la actual gestión, un salario privado promedio alcanzaba para adquirir el equivalente a 26,3 tanques de 50 litros. Ahora, con el mismo parámetro, permite comprar apenas 16,4. En términos de poder adquisitivo, la pérdida llega al 38%.

La diferencia se explica por la velocidad con la que aumentaron los combustibles. En noviembre de 2023, el litro de nafta súper costaba alrededor de $311, mientras que actualmente supera los $2.000.

El combustible aumentó más que los salarios

La evolución de los precios de los combustibles se produjo en un contexto de desregulación del mercado energético y de acercamiento de los valores internos a las referencias internacionales.

Según el trabajo de Fundación Encuentro, el incremento del 558% del litro de nafta quedó muy por encima de la mejora nominal de los salarios privados. El resultado es un deterioro directo de la capacidad de compra de quienes utilizan el vehículo como parte de su actividad laboral o para sus desplazamientos cotidianos.

El impacto, además, no termina en el surtidor. El combustible representa un componente central de los costos de transporte, logística, producción y distribución. Por eso, los aumentos pueden trasladarse posteriormente a otros productos y servicios.

La Fundación Encuentro calcula que esa dinámica puede aportar hasta 2,5 puntos porcentuales a la inflación anual, a través de los distintos eslabones de la cadena económica.

Vaca Muerta crece, pero el precio interno sigue atado al mercado internacional

El informe también pone el foco en una contradicción del esquema energético: Argentina incrementó de forma significativa su producción de petróleo, pero ese crecimiento no generó una reducción proporcional en el precio que pagan los consumidores.

El desarrollo de Vaca Muerta llevó a un aumento del 47% interanual en la producción, mientras que las refinerías funcionan cerca de su capacidad máxima. Al mismo tiempo, el mercado local continúa utilizando referencias internacionales para determinar el valor de los combustibles.

La transformación del sector energético también se refleja en el comercio exterior. De acuerdo con los datos recopilados por la Fundación Encuentro a partir de información del INDEC, en abril de 2026 las exportaciones de combustibles y energía crecieron 85,9% interanual, mientras que las importaciones de combustibles retrocedieron 45,4%.

El cambio en el balance energético plantea así un interrogante sobre la formación de los precios internos. La mayor producción local y la menor necesidad de importar no se tradujeron en un alivio equivalente para quienes cargan combustible.

Los salarios todavía no recuperaron todo lo perdido

El problema adquiere mayor dimensión al observar la evolución de los ingresos. La Fundación Encuentro señaló en su informe mensual de julio que los salarios reales registrados habían tenido una mejora del 0,8% en abril, aunque todavía permanecían 8,4% por debajo de noviembre de 2023.

En el sector público, el retroceso acumulado era todavía mayor y alcanzaba el 17,2%.

En ese escenario, la suba de la nafta agrega presión sobre presupuestos que ya perdieron capacidad de compra. El impacto alcanza tanto a quienes necesitan utilizar un vehículo como parte de su trabajo como a quienes dependen del transporte para llegar a sus empleos.

Además, el encarecimiento de la logística puede terminar repercutiendo sobre alimentos y otros bienes de consumo masivo.

El debate por el precio de la nafta

El esquema energético impulsado durante la gestión de Milei busca que los precios internos funcionen con referencias internacionales, una política que el Gobierno y las empresas del sector consideran necesaria para sostener las inversiones y estimular el desarrollo de la producción.

La discusión planteada por Fundación Encuentro apunta, en cambio, a cómo se distribuyen los beneficios de una mayor producción hidrocarburífera cuando el consumidor local enfrenta aumentos muy superiores a la evolución de sus ingresos.

Argentina pasó a producir más petróleo, incrementó sus exportaciones energéticas y redujo sus compras externas de combustibles. Sin embargo, para los hogares, ese proceso no implicó necesariamente un combustible más accesible.

El resultado es una presión creciente sobre los ingresos: el salario compra cada vez menos litros, mientras que el costo de la movilidad también termina impactando sobre el precio de otros bienes y servicios. A esa estructura se suma, además, la carga impositiva que pesa sobre los combustibles y que la Fundación Encuentro también incorpora entre los puntos de discusión.

En definitiva, el crecimiento de la producción energética no garantiza por sí solo una mejora en el poder adquisitivo. El dato que sintetiza el problema es elocuente: en menos de tres años, un salario privado pasó de comprar el equivalente a 26,3 tanques de 50 litros a apenas 16,4.