El sistema previsional de los monotributistas presenta una fuerte distancia entre los aportes que realizan durante su vida laboral y los ingresos que podrían recibir al momento de jubilarse. Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea concluyó que ninguna categoría del régimen permitiría generar, por sí sola, una renta equivalente a la jubilación mínima vigente, incluso después de 40 años de contribuciones.
El dato adquiere otra dimensión si se lo observa junto con la evolución del mercado laboral. Entre noviembre de 2023 y junio de 2026 desaparecieron casi 250.000 puestos de trabajo asalariados privados, mientras que la cantidad de monotributistas pasó de 2.037.762 a 2.206.788. Es decir, se incorporaron más de 169.000 personas al régimen durante el mismo período.
Las dos tendencias no implican necesariamente que cada empleo asalariado perdido haya derivado en una inscripción como monotributista. Sin embargo, muestran una modificación en la composición del mercado de trabajo: menos asalariados registrados y un universo más amplio de trabajadores independientes.
La diferencia no es solamente administrativa. Quien trabaja en relación de dependencia cuenta con derechos como aguinaldo, vacaciones e indemnización, mientras que el monotributista debe facturar y asumir de manera directa una mayor parte de los riesgos vinculados a sus ingresos.
El problema también aparece en la jubilación
El estudio del IERAL analizó qué ocurriría si los aportes previsionales realizados por los monotributistas se acumularan en un fondo actualizado por inflación. Bajo ese supuesto, ninguna categoría conseguiría reunir los recursos necesarios para financiar una renta vitalicia equivalente a la jubilación mínima actual, aun con cuatro décadas de aportes.
En agosto, la jubilación mínima alcanzó los $489.776 con el bono de $70.000. La PUAM, por su parte, se ubicó en $405.821.
Actualmente, el universo del monotributo alcanza a 4,8 millones de personas. De ellas, 2,8 millones aparecen como activas en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y 2,2 millones registran efectivamente aportes previsionales.
El régimen, además, está concentrado en sus categorías más bajas. El 55% de los monotributistas activos pertenece a la Categoría A. Al sumar las categorías B y C, la proporción llega al 78%.
Esa estructura tiene consecuencias sobre la recaudación previsional. Mientras un trabajador asalariado aporta personalmente el 11% de sus ingresos, el aporte previsional personal promedio de los monotributistas representa apenas el 1,1%.
En las categorías A a G, la carga previsional se mueve entre el 3,6% y el 1% de los ingresos. Incluso en la categoría K alcanza solamente el 1,6%, frente al 6% de un asalariado con ingresos similares.
Cuánto podría cobrar cada monotributista al jubilarse
Las simulaciones del IERAL permiten dimensionar la brecha. Para un hombre de Categoría A, 30 años de aportes permitirían financiar apenas el 7% de una jubilación mínima. Con 40 años, el porcentaje subiría al 9%.
En el caso de una mujer de la misma categoría, el ahorro acumulado equivaldría al 4% de la mínima después de 30 años y al 6% tras 40 años.
La situación mejora en la Categoría K, aunque tampoco alcanza para cubrir completamente el haber. Un hombre con 30 años de aportes podría financiar el 56% de una jubilación mínima y llegaría al 75% después de 40 años. Para una mujer, los porcentajes serían del 38% y 50%, respectivamente.
El resultado cambia si se supone que los fondos obtienen una rentabilidad real del 2% anual por encima de la inflación. En ese escenario, un hombre de Categoría K con 40 años de aportes llegaría al 138% de la mínima. Si se contemplara además una pensión para el cónyuge, alcanzaría el 105%. Para una mujer de esa categoría, el cálculo llegaría al 99%.
Menos asalariados y una recuperación salarial desigual
La evolución de los ingresos completa el panorama laboral. En junio de 2026, el salario promedio del sector privado registrado se encontraba apenas 0,8% por debajo de noviembre de 2023, una vez descontado el efecto de la inflación.
Pero la remuneración mediana todavía mostraba una pérdida del 2,6% frente a aquel momento. La diferencia entre ambos indicadores resulta relevante porque el promedio puede verse impulsado por los salarios más elevados, mientras que la mediana permite observar qué sucede con el trabajador situado en el centro de la distribución.
Así, la recuperación de los ingresos no fue homogénea entre los trabajadores, mientras que en paralelo se produjo una reducción del empleo asalariado privado y un crecimiento del universo de monotributistas.
Cuánto deberían aumentar los aportes
El IERAL también calculó qué incremento sería necesario para que los aportes de los monotributistas permitan financiar una jubilación mínima después de 40 años.
Para una persona de Categoría A, el aporte previsional mensual debería aumentar un 778% en el caso de las mujeres: pasaría de $18.247 a $160.298. Para los hombres con pensión, el incremento necesario sería del 725%, hasta alcanzar los $150.600.
Si ese ajuste se aplicara al conjunto de las categorías, la recaudación previsional del régimen podría pasar del 0,04% actual al 0,27% o 0,29% del PBI, según la modalidad utilizada.
El cuadro combina así dos procesos que impactan sobre el futuro previsional: un mercado laboral con menos asalariados registrados y más trabajadores bajo el régimen de monotributo, cuyos aportes actuales resultan insuficientes para financiar por sí solos una jubilación mínima.
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