Al parecer, la Argentina crece en forma exponencial y no se divisan conflictos graves en el horizonte. Por eso, nuestro presidente puede darse el gusto de escribir en el Financial Times sobre la economía europea en el siglo XVII. Se ve, también, que a ese periódico le andan faltando escritores o, podría ser el caso que se hayan usado fondos de todos nosotros para pagar ese espacio.
Lo cierto es que quien gobierna nuestro país se dedicó a publicar un artículo, en tan prestigioso medio, trazando un paralelo entre la Argentina bajo su gobierno y la experiencia de Holanda en el siglo XVII. Como se sabe, se trata del siglo en que esta última se transformó en la potencia hegemónica de Europa y de la economía que estaba bajo su influencia. Para ser más exactos, deberíamos referirnos a las Provincias Unidas, que es el nombre que adquirió esa unidad política durante ese período. Pero, vamos al caso…
¿En qué consiste la comparación? En equiparar la creación de la Compañía Neerlandesa de Indias Orientales (VOC, por sus siglas en el idioma original), como sociedad por acciones y con responsabilidad limitada, en 1602, con un proyecto de ley de su gobierno, para dar personería jurídica a empresas manejadas por IA. Aquella disposición legal nacida en el norte del Viejo Continente, que daba garantías de inembargabilidad a los inversores, habría sido, según nos explica Javier, la razón del despegue del país nórdico. Las leyes que permiten a los ricos hacer lo que les parezca son las que hacen llover inversiones, que luego redundan en una economía robusta y competitiva, parece concluir nuestro mandatario. De tal forma, una ley que desligue por completo a los empresarios de la responsabilidad por empresas IA llevarían a la Argentina al podio.
El artículo no dejó de provocar respuestas. La primera es la de Yuval Harari. Mi tocayo le reprocha a Milei la peligrosidad de dejar a las empresas IA sin control humano. Argumento más que atendible. La segunda provino de los propios pagos y fue escrita nada menos que por Carlos Melconian, en La Nación. Allí, el economista señala que una ley, por sí misma, no tiene la capacidad de atraer inversiones. En cambio, es la estabilidad institucional la que hace creíble las leyes. En el caso de las Provincias Unidas, la creación de la VOC fue el producto de esa credibilidad institucional, no su punto de partida.
En realidad, ambos argentinos se equivocan. Creer que una ley va a cambiar la economía de una sociedad es un verdadero delirio. Los paraísos fiscales del Caribe ofrecen impunidad total para los millonarios, pero eso no los convirtió en economías sólidas y la mayor parte de esa población se hunde en la indigencia. Pero también se equivoca Melconian: las Provincias Unidas, para 1602, estaban en plena guerra civil. No solo eso, además, sus propias instituciones eran un experimento histórico inédito. En particular, la “república” en un contexto de monarquías nobiliarias y del monopolio cultural de la Iglesia Católica. Más aún, hacía poco, de 1566 a 1572, esos estados que ahora se unían habían sufrido una serie de violentos levantamientos plebeyos bajo el nombre de lo que luego se llamó la “furia iconoclasta”. Por lo tanto, como dirían los jóvenes, “no es por ahí…”.
Las Provincias Unidas se transformaron en una potencia por razones que no tienen que ver con lo jurídico ni con lo institucional, sino con lo social y económico. Ante todo, hay que señalar que la compañía representa todo lo contrario al ideario liberal: es una empresa creada por el Estado, que obliga a la fusión de seis empresas menores y le entrega el monopolio del comercio con Asia. Pero ese movimiento no transforma, por sí mismo, a esa compañía en la reina de los mares. ¿Cómo es, entonces, que la VOC se trasformó en lo que es? Obviamente, debido a la superioridad de la producción naval neerlandesa, producto de una reorganización productiva que multiplica la navegación por diez y crea ramas productivas por encadenamiento: cordelería, panadería (para la tripulación), instrumentos náuticos y silvicultura.
Pero los buques tienen que llevar carga. Provincias Unidas se transforma en el principal productor de “nuevos trapos” (telas más baratas y producidas en serie), tinturas, azúcar, tabaco, entre otros productos. Toda esa producción se basa en el aumento poblacional. La provincia de Ámsterdam pasa de 50.000 habitantes, en 1600, a 200.000, en 1650. Eso es consecuencia de una verdadera revolución agrícola, con la eliminación de los barbechos, la aparición de plantas forrajeras, el cultivo de pastos y, lo más importante, la incorporación de nuevas tierras (poulders), mediante la desecación de pantanos, merced a la utilización de molinos de viento. Es decir, el crecimiento estuvo precedido de un exponencial aumento de la productividad global.
Bien, pero vale la pena preguntarse por qué todo este gigantesco despegue económico se produjo en esta región y por qué en este período. La respuesta no está en los cambios técnicos, sino en los cambios sociales. Las nuevas telas se fabricaban bajo un método nuevo: el Verlagsystem o manufactura rural a domicilio. Se trata de una forma de producción nueva, capitalista, que eludía la relación entre el siervo y su señor, así como también la del maestro con el oficial. Lo mismo en la producción naval: se organizaba en empresas privadas donde los trabajadores no cumplían una obligación temporal (corvea) para volver a su aldea, sino con menestrales que trabajaban en forma permanente a cambio de un jornal. Lo que estaba cambiando era la propia organización de la sociedad y, por lo tanto, de las formas de propiedad: de feudal a capitalista.
Esta transformación no fue la consecuencia de un debate y de diferentes propuestas para elevar la productividad. Por más razones que se hubiesen esgrimido, la nobleza castellana, que dominaba el territorio, no habría renunciado a sus rentas (diezmos, millones, alcabalas), ni a sus formas de propiedad (señoríos jurisdiccionales, mayorazgos, manos muertas, etc). Hizo falta que otra clase social se haga cargo de la conducción del país. Es lo que hizo la burguesía, a partir del levantamiento de 1566. Solo un nuevo sujeto histórico, con otros intereses, pudo reorganizar la economía y la sociedad y transformar ese “pantano cenagoso” (como se le decía) en la primera potencia mundial.
Argentina está ante el mismo dilema. La burguesía, clase que llevó al país hasta acá, se ha mostrado incapaz de desarrollar este espacio. Solo una nueva dirección social puede reorganizar la economía y poner en pie un proyecto nuevo, que nos conduzca al lugar que nos merecemos.
* El autor, Fabián Harari, es profesor de la UBA, investigador del CEICS, militante de Vía Socialista.
Te puede interesar también...
-
No sabe, no contesta
-
La previa más tensa: el Gobierno cruzó a la Selección antes de la final del Mundial
-
Se le viene la noche: un informe clave podría complicar la situación judicial de Adorni
-
Milei cuestionó la bandera de Malvinas: «Personas intrascendentes»
-
La peor señal para Milei: ya tiene menos apoyo que Macri en este punto del gobierno
