El sistema de trenes de larga distancia y regionales atraviesa uno de sus momentos más críticos desde que existen registros comparables. A lo largo de 2025, la cantidad de pasajeros transportados tocó el nivel más bajo de los últimos ocho años —si se deja de lado el parate excepcional de la pandemia— en un contexto marcado por cierres de servicios, recortes operativos y encarecimiento de los pasajes.
De acuerdo con un informe elaborado por el Observatorio Social del Transporte (OST), al que accedió este medio, en apenas dos años la red perdió doce servicios de pasajeros, entre ramales de larga distancia y regionales. Esa reducción explica, en buena medida, la caída sostenida de usuarios y el deterioro general del servicio ferroviario fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Los datos oficiales procesados por el OST muestran que en 2025 viajaron en trenes de larga distancia 1.291.202 personas. El número representa una baja del 24,3% respecto de 2024 y una contracción del 37,3% frente a 2023. Con esos guarismos, el año pasado quedó como el peor registro desde 2018, cuando se contabilizaron 1.037.664 pasajeros, siempre excluyendo 2020 por las restricciones sanitarias.
Desregulación, cierres y degradación del servicio
El informe señala que el retroceso no responde a un fenómeno aislado, sino a una orientación definida de la política ferroviaria nacional. La combinación de la Ley Bases, que habilitó la privatización de empresas públicas del sector, y el DNU 525/24 de Emergencia Ferroviaria abrió la puerta a suspensiones de servicios, reducción de personal y recortes operativos. Mientras tanto, las inversiones quedaron concentradas en obras puntuales dentro del AMBA, con el objetivo de valorizar activos para futuras concesiones.
Desde el OST advirtieron que la degradación también se expresa en el funcionamiento cotidiano de los trenes que siguen activos. “Los pocos servicios que quedan en funcionamiento están siendo degradados adrede a través de pasajes cada vez más caros y servicios más lentos, irregulares e inciertos, debido a suspensiones intempestivas decididas por Trenes Argentinos”, anticiparon los especialistas del centro de estudios.
En esa línea, remarcaron que la falta de compra de repuestos, el atraso en el mantenimiento preventivo y la postergación de renovaciones de vías derivan en fallas recurrentes y en un crecimiento sostenido del material fuera de servicio. “Es importante remarcar que una de las consecuencias de la suspensión de la compra de repuestos para coches y locomotoras, y del diferimiento del mantenimiento preventivo y las renovaciones de vías, han sido los desperfectos recurrentes del tren”, analizaron.
El interior, el más golpeado
La caída de pasajeros se replica incluso en los corredores con mayor demanda. El servicio Plaza Constitución–Mar del Plata, que concentra cerca de un tercio de los usuarios del país, registró en 2025 un descenso del 19,5% respecto de 2024 y del 35,8% en comparación con 2023. Algo similar ocurre con Retiro–Rosario y Retiro–Junín, que también muestran mermas de dos dígitos en el último año y retrocesos cercanos al 40% si se miran los últimos dos.
Para Eduardo Toniolli, doctor en Ciencia Política y referente del OST, el esquema repite una lógica ya conocida: “La política ferroviaria del gobierno de Milei puede resumirse en una fórmula sencilla que ya sufrimos los argentinos en los ’90, donde se realizan algunas obras en el AMBA para atraer a privados y que se hagan cargo de las concesiones, mientras se degrada y cierran los servicios de pasajeros del interior del país”.
Según explicó, se trata de un proceso deliberado que busca desincentivar el uso del tren fuera de los grandes centros urbanos. “Se trata de un proceso de degradación planificada, para que -llegado el momento- los usuarios que queden no se quejen demasiado por el cierre definitivo de los corredores”, sostuvo.
Ramales dados de baja y alerta por el patrimonio público
Entre los servicios de larga distancia que dejaron de funcionar figuran, entre otros, Retiro–Palmira, Retiro–Justo Daract, Once–Pehuajó (recortado hasta Bragado), Retiro–Tucumán, Retiro–Córdoba y el enlace Buenos Aires–Bahía Blanca, cuya no reanudación se oficializó durante la actual gestión. A eso se suma la eliminación del servicio expreso de fines de semana entre Retiro y Rosario.
También quedaron fuera de circulación varios trenes regionales y turísticos, como General Guido–Divisadero de Pinamar, Rosario–Cañada de Gómez, La Banda–Fernández, Mercedes–Tomás Jofré y Córdoba–Villa María.
Desde el Observatorio Social del Transporte alertaron que el ajuste no solo afecta la movilidad cotidiana, sino también el patrimonio público ferroviario, en un contexto donde el Gobierno avanza con la venta de más de 300 terrenos e inmuebles en todo el país, muchos de ellos estratégicos para la logística y la conectividad regional.
“El tren es logística para el desarrollo nacional y movilidad urbana e interurbana”, resaltaron desde el OST. Y cerraron con una advertencia contundente: “Estamos frente a un intento por llevar adelante un segundo ferrocidio, al que hay que ponerle un freno para que no sea el definitivo”.
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