La violencia como modo: uno de cada seis tuits de Milei son insultos

Un informe de FOPEA expone el uso sistemático del agravio presidencial en X, con periodistas y medios como blancos recurrentes.

Un informe del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) puso el foco en la estrategia comunicacional del presidente Javier Milei en la red social X. El estudio señala que, desde el inicio de su mandato y hasta septiembre de 2025, una porción significativa de sus publicaciones tuvo como eje el ataque personal, con periodistas y medios de comunicación.

El estudio, titulado “El insulto como estrategia. Un análisis de 113.000 tuits de Milei”, analizó la totalidad de los mensajes publicados y republicados por el Presidente desde el inicio de su mandato hasta septiembre de 2025. Según FOPEA, el 15% de esas intervenciones tuvo un contenido ofensivo dirigido a personas, colectivos, empresas, periodistas y medios de comunicación. En números absolutos, el relevamiento contabilizó 16.806 insultos en ese período.

La investigación sostiene que Milei “marcó el inicio de una forma de comunicación plagada de ofensas hacia quien piensa diferente”, con un tono que se mantiene incluso frente a contextos críticos como los incendios que afectan al sur del país. Entre los blancos principales aparecen 62 periodistas y comunicadores y 14 medios, a quienes el Presidente atacó de manera reiterada desde su cuenta personal.

Las expresiones utilizadas no se limitaron a descalificaciones aisladas. FOPEA detectó una recurrencia sistemática de términos estigmatizantes y adjetivos degradantes. Más de la mitad de los mensajes ofensivos contienen calificativos despectivos directos, mientras que otro segmento relevante apela a la estigmatización, un mecanismo que —según el informe— apunta a etiquetar y marginar a determinados grupos, promoviendo la discriminación y la exclusión social.

Entre las palabras más utilizadas para el agravio figuran “kuka” (2.286 menciones), “casta” (1.815), “delincuente” (1.023), “mandril” (904), “corrupto” (654) y “ensobrado” (644), además de otras como “violento”, “degenerado”, “mentiroso” y “terrorista”. El término “ensobrado” aparece casi exclusivamente asociado a periodistas, mientras que “mandril” y sus derivados se repiten en ataques contra figuras como Marcelo Bonelli y María O’Donnell, entre otros.

FOPEA también identificó patrones discursivos específicos que atraviesan los mensajes presidenciales. El informe señala la animalización del lenguaje, la sexualización y el uso de lo repulsivo como ejes centrales de los insultos. Estas formas de expresión, remarca el trabajo, no aparecían como una tendencia constante en escenarios políticos anteriores.

Los ataques al periodismo constituyen uno de los capítulos más sensibles del relevamiento. El informe recupera frases textuales utilizadas por el propio Presidente, como “No odiamos lo suficiente a los periodistas” o “Los trolls pagos son los periodistas”, y describe un abanico de prácticas que van desde la descalificación personal hasta la deslegitimación profesional, la acusación criminal y la incitación indirecta al ataque.

El estudio también advierte sobre la amplificación coordinada de estos mensajes. En el caso del término “mandril”, Milei y un pequeño grupo de cuentas vinculadas al ecosistema libertario concentraron el 68% de la difusión total, un comportamiento que —según FOPEA— excede los patrones habituales de circulación en redes sociales y sugiere una dinámica organizada de viralización del lenguaje agresivo.

“El 70% de los tuits dirigidos a actores del campo mediático contienen términos despectivos o estigmatizantes”, señala el informe, que además alerta sobre las consecuencias de este clima de hostigamiento: la autocensura como mecanismo de defensa frente a un escenario de agresión constante. “El precio del silencio es elevado. Aunque la libertad de expresión no muere de un día para otro, lo que ocurre es que se van apagando voces a modo de goteo”, concluye el trabajo.

El relevamiento fue realizado en el marco del Data Journalism Visualization Bootcamp de FOPEA y aparece en un contexto donde amplias regiones del país enfrentan emergencias ambientales de gran magnitud. En ese escenario, el informe vuelve a instalar el debate sobre las prioridades del discurso presidencial y el impacto institucional de una estrategia basada en el agravio permanente.

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