Desde USINA, el observatorio de Kilómetro Cero, destacaron que la industria porteña atraviesa uno de sus momentos más difíciles de los últimos años. Desde noviembre de 2023 se perdieron casi 17 mil puestos de trabajo industriales en la Ciudad de Buenos Aires, una caída cercana al 10%, que recortó prácticamente toda la recuperación del empleo que se había producido después de la pandemia. La producción de bienes acumula al primer trimestre de 2026 una caída del 12% en comparación con el mismo período de 2023.
Sin embargo, desde el observatorio remarcaron que la crisis no debe confundirse con falta de relevancia. La Ciudad continúa siendo la segunda jurisdicción industrial del país, detrás de la provincia de Buenos Aires y por encima de Santa Fe y Córdoba. CABA concentra alrededor del 17,5% de las empresas industriales argentinas, el 14% del empleo industrial registrado y el 12% del producto manufacturero nacional.
Una de las particularidades de esa industria es que muchas veces pasa inadvertida. No responde necesariamente a la imagen tradicional de grandes plantas y chimeneas, sino a una producción integrada a la trama urbana, con una fuerte presencia de PyMEs y orientada principalmente al mercado interno. Hay fábricas, laboratorios y talleres funcionando en medio de los barrios, vinculados cotidianamente con el comercio, los servicios y la vida de la Ciudad.
Algunos ejemplos ayudan a dimensionar ese entramado: a metros de la Casa Rosada, el laboratorio Andrómaco produce el tradicional Hipoglós; en la industria alimenticia aparecen empresas históricas como Jorgito; mientras que firmas como Prüne expresan la persistencia de la producción de cuero y marroquinería. A eso se suman gráficas, textiles, talleres metalmecánicos y empresas de equipamiento médico distribuidas en distintos barrios porteños. No es una industria separada de la Ciudad: forma parte de ella.
Para USINA, justamente ahí está uno de los principales desafíos hacia adelante. La industria urbana se transformó y la política pública tiene que acompañar esa transformación. En una Ciudad que concentra universidades, hospitales, conocimiento y capacidades tecnológicas, existe un enorme potencial para vincular más estrechamente esas instituciones con el entramado productivo y pensar de manera conjunta producción, trabajo y desarrollo urbano.
Esa discusión cobra todavía más relevancia porque la industria viene perdiendo lugar dentro de la economía porteña desde hace años. En 2004 representaba el 16,2% del Producto Bruto Geográfico de la Ciudad; en 2025, apenas el 9,3%. Desde USINA sostienen que parte de esa trayectoria se relaciona con una falta de orientación de la política pública local. Durante las casi dos décadas de gobiernos del PRO, la industria fue quedando progresivamente invisibilizada tanto en las políticas como en el discurso oficial, a pesar de continuar siendo uno de los entramados económicos más importantes de Buenos Aires.
Desde USINA sostienen que hace falta profundizar una mirada común sobre el trabajo y la producción en la Ciudad como primer paso para construir una estrategia de desarrollo productivo. Buenos Aires no necesita inventar una industria que no existe: necesita reconocer la que todavía tiene, evitar que siga perdiendo capacidades y pensar cómo transformarla hacia el futuro.
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