10 de febrero de 2026

La letra chica del acuerdo con Estados Unidos desnuda el entreguismo libertario

El texto oficial, difundido solo en inglés, contradice el relato del Gobierno y deja amplios márgenes de control en manos de Estados Unidos.

Argentina y Estados Unidos firmaron un acuerdo comercial que expone una relación profundamente asimétrica. Según el documento oficial, nuestro país asume 113 obligaciones, mientras que apenas ocho compromisos son recíprocos y solo dos corresponden exclusivamente a Washington. El texto fue difundido por la embajada norteamericana en inglés y nunca apareció publicado en castellano por la Cancillería, que aun así emitió un comunicado celebrando supuestos logros que no figuran en la letra chica.

Uno de los puntos centrales del convenio habilita el ingreso de productos estadounidenses sin controles adicionales. Las aprobaciones de organismos de ese país pasan a tener validez automática en Argentina. De este modo, la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) resulta suficiente para importar medicamentos, alimentos y químicos, mientras que el Servicio de Inocuidad e Inspección de los Alimentos (FSIS) reemplaza en la práctica al SENASA local para carnes, aves y derivados.

Apertura sin beneficios para el agro

Lejos de favorecer a los sectores productivos locales, el acuerdo amplía la apertura en rubros sensibles sin contrapartidas relevantes. Se establecen cupos anuales de ingreso sin aranceles para bienes estadounidenses como 80.000 toneladas de carne, 1.000 toneladas de queso, 10.000 automóviles y grandes volúmenes de alimentos, bebidas y maquinaria agrícola e industrial. En varios casos, como tractores, cosechadoras, insumos químicos y equipamiento hospitalario, la importación queda liberada sin límites.

En contraposición, el Gobierno difundió la existencia de un supuesto cupo de 100.000 toneladas de carne argentina para ingresar sin aranceles a Estados Unidos, pero esa concesión no figura en el texto firmado. Incluso, desde el propio oficialismo admitieron la inconsistencia.
Es una decisión del Gobierno de Estados Unidos que no está comprendida dentro del acuerdo“, sostuvo Pablo Quirno, ministro de Relaciones Exteriores, en una entrevista televisiva reciente.

Ventajas estructurales para empresas estadounidenses

El acuerdo otorga un trato preferencial a las compañías de Estados Unidos en áreas estratégicas como energía, minería, telecomunicaciones, transporte e infraestructura. Argentina se compromete a facilitar inversiones en la exploración de minerales críticos y recursos energéticos, además de garantizar que las firmas estadounidenses no reciban un trato menos favorable que empresas nacionales o de terceros países.

Las empresas de Estados Unidos tienen que ser las primeras notificadas cuando se abran licitaciones de petróleo y minería”, destaca Eduardo Martínez, analista internacional y geopolítico.

Además, el país acepta coordinar su política comercial con eventuales medidas que Washington adopte por razones de “seguridad nacional” y cooperar activamente con sanciones y controles comerciales impulsados por Estados Unidos, incluso frente a terceros países. En el plano energético y nuclear, el texto limita la posibilidad de adquirir tecnología, combustible o insumos provenientes de naciones como China y Rusia.

Supervisión externa y límites al desarrollo industrial

El convenio también restringe la política industrial local. Argentina no puede aplicar impuestos considerados “discriminatorios” para empresas estadounidenses ni subsidiar compañías públicas de un modo que, según el acuerdo, distorsione el comercio internacional. Ante un requerimiento de Washington, el Estado argentino debe brindar información detallada sobre las asistencias otorgadas a fabricantes nacionales.

Para Juan Gabriel Tokatlian, doctor en Relaciones Internacionales, el resultado refleja una falta de negociación real.
No parece que hubiera existido una negociación, sino una concesión por parte de la Argentina. Lo único que se defendió fue la preferencia coyuntural de un gobierno, no los intereses nacionales”, sostuvo en diálogo con Página|12.

En la misma línea, Guido Bambini, investigador del CEPA, advirtió:
Uno hubiera pensado que iba a ser un acuerdo para ingresar más productos agrícolas a Estados Unidos, que tampoco hubiera generado puestos de trabajo porque es un sector poco intensivo en generación de empleo. Pero ni siquiera, esto es más desigual aún”.

Qué recibe Argentina a cambio

Los beneficios concretos para el país resultan escasos. Estados Unidos elimina aranceles para una lista reducida de productos como té, mate, mangos, algunas frutas tropicales, ciertos jugos y café. En acero, aluminio y productos farmacéuticos de origen animal destinados a aviación civil, se mantiene el arancel estándar del 10%, sin mejoras adicionales.

Los beneficios para Argentina son muy acotados. En algunos casos solo se propone eliminar aranceles adicionales que Trump impuso en abril, no hay una mejora. Además incluye muchos bienes en los que Argentina no es exportador”, explicó Julieta Zelicovich, investigadora de Fundar.

Tokatlian también cuestionó el proceso político del acuerdo:
El gobierno argentino se dio el lujo de no consultar a empresarios, trabajadores y políticos sobre el avance de sus encuentros”. Y agregó: “Los actores sociales y partidistas potencialmente afectados por lo firmado jamás mostraron una mínima capacidad de acción colectiva”.

Entrada en vigencia y salida posible

El texto establece que el acuerdo entra en vigor 60 días después de que ambas partes certifiquen el cumplimiento de los procedimientos legales internos, lo que incluye la aprobación del Congreso argentino. Cualquiera de los dos países puede denunciarlo, pero debe notificar la decisión con seis meses de anticipación. Mientras tanto, la letra chica ya deja en evidencia un vínculo donde Argentina concede mucho más de lo que recibe.

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