Argentina quedó al frente del ranking latinoamericano de morosidad del crédito privado y se ubicó entre los países con mayores dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras a nivel global. De acuerdo con un informe de la consultora 1816, la cartera irregular llegó al 7,6% del crédito al sector privado, muy por encima de los registros de las principales economías de la región.
El dato aparece en un contexto de fuerte crecimiento del endeudamiento de las familias. Aunque junio mostró una pequeña mejora, después de 19 meses consecutivos de deterioro, distintos indicadores incluidos en el relevamiento advierten que el problema está lejos de resolverse.
Argentina quedó muy por encima del resto de América Latina
La distancia con los países de la región resulta significativa. Ecuador, que aparece segundo en el ranking, registra una cartera irregular del 4,5%, mientras que Perú llega al 4%, Brasil al 3,9%, Bolivia al 3,1%, Colombia al 3%, Chile al 2,4% y México al 2,2%.
En el otro extremo se encuentra Nicaragua, con apenas 1% de créditos en situación irregular.
La comparación internacional tampoco resulta favorable para Argentina. Entre 98 países con un PBI superior a los 20.000 millones de dólares incluidos en el relevamiento, el país aparece en el puesto 12 entre los que presentan mayor nivel de mora.
Nigeria se encuentra inmediatamente por encima, con 8,1%. Apenas cinco décimas separan a ambos países. En la parte superior del ranking aparecen Argelia, Bangladesh, Ghana, Irak, Angola y Ucrania, entre otros.
La diferencia con algunas economías desarrolladas es todavía más marcada. Suecia y Noruega presentan una cartera irregular de apenas 0,4%, Canadá e Israel de 0,7%, Suiza de 0,8%, Reino Unido de 0,9% y Estados Unidos de 1%.
La leve mejora de junio no despeja el problema
El dato que destacó el Gobierno fue la interrupción de una extensa escalada de la morosidad. Después de 19 meses de aumentos consecutivos, la cartera irregular total pasó de 7,7% en mayo a 7,6% en junio.
La mejora también alcanzó a los hogares: la mora de las familias bajó de 12,8% a 12,7%. En las empresas, en cambio, permaneció sin cambios en 3,5%.
El informe de 1816 calificó el resultado como «una muy buena noticia». Sin embargo, la evolución previa muestra la magnitud del deterioro: en octubre de 2024, la mora total era de apenas 1,5%, mientras que la correspondiente a las familias alcanzaba 2,5% y la de las empresas 0,7%.
Por eso, el retroceso registrado en junio todavía no permite hablar de un cambio de tendencia.
De hecho, la consultora advirtió: «La irregularidad continuó aumentando en la mayoría de las entidades financieras». Durante ese mes, la mora de las familias creció en 18 de las 30 principales entidades del sistema. Además, los préstamos otorgados por entidades no financieras alcanzaron una morosidad del 33%.
Aguinaldo y refinanciaciones, dos factores detrás del freno
Una de las claves para interpretar la baja de junio está en el calendario de ingresos. El cobro del medio aguinaldo les permitió a muchos trabajadores formales utilizar parte de ese dinero extraordinario para ponerse al día con cuotas atrasadas, tarjetas y préstamos.
Eso significa que la reducción de la mora puede estar vinculada, al menos parcialmente, a un ingreso excepcional y no necesariamente a una recuperación permanente de la capacidad de pago de los hogares.
A ese factor se suma el fuerte aumento de las refinanciaciones. Según 1816, el saldo refinanciado equivale al 3,4% del crédito total de las familias y al 0,7% del financiamiento destinado a empresas.
«Estas refinanciaciones, récord en décadas, probablemente hayan contribuido a que la mora deje de aumentar en junio», sostuvo la consultora.
El dato resulta relevante porque una refinanciación no supone necesariamente la desaparición de la deuda: puede implicar simplemente extender los plazos y trasladar hacia adelante la obligación.
Los hogares recurren al crédito para cubrir gastos cotidianos
El deterioro de la capacidad de pago también se refleja en el uso que hacen las familias del financiamiento. Tarjetas, préstamos personales y nuevas plataformas financieras pasaron a funcionar cada vez más como una herramienta para cubrir gastos corrientes.
El aumento de los costos de servicios esenciales, combustibles, transporte y otros consumos básicos redujo el margen disponible de los hogares. Cuando una mayor parte de los ingresos se destina a gastos indispensables, el crédito comienza a ocupar el espacio que antes cubrían los salarios.
A eso se suma el costo del financiamiento. Las tasas elevadas encarecieron los préstamos personales y los saldos de las tarjetas, mientras que el spread bancario mantuvo elevado el precio final que pagan quienes necesitan financiamiento.
El propio informe de 1816 advierte que «las entidades financieras no tienen demasiado incentivo a volver a impulsar fuerte el crédito a familias y empresas».
La mora golpea con más fuerza a los jóvenes
Los datos del denominado «Mapa de la Deuda», elaborado por el Centro de Estudios de la Ciudad junto con la Fundación Friedrich Ebert, muestran que el problema tiene un impacto especialmente fuerte entre los menores de 35 años.
En ese grupo, las tasas de mora superan el 25% y, dependiendo del tipo de acreedor, llegan hasta el 50%. Además, el 36% de esos deudores concentra sus obligaciones en neobancos, por encima de la participación observada en entidades financieras tradicionales.
El problema también presenta fuertes diferencias según el territorio.
La Rioja registra la mayor proporción de mora sobre el monto adeudado, con 23,9%. Le siguen San Luis, con 22,2%; Santa Cruz, con 21,9%; Catamarca, con 21,5%; y San Juan, con 20,5%.
En el otro extremo aparecen La Pampa, con 9%; la Ciudad de Buenos Aires, con 11,7%; Entre Ríos, con 13,3%; Santa Fe, con 14,3%; y Córdoba, con 15%.
Más de 3,6 millones de personas tienen deudas consideradas irrecuperables
Otro relevamiento, realizado por el Instituto Argentina Grande a partir de información de la Central de Deudores del Banco Central, dimensionó todavía más el problema.
El estudio estimó que 3,6 millones de personas cuentan con al menos una línea de crédito considerada «irrecuperable», es decir, con atrasos superiores a un año. La cifra representa 1,7 millones de personas más que un año atrás.
Si se incorporan quienes acumulan atrasos superiores a 90 días, el universo llega a 5,8 millones de personas.
Además, la mitad de las líneas consideradas irrecuperables corresponde a montos inferiores a 309.000 pesos. El endeudamiento promedio de quienes se encuentran en esa situación es 53,7% menor al de los deudores que continúan pagando regularmente.
El informe resume la situación con una conclusión contundente: «Los deudores ‘irrecuperables’ no se endeudaron para comprar un inmueble o bienes durables como un auto; el análisis de los montos muestra una realidad más cruda: se endeudaron para pagar el supermercado, hacer un arreglo en la casa o pagar los servicios».
El dato expone el cambio en el destino del crédito: para una parte creciente de los hogares, endeudarse ya no significa anticipar una compra, sino conseguir el dinero necesario para llegar a fin de mes.
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