La comida se volvió inaccesible: el salario mínimo alcanza para alimentarse solo medio mes

Un relevamiento en 84 localidades expone cómo la suba de precios empuja a los hogares a recortar alimentos básicos y modificar su dieta.

El ingreso mínimo legal ya no garantiza la alimentación durante todo el mes. En 2025, el Salario Mínimo, Vital y Móvil solo cubre poco más de la mitad del tiempo necesario para afrontar los gastos de comida básica, según el primer informe anual sobre la Canasta Básica Alimentaria (CBA) elaborado por la Fundación Colsecor. El estudio releva la evolución de precios entre 2021 y 2025 en 84 localidades de diez provincias y describe un deterioro sostenido del poder adquisitivo de los sectores con menores ingresos.

De acuerdo al relevamiento, el costo promedio mensual de la CBA para un adulto equivalente ronda los 153.526 pesos en 2025. Ese valor sintetiza un proceso de encarecimiento persistente que se acelera a partir de 2022 y que no encuentra una actualización equivalente del salario mínimo. En enero, el SMVM se ubica en 341.000 pesos para quienes cumplen la jornada legal completa, una cifra que ya no alcanza para cubrir un mes entero de alimentación básica.

La comparación histórica resulta contundente. En 2021, el salario mínimo permitía cubrir la Canasta Básica Alimentaria durante los 30 días del mes. Cuatro años después, esa cobertura se reduce en casi 13 días, tanto para un adulto como para una familia tipo. La pérdida de poder de compra se repite año tras año, sin interrupciones, y consolida una tendencia descendente frente al precio de los alimentos.

“Si se mide en dólares oficiales, la Canasta Básica Alimentaria aumentó 23,8 por ciento entre 2021 y 2025, y en ese mismo período el salario cubrió 13 días menos de alimentación básica que en el inicio de la serie”, señaló Gerardo Sánchez, economista y asesor de la Fundación Colsecor. En la misma línea, el informe remarca que durante 2024 el costo de la canasta medido en dólares oficiales alcanza su punto más alto del período, con un valor 35,7 por ciento superior al de 2021.

El salto acumulado de precios resulta difícil de dimensionar: entre diciembre de 2021 y diciembre de 2025, la CBA aumenta un 1.659 por ciento, lo que implica que el costo de alimentarse se multiplica más de 17 veces en apenas cuatro años. El tramo más crítico se registra entre fines de 2022 y 2023, cuando la suba interanual llega al 210 por ciento. A eso se suman incrementos del 30 por ciento entre 2021 y 2022, del 107 por ciento entre 2023 y 2024 y del 111 por ciento entre 2024 y 2025.

El informe también compara la evolución de la canasta con el Índice de Precios al Consumidor del INDEC. Ambas curvas avanzan de manera similar, en gran medida por el peso que tienen los alimentos dentro del índice general. Sin embargo, el contraste con el salario mínimo deja al descubierto el impacto concreto de la inflación sobre los ingresos más bajos del mercado laboral formal.

El análisis por rubros muestra además que el ajuste no se distribuye de forma pareja. Entre 2021 y 2022, las frutas y verduras encabezan los aumentos, con una suba del 172,8 por ciento. En el período siguiente, los cereales y legumbres lideran las alzas, con un incremento del 448,2 por ciento. Durante 2023-2024, los lácteos registran el mayor aumento, con un 163,1 por ciento, mientras que entre 2024 y 2025 la carne vacuna se convierte en el rubro más golpeado, con una suba del 71,9 por ciento. “El bloque de carne vacuna es el de mayor peso y el que más cambios tuvo, el que se ‘atrasó’ con respecto al precio de los demás alimentos durante los años 2022-2024 y recuperó todo lo que había perdido, en términos relativos, durante el 2025”, señala el informe de Colsecor.

Sánchez advierte que esta dinámica impacta de manera directa sobre la vida cotidiana de los hogares, ya que los mayores aumentos se concentran en productos de consumo diario y de difícil reemplazo. La combinación de precios en alza y salarios que corren desde atrás obliga a reducir cantidades, cambiar marcas o directamente eliminar alimentos de la dieta.

El trabajo, coordinado por la socióloga Natalia Calcagno, permite establecer el ingreso necesario para cubrir las necesidades alimentarias básicas en cada localidad, un valor que define la línea de indigencia. Para la medición, el equipo releva los precios de los alimentos definidos por el INDEC y toma como referencia los requerimientos calóricos mensuales de un adulto equivalente —un varón de entre 30 y 60 años con actividad moderada—. Con esa base metodológica, el informe anual ordena y analiza la evolución de los precios y su relación con los ingresos mínimos.

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