El cambio de estrategia de Donald Trump frente a la crisis venezolana dejó mal parado al Gobierno de Javier Milei, que había tomado partido de manera explícita por un esquema de transición encabezado por la oposición antichavista. La decisión de Washington de avanzar en negociaciones directas con figuras del oficialismo de Caracas desarmó esa posición y volvió a mostrar la fragilidad del vínculo político entre la Rosada y la Casa Blanca.
Milei buscó ubicarse como uno de los primeros presidentes en reclamar que, tras la salida forzada de Nicolás Maduro, el poder en Venezuela quedara en manos de Edmundo González Urrutia y Corina Machado. Incluso, luego del anuncio de Trump sobre el desplazamiento de Maduro, la Cancillería difundió un comunicado con recomendaciones explícitas hacia Estados Unidos sobre cómo debía organizarse el nuevo escenario político.
«El Gobierno argentino espera y apoya que esta nueva situación haga posible que las autoridades legítimamente elegidas por el pueblo venezolano en las elecciones celebradas en 2024, incluido el presidente electo Edmundo González Urrutia, puedan finalmente ejercer su mandato constitucional conforme a la voluntad popular expresada en las urnas y a las normas democráticas vigentes, destacando asimismo el liderazgo de María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, en la defensa de la democracia y la libertad en Venezuela», señaló el texto oficial.
Sin embargo, la hoja de ruta que empezó a delinear Washington fue en otra dirección. Trump se encargó de marcar distancia de Machado, a quien directamente desestimó como figura para conducir la transición. González Urrutia, que días atrás apareció junto a Milei en el balcón de la Casa Rosada, ni siquiera figuró en las menciones del expresidente estadounidense. En su lugar, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, abrieron conversaciones con Delcy Rodríguez, vicepresidenta del gobierno chavista.
Rubio profundizó esa línea y dejó en claro que la prioridad de Estados Unidos no pasa por un proceso electoral inmediato en Venezuela. «Es muy prematuro para eso», afirmó el funcionario, antes de transparentar el enfoque de la Casa Blanca: «Nos importa la democracia y todo eso, pero lo primero que nos importa es la seguridad y prosperidad de Estados Unidos».
El giro también reavivó críticas internas por la política exterior de Milei. Meses atrás, el Presidente viajó a Oslo para participar de la entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado, una visita que terminó abruptamente y sin rédito político, ya que la dirigente venezolana ni siquiera llegó a tiempo a la ceremonia. El periplo, que implicó un gasto millonario, hoy aparece todavía más desdibujado a la luz de la nueva estrategia estadounidense.
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