La baja de la inflación no alcanza: crece el recorte de alimentos en los hogares

Un relevamiento social advierte que el ajuste libertario impacta en la cantidad y calidad de las comidas diarias.

La desaceleración de los precios de los alimentos durante los últimos meses no logró mejorar la situación en los hogares del Conurbano bonaerense. Por el contrario, distintos indicadores sociales muestran que el deterioro del poder adquisitivo continúa golpeando con fuerza y obliga a cada vez más familias a resignar consumos básicos.

Un informe reciente del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI) expone con claridad este escenario: el 77% de los hogares consultados reconoce que dejó de comprar alimentos esenciales por falta de ingresos. La situación no se limita a sectores sin empleo, sino que también alcanza a trabajadores formales y jubilados.

Durante mayo, los precios de los alimentos registraron subas más moderadas en comparación con el inicio del año. Según el Índice Barrial de Precios, los productos básicos aumentaron en promedio un 1,52%. Sin embargo, esa desaceleración no implicó un alivio real para las familias.

El problema central se encuentra en la pérdida acumulada del poder de compra. Aunque los incrementos mensuales resultan más bajos, los ingresos siguen sin acompañar el costo de vida. En ese contexto, el consumo se ajusta por cantidad: no se trata solo de elegir marcas más económicas, sino directamente de dejar de comprar.

El mismo informe indica que una familia tipo necesita más de $630.000 para cubrir la Canasta Básica de Alimentos y supera el millón cuatrocientos mil pesos para afrontar el total de gastos mensuales.

Menos comida en la mesa

El dato más crítico del relevamiento refleja un cambio profundo en los hábitos alimentarios. El 66% de los hogares asegura que tuvo que eliminar al menos una comida diaria por razones económicas.

Además, se registra un reemplazo creciente de productos nutritivos por opciones más baratas y de menor calidad. Lácteos, carnes, frutas y verduras aparecen entre los primeros recortes cuando el dinero no alcanza.

En paralelo, el 86% de las familias admite atravesar un nivel de estrés económico constante, vinculado a la dificultad para cubrir gastos básicos.

Aumentos selectivos que presionan el bolsillo

A pesar de la desaceleración general, algunos productos acumulan subas importantes en lo que va del año. La leche lidera con un incremento del 25%, seguida por el azúcar, el pan y las lentejas, todos por encima del promedio del rubro almacén.

En frutas y verduras también se observan aumentos significativos, con la cebolla, la acelga y la papa entre los productos que más subieron. En carnes, los cortes más económicos registran los mayores incrementos, lo que agrava aún más el acceso para los sectores populares.

Otro de los ejes del informe es el crecimiento del endeudamiento cotidiano. Cada vez más familias recurren a tarjetas, préstamos o compras fiadas para sostener gastos básicos.

Este mecanismo genera un círculo difícil de romper: una mayor proporción de los ingresos se destina al pago de deudas, lo que reduce aún más el dinero disponible para alimentos.

Una mejora que no llega

El escenario describe una paradoja: los indicadores inflacionarios muestran una tendencia a la baja, pero el acceso a la comida se deteriora. La estabilidad de precios aparece como un dato insuficiente frente a la falta de recomposición de ingresos.

Sin una recuperación del poder adquisitivo, el ajuste seguirá trasladándose a la mesa de los hogares, con consecuencias directas en la alimentación y la calidad de vida de millones de familias.