3 de marzo de 2024

Guerra Ucrania-Rusia: cómo impacta en la energía y los alimentos

Por Grupo de Trabajo de Desarrollo Económico Justo y Sostenible y Grupo de Trabajo sobre Eurasia.-

La crisis de Ucrania, en actual desarrollo, puede llegar a tener múltiples efectos en términos geopolíticos en un futuro inmediato, tanto a escala regional, como así también a escala global. También se empiezan a observar las consecuencias económicas de dicha crisis, y cómo puede afectar a países que se encuentran alejados a miles de kilómetros de la zona de conflicto, particularmente a nuestro país, la Argentina.

En este sentido, se puede observar que la situación crítica supone la emergencia de diferentes problemas y posibles oportunidades para la Argentina en términos económicos. Así, ya en estas primeras semanas se pueden distinguir los efectos de la crisis en distintos sectores económicos estratégicos, entre los que destacan particularmente dos: por un lado, el energético, y por el otro, el de alimentos.

Sector energético

La crisis ha demostrado, ya desde el momento previo a su inicio, que el sector energético es central en cuestiones geopolíticas. Como proveedora del 40% del gas que se consume en Europa, la intervención de Rusia ha generado un fuerte impacto. Inclusive, las reacciones y posiciones tomadas por cada país europeo han variado en función de sus diferentes grados de dependencia del gas ruso. Así, por ejemplo, países como Italia (el cual importa el 40% del gas que consume desde Rusia) y Alemania (que importa también algo más del 35%), han optado por posiciones inicialmente cautelosas de cara al conflicto. Otros, como Hungría, que es altamente dependiente de la provisión, han marcado un alineamiento estratégico mayor con el Kremlin. De esta manera, es central notar que la mayor parte del gas ruso que abastece a Europa circula a través del gasoducto Nord Stream 1, tendido que atraviesa el territorio ucraniano.

Recientemente ha sido suspendida, como medida de sanción económica contra Rusia adoptada  por Alemania, la habilitación del gasoducto Nord Stream 2, el cual conecta directamente a ambos Estados, sin pasar por ningún intermediario, cuyo tendido atraviesa el Mar Báltico.

Europa importa el 80% del gas natural que consume, siendo Rusia el principal proveedor de gas natural, a través de sus gasoductos. Además, la cantidad de gas ruso exportado a Europa ha ido en aumento a lo largo de la última década.

Aún en el campo de la provisión de Gas Natural Licuado (GNL), Rusia tiene un rol central en el mercado europeo, habiendo provisto aproximadamente el 20% del GNL importado por Europa en 2021.

Los precios del gas se dispararon producto de la crisis. El 24/2, día del inicio de las acciones militares rusas en Ucrania, los precios en Europa subieron un 60%, hasta rozar los 125 euros por megavatio hora.

Además de ser un actor central en el mercado del gas natural, Rusia es uno de los principales países productores y exportadores de petróleo. Se posiciona, más allá de eventuales variaciones en algún año, como 2° o 3° productor y exportador mundial, produciendo una cifra cercana al 10% del mismo. Además, algo más del 40% del crudo consumido por la UE proviene de Rusia.

Las estimaciones originales del Banco Mundial, visto que en 2021 el precio del petróleo había ido en ascenso a lo largo de todo el año, respaldado además por el alza del precio del gas natural, suponían que el precio del petróleo crudo alcancen un promedio de U$D 74 por barril para el año 2022. Este diagnóstico era compartido por la U.S. Energy Information Administration (EIA). Lejos de corroborarse dichos pronósticos, el precio del petróleo crudo ha ido en alza durante enero y febrero de 2022, posicionándose cerca de los U$D 100 en sus distintas formas de cotización (en febrero, el precio medio del barril OPEP es de u$93,18, habiendo llegado a los U$D 97,94 el 22/2; el precio medio del barril Brent ha estado en U$D 96,28, habiendo llegado a los U$D 98,95 el 21/2, y descendiendo a U$D 98,73 el 22/2; y el precio medio del barril WTI ha sido de U$D 91,23, llegando a u$92,11 el 22/2). Las variaciones de precio  del barril en los últimos doce meses también han sido considerables (54,59% el Brent, 52,65% OPEP y 54,52% WTI)

El alza del precio del barril produce no solo el encarecimiento de los combustibles y los diferentes productos obtenidos a partir del petróleo, sino también agrava las subidas inflacionarias, ya que impacta en las distintas cadenas de valor, encareciendo así las materias primas, la energía, el transporte, los alimentos.

En el caso de los países latinoamericanos, aun los que producen petróleo (como México, Brasil o Argentina), cuando el precio del barril escala por encima de los u$80, genera inflación de precios para el consumidor. Particularmente, esta situación se debe a que son países que no cuentan con la capacidad suficiente para refinar el petróleo necesario para producir combustibles y abastecer la demanda interna de sus mercados. Por esta razón, deben importar combustibles (gasolina, gasoil, fueloil, etcétera), pese a que son productores, y hasta tienen grandes empresas estatales o con participación estatal para la producción petrolera (PEMEX, PETROBRAS e YPF),

En nuestro país el impacto es inevitable, dado que Argentina tuvo una balanza energética deficitaria en 2021, y se espera esta situación se repita en 2022. En este marco, la salida de divisas para la importación se agravará, en la medida que suban los precios, tanto de los combustibles derivados del petróleo, como así también del gas natural, lo cual genera como resultado una mayor presión sobre una balanza energética ya deficitaria, agudizando la restricción externa.

Esta situación tiene lugar en un escenario de escasez de reservas, en simultáneo con negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en los que se hace acuciante la necesidad del país de reducir la sangría de moneda extranjera, con el fin de tener una mayor disponibilidad de divisas para afrontar el repago de la deuda, tanto con el organismo internacional, como con otros acreedores.

De esta manera, Argentina se ve obligada a importar combustibles, debido a su incapacidad para refinar todo el petróleo que produce, y abastecer la demanda interna. También, debe importar gas, en la medida que existe una brecha entre el gas que extrae y puede transportar para satisfacer su mercado local, y la demanda del mismo. En este sentido, importa gas natural desde Bolivia, y gas licuado transportado por vía marítima mediante barcos. Mientras que la producción de Vaca Muerta, segunda reserva de gas no convencional del mundo, ha aumentado a 130 millones de metros cúbicos de gas por día, en invierno se llegan a consumir 160 millones de metros cúbicos diarios, pero Argentina no cuenta con la capacidad para transportar ese recurso, por lo que la brecha se debe cubrir con mayor producción, o con importación.

Mientras que la reciente licitación del gasoducto Néstor Kirchner apunta a cubrir la brecha transportando los 30 millones de metros cúbicos diarios requeridos (inclusive transportaría más que este volumen, permitiendo así exportar y generar divisas), en vistas a que, con suerte esta obra estaría lista en 2023, para este año la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA) ya ha iniciado el proceso de licitación para la importación de gasoil (18 cargamentos) y fueloil (7 cargamentos), por un total de U$D 800 millones. El impacto de las importaciones sobre el nivel de reservas es significativo, ya que, antes de la crisis en Ucrania, Integración Eléctrica Argentina SA (IEASA) ya estimaba la importación de U$D 4000 millones en cargamentos de GNL.

La demanda de energía ha ido además creciendo en los últimos meses. Mientras diciembre de 2021 resultó ser el mes de mayor venta de combustibles de la historia, en enero se batieron récords de demanda de energía.

En 2021, el promedio del millón de BTU ese ubicó en U$D 18, pero en enero llegó a los U$D 30, promediando los U$D 24 en febrero. Para países que se ven obligados a importar gas para satisfacer la demanda interna, este alza supone el encarecimiento de los costos de importación.

La importación de gas de Bolivia, por otro lado, se realiza a un precio por debajo del internacional (aproximadamente U$D 8 por millón de BTU), por lo que Bolivia ha reducido el envío de gas, para redireccionar a otros mercados que pagan más, tal es el caso de Brasil (U$D 22 por millón BTU).

A su vez, en 2021, Argentina importó GNL en un promedio de U$D 8,33 por millón de BTU. Estos días, con la crisis de Ucrania como disparador, el precio internacional cerró el 24/2 a U$D 38, antes tocando los U$D 46, por lo que las transferencias de divisas para la importación de gas serían superiores a las estimadas (IEASA calcularía que se deberá aumentar al menos U$D 500 millones a los u$D 4000 millones calculados originalmente).

Si la balanza energética del país fue deficitaria en 2021, cuando el precio del gas importado era casi la cuarta parte de lo que es actualmente, se comprende que es imposible para el país afrontar estos niveles de salidas de divisas para la importación de energía.

Más complejo aún el impacto del conflicto, si se tiene en cuenta que las negociaciones con el FMI tienen en el centro de su foco de atención a los subsidios que el país destina al sector energético. Si los precios internacionales de los combustibles y del gas natural continúan en alza, esto no solo complicaría las proyecciones ya realizadas por el equipo económico (crecimiento, inflación, precio de la energía, subsidios, etc.), sino que también imposibilitaría la quita de subsidios energéticos en la medida que pretende el FMI.

Esto agrava aún más el impacto potencial de la suba del precio internacional del gas en la economía argentina. En este sentido, cobran relevancia políticas de corto y mediano plazo como el programa Transport.ar y el Plan Gas.Ar. Se apunta así, a potenciar la explotación de Vaca Muerta, con el fin de lograr un pleno abastecimiento del mercado local de gas y el transporte del mismo para su consumo. Lo mismo ocurre con el petróleo, lo cual genera ahorro de divisas por la sustitución de importaciones y ahorro fiscal, inclusive ampliando la capacidad exportadora del país en lo referido a estas commodities.

Sector Alimentario

La crisis además tiene un impacto adicional en los precios de alimentos que trasciende el alza de los precios de los combustibles. Ucrania y Rusia son actores de peso en el mercado del trigo, el maíz y el girasol, por lo que el precio de estos granos se ha visto afectado dados los recientes acontecimientos. En conjunto, ambos Estados son responsables de alrededor del 30% de las exportaciones de trigo a nivel mundial, el 19% de las de maíz, el 32% de las de semilla de girasol y el 80% de aceite de girasol.

En el mercado del trigo, Rusia es el primer exportador mundial, mientras que Ucrania es el quinto, por lo que el conflicto tiene como efecto apalancar el alza del precio internacional de ambos productos. Lo mismo sucede con el girasol y el aceite de girasol, mercado en el que Ucrania es el máximo exportador a nivel global (inclusive, los problemas de provisión de aceite de girasol han  llevado al aumento de la demanda, y por lo tanto de los precios, de otros tipos de aceite, como el aceite de soja y el aceite de palma).

Con el desarrollo del conflicto, Ucrania suspendió las operaciones en sus puertos el día 24/2, mientras que Rusia ya había suspendido el movimiento de embarcaciones comerciales en el mar de Azov (por donde exporta trigo, cebada y maíz a países del Mediterráneo como Turquía, Italia, Chipre, Líbano y Egipto), aunque mantuvo abierto sus puertos del Mar Negro (por donde exporta la mayor parte de sus granos).

A su vez, los precios del trigo en el mercado de Chicago aumentaron el 24/2 a su nivel más alto en casi una década, mientras que los precios futuros del trigo europeo alcanzaron un máximo histórico.

Para la Argentina, el incremento de los precios internacionales, tendrá aparejado un aumento de ingreso de divisas, pero también aumentará la presión inflacionaria. Esto se debe a que dichos productos tienen un elevado nivel de consumo en el mercado interno. Así, por ejemplo, el trigo se industrializa para conseguir harinas, y elaborar distintos productos de consumo masivo, o el maíz es utilizado para la alimentación, por lo que su alza afectará a los complejos cárnicos.

Inclusive los distintos expertos son bastante escépticos respecto a los efectos netos del ingreso de divisas por el aumento del precio internacional del trigo, el girasol, la soja o el maíz, porque, a pesar de posibilitar un mayor ingreso de divisas, generaría mayores presiones inflacionarias.

Si bien Argentina tiene una fuerte posición en el mercado internacional de cereales y oleaginosas (por ejemplo, es el 5° exportador mundial de aceite de girasol, el 1° exportador de diversos productos de la soja -harina de soja, aceite de soja, biodiesel en base a soja-, 3° del grano de soja, 3° exportadora mundial de maíz), el aumento de los precios internos de estos productos tendría un efecto negativo respecto a la capacidad adquisitiva de la población argentina, por lo que no se debe desatender este aspecto.

Conclusiones

En vistas a los recientes desarrollos, y en el marco de un escenario marcado por la inestabilidad y la incertidumbre, se puede observar cómo el conflicto, en pleno desarrollo, entre Ucrania y Rusia produce efectos de manera inmediata en el mercado internacional de ciertas commodities. Esto presenta a la Argentina tanto una serie de problemas, antes que oportunidades.

Si se tuviera que observar la importancia del comercio con Rusia en nuestra balanza comercial, ésta no es tan significativa en términos reales, representando en 2021 aproximadamente el 0,9% de las exportaciones de la Argentina (U$D 680 millones), mayoritariamente de productos primarios (destacan la manteca y el maní), mientras que las importaciones, por U$D 651 millones (vacunas y fosfato monoamónico siendo los más destacados), representan el 1% de lo que el país importa.

Por lo tanto, los potenciales impactos económicos de la crisis en Ucrania, se encuentran relacionados a las variaciones en los precios internacionales de la energía y los granos, y sus impactos al interior de la economía argentina.

En este sentido, el escenario es difícil de determinar a priori, pues, por más que el aumento de los precios internacionales de exportación del maíz, del trigo, la soja, el girasol y el aceite de girasol supongan una oportunidad para que el país ingrese mayor cantidad de divisas (en un escenario económico nacional signado por la escasez de las mismas, tras la debacle económica generada por el gobierno macrista-radical, préstamo astronómico con el FMI mediante, agudizado por la pandemia), dichos aumentos a nivel internacional traerán como consecuencia mayores presiones inflacionarias sobre los alimentos en el mercado interno.

Si se tiene en cuenta que la inflación es un problema estructural en la Argentina, que se ha visto agravado en años recientes (tras la última gestión de gobierno neoliberal más  los efectos económicos de la pandemia que conllevaron a que el año 2021 fue de elevada inflación a nivel global), nos encontramos con que la escalada de precios internacionales de las commodities no debe ser vista de manera simplificada como una oportunidad de ofrecerlas y obtener mayores divisas. Las presiones inflacionarias invitan a hacer dicho análisis con cautela. Por lo tanto, planteamos que:

  • En vistas a que el aumento de precios internacionales de la soja, el maíz, el girasol, el aceite de girasol y el trigo, puede tener rápidas consecuencias en términos de mayores presiones inflacionarias (lo cual afectaría a los consumidores de estos productos en el mercado local), se debe estar atento a la búsqueda de políticas económicas de corto y mediano plazo que garanticen el abastecimiento para la demanda local, en un intento por desacoplar al máximo los precios internos de los internacionales. A su vez, los bienes mencionados son de consumo popular. En una coyuntura socioeconómica delicada como la que atravesamos, aún intentando revertir las consecuencias que el gobierno de Mauricio Macri y la pandemia han generado a lo largo de nuestro país, no debemos condenar a los y las argentinas a pagar aquello que en nuestro suelo y con nuestro trabajo se produce esforzadamente a precios aún más altos de lo que ya los pagamos. Por eso, no se debe renunciar a la posibilidad de aplicar y/o fijar retenciones, entre otros instrumentos, que permitan garantizar buenos niveles de recaudación al Estado, a la vez que garanticen cierto grado de desacople entre precios locales y precios internacionales.

En segundo lugar, y con alto impacto en la balanza comercial Argentina, se observa la delicada situación global en términos energéticos. El alza de los precios internacionales del petróleo, y con este de los combustibles, así como del gas natural le traerán a la Argentina un complejo escenario en el corto plazo. Contrario a 2020, año en el que la balanza energética fue superavitaria, el año 2021 fue un año en el cual hubo déficit energético en el país. Esto supone la sangría de las pocas y tan importantes divisas necesarias para afrontar el pago de los compromisos externos asumidos por el anterior gobierno, tanto ante acreedores privados, como ante organismos internacionales, como el FMI. En este marco, Argentina se encontrará nuevamente, tal como se estima desde el Ministerio de Economía, ante la necesidad de importar energía en 2022, y por un precio aún superior a lo calculado originalmente, producto del alza de los precios internacionales generada por el conflicto entre Ucrania y Rusia. Más se complejiza el problema si se tiene en cuenta que los gastos del Estado en energía están en el centro de la agenda de las negociaciones con el FMI de cara al acuerdo de reestructuración de la deuda heredada cortesía del macrismo-radicalismo.

Además de aumentar la salida de divisas requeridas para importar energía, este aumento de los precios internacionales traerá aparejada mayores presiones inflacionarias al país. Desde el aumento del precio de la nafta o el gasoil, encareciendo además de la energía necesaria para abastecer tanto a los hogares como al tejido productivo, hasta el transporte de lo producido, pasando por el incremento de precios inclusive de los alimentos, producto del elevamiento de los costos al interior de las cadenas de valor, agravando un escenario ya de por sí delicado.

Por eso, consideramos que se debe tomar este momento como una lección para dar un paso adelante en la toma de decisiones que nos permitan recuperar terreno perdido en temas energéticos, en búsqueda de un desarrollo sectorial que nos permita lograr pasar de tener déficit en la balanza de energética, a tener superávit, obteniendo así la tan ansiada soberanía energética que este país puede y debe tener.

Esto redundaría no solamente en el ahorro fiscal y ahorro de divisas, mediante la sustitución de importaciones. Sería una oportunidad que hay que aprovechar, dejando de depender de la importación de gas y combustibles para satisfacer nuestra demanda interna, así como de los vaivenes de los precios internacionales de los mismos, a la vez que nos darían la posibilidad de exportar estos productos, incluso añadiendo valor agregado (con la refinación del crudo así como licuando el gas para su exportación), y aportando divisas tan necesarias, no solo para el repago de la tan pesada carga que representa la deuda, sino también para lograr un desarrollo de nuestro país, de alcance federal. Por ello, sostenemos que:

  • Se deben profundizar programas y planes de energía que apuntalen las inversiones productivas en este sector estratégico, tales como el Plan Gas.Ar y el Programa Transport.Ar
  • Se debe dar mayor impulso a Vaca Muerta, segunda reserva no convencional de hidrocarburos a nivel global, con el fin de producir lo suficiente para abastecer la demanda del mercado interno de gas y petróleo. Se debe buscar romper el cuello de botella que afecta a este yacimiento. Para ello cobra relevancia la obra del gasoducto que permite transportar lo allí extraído.
  • Se debe entender lo estratégico que es la pronta construcción del gasoducto Nestor Kirchner, inversión cuyo primer tramo acaba de ser llamado a licitación. Este proyecto prevé una inversión de U$D 3.400 millones, en dos etapas. Este gasoducto permitiría transportar 44 millones de metros cúbicos diarios de gas para abastecer hogares, industrias y centrales térmicas, cubriendo la brecha entre el gas que necesita el país para su mercado interno (que en invierno llega a 160 millones de metros cúbicos) y el que se produce y transporta (actualmente Vaca Muerta produce aproximadamente 130 millones de metros cúbicos diarios. La diferencia es importada de Bolivia o licuado en barcos). Permitiendo entonces la sustitución de GNL, fueloil y gasoil importado. Las estimaciones calculan que representará un ahorro al Estado de unos U$D 1.000 millones por la sustitución de importaciones, con un efecto neto sobre la balanza energética de alrededor de U$D 2.500 millones por año, por la sustitución de importaciones y por el incremento de los volúmenes exportados. Esta obra, en sus dos tramos, como así también otras de carácter complementario no pueden seguir siendo postergadas, so riesgo de continuar por el sendero de la dependencia energética, presa de los vaivenes en los precios internacionales, desaprovechando nuestros recursos estratégicos, mientras no detenemos su sangría y la de reservas.
  • La necesidad de invertir en nuevas plantas que permitan la refinación del petróleo extraído, evitando así tener que importar combustibles, inclusive permitiendo exportarlos. Mismo caso para inversiones en plantas de licuefacción de gas. En ambos casos, las inversiones permitirían modificar el signo de la balanza comercial energética de forma positiva. Por más que nuestro país sea productor, la imposibilidad de refinar el petróleo hace que termine importando combustibles.
  • Fomentar otras inversiones estratégicas en el sector energético, que apunten a mejorar las capacidades del sector para abastecer la demanda interna de energía, de manera barata y sustentable, tal como hemos planteado en informes anteriores de OCIPEx. Tal es el caso, por ejemplo de Atucha lll, cuya construcción está prevista dar inicio en junio de 2022, así como una quinta central nuclear en el país.

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