Patricia Bullrich decidió no participar de los encuentros convocados en Casa Rosada para ordenar la estrategia legislativa del oficialismo, en un gesto que profundiza las diferencias con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la antesala de una sesión sensible.
Aunque desde su entorno justificaron la ausencia por compromisos en el Senado, lo cierto es que los horarios no se superponían. La reunión parlamentaria estaba prevista para la tarde, mientras que las citas organizadas por el Ejecutivo se desarrollaban en distintos turnos durante la mañana y primeras horas de la tarde. En ese contexto, la decisión se leyó como una señal política más que como un problema de agenda.
El vínculo entre Bullrich y Adorni atraviesa un momento de fuerte desgaste. En encuentros previos ya habían quedado expuestas diferencias, especialmente tras declaraciones del funcionario sobre su patrimonio, que reavivaron cuestionamientos internos y pedidos de explicaciones formales.
Pero el distanciamiento no se limita a gestos en Buenos Aires. En Córdoba, un sector del PRO alineado con la exministra avanzó con una iniciativa para sumar presión institucional contra el jefe de Gabinete. El legislador Oscar Agost Carreño impulsa un proyecto para instar a los representantes nacionales de esa provincia a respaldar su desplazamiento.
En los fundamentos del texto, el dirigente fue directo: «Manuel Adorni no puede seguir siendo jefe de Gabinete de ministros; el Gobierno nacional no puede seguir sosteniendo la mentira ni un día más». La propuesta busca empujar un posicionamiento explícito de la dirigencia cordobesa frente a la crisis política.
El movimiento también se mete de lleno en la interna del peronismo provincial. Mientras Juan Schiaretti endurece su postura contra el funcionario, el gobernador Martín Llaryora opta por una estrategia más cautelosa y evita avanzar con medidas que tensen la relación con la Casa Rosada.
En ese escenario, la iniciativa legislativa aparece como una herramienta para forzar definiciones y dejar expuestas las diferencias dentro de los distintos espacios políticos. Incluso apunta a captar apoyos inesperados que puedan amplificar el mensaje y generar mayor impacto en la discusión nacional.
Además, Agost Carreño utilizó el proyecto para marcar una posición sobre el funcionamiento institucional: «La fortaleza de una república no depende únicamente de la existencia formal de mecanismos de control, sino también de la voluntad institucional de utilizarlos cuando las circunstancias así lo ameritan».
Con este entramado de movimientos, la figura de Adorni queda en el centro de una disputa que ya no se limita a la oposición, sino que atraviesa al propio oficialismo y a sus aliados, en un clima de creciente tensión política.
Fuente: LPO
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