Gracias, Milei: el 74% de los trabajadores siente que su salario empeoró en el último año

La presión de gastos fijos y deudas redefine prioridades y deja sin margen al ahorro.

La mejora inflacionaria que destaca el Gobierno no logra impactar en la economía cotidiana. Por el contrario, la percepción de retroceso en el poder de compra gana terreno entre los trabajadores argentinos, que enfrentan ingresos cada vez más insuficientes frente al costo de vida.

Un relevamiento de Bumeran, basado en 6.494 encuestas en América Latina, muestra que el 74% de los trabajadores en Argentina considera que su salario alcanza menos que meses atrás. La cifra marca un salto significativo frente al 58% que expresaba esa preocupación en 2025, lo que evidencia un deterioro sostenido.

La dificultad para cubrir necesidades básicas aparece como uno de los datos más contundentes. El 87% de los encuestados señala que su ingreso no cubre gastos esenciales, mientras apenas un 13% logra sostenerse sin sobresaltos económicos. En ese contexto, el alquiler lidera los destinos del salario, seguido por alimentos y el pago de deudas, que gana peso dentro de la estructura de gastos.

El informe también refleja que el dinero pierde duración: el 73% asegura que no logra sostenerse más allá de dos semanas. Dentro de ese grupo, casi tres de cada diez trabajadores destinan el total del ingreso apenas lo cobran, sin margen para otros consumos. Solo un 9% afirma llegar a fin de mes con cierta holgura.

Ahorro en retroceso y deuda en alza

La posibilidad de guardar dinero se vuelve cada vez más excepcional. Nueve de cada diez trabajadores no consiguen ahorrar, principalmente porque los ingresos no alcanzan. Otros factores que inciden son el peso de las deudas y la necesidad de priorizar gastos básicos.

Entre quienes logran separar una parte del salario, la mayoría opta por herramientas financieras o por dolarizarse como forma de resguardo, aunque los montos suelen ser bajos.

El endeudamiento, en tanto, crece y se consolida como una característica estructural. El 77% de los trabajadores reconoce tener deudas, un nivel superior al del año pasado. Ante la posibilidad de una mejora en los ingresos, casi la mitad destinaría ese dinero a saldar compromisos pendientes, mientras que el ahorro y el consumo quedan relegados.

A este escenario se suma una presión adicional: el sostén económico dentro de los hogares. El 50% de los encuestados asegura que ayuda económicamente a familiares o personas cercanas, lo que amplía el impacto de la crisis más allá de los ingresos individuales y expone una red de contención cada vez más exigida.