Fuga por turismo: el dólar barato del Gobierno generó el peor déficit turístico en una década

El auge del turismo emisivo contrasta con la caída de visitantes extranjeros y agrava la salida de divisas en un año marcado por el atraso cambiario.

Impulsado por un tipo de cambio apreciado, el movimiento turístico de 2025 profundiza el desequilibrio externo y marca el peor resultado de la balanza del sector en la última década. Según datos oficiales del Indec, la Argentina pierde más de US$ 4.000 millones a lo largo del año como consecuencia del fuerte crecimiento de los viajes al exterior y del retroceso del turismo receptivo.

El contraste resulta evidente: mientras millones de residentes eligen vacacionar fuera del país, el ingreso de turistas extranjeros se reduce con fuerza. El saldo entre ambos flujos alcanza niveles inéditos desde 2016 y expone el impacto del dólar barato en las decisiones de consumo vinculadas al ocio y al descanso.

Durante 2025, casi 11,9 millones de personas salen del país por motivos turísticos, el registro más alto desde 2017. En sentido inverso, apenas 4,8 millones de visitantes llegan a la Argentina, lo que arroja una diferencia negativa de 6,6 millones de personas. De acuerdo con un análisis del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el déficit del sector crece 886,1% frente a 2023 y 211,3% en comparación con 2024.

La tendencia se acentúa en la segunda mitad del año. Mes a mes, el turismo emisivo muestra subas interanuales, incluso en diciembre, cuando más de 700 mil argentinos viajan al exterior. En ese mismo período, el turismo receptivo sigue en baja, en línea con la pérdida de competitividad de los destinos locales.

La brecha también se refleja en el gasto. El desembolso total de turistas extranjeros en el país suma US$ 3.110 millones, mientras que los residentes argentinos gastan US$ 7.164,2 millones fuera de la Argentina. El resultado final deja un rojo de US$ 4.054,2 millones que presiona sobre la cuenta de servicios y la disponibilidad de divisas.

Brasil y Chile concentran la mayor parte de los viajes, favorecidos por cercanía y precios relativos más convenientes. Detrás aparecen otros destinos de América y, en menor medida, Europa. Sin embargo, los viajes de larga distancia explican una porción relevante del gasto total, con consumos diarios más elevados en Estados Unidos, Canadá y países europeos.

El principal motor de estas salidas sigue siendo el ocio. Más de seis de cada diez viajeros cruzan la frontera por vacaciones, una proporción que crece durante el último trimestre del año. Las visitas a familiares y amigos ocupan el segundo lugar, especialmente hacia países limítrofes, mientras que los viajes por negocios mantienen una participación menor pero estable.

En materia de alojamiento, los hoteles de cuatro y cinco estrellas concentran el 35,8% de las pernoctaciones del turismo emisivo, sobre todo en destinos extra-regionales. Al mismo tiempo, el alquiler de casas y departamentos gana espacio, en especial entre grupos familiares y estadías prolongadas, lo que da cuenta de cambios en los hábitos de consumo.

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