“En el espacio entre el caos y la forma
JeanetteWinterson
había otra oportunidad”
Si te invitan a jugar póquer, tiran 6 dados sobre la mesa y te gritan: “Falta envido y truco”, quiero advertirte, querido lector: no es póquer. Algo similar ocurre con esta democracia desvaída a lo largo y ancho de la tierra (que es redonda) en donde un país en decadencia, manejado por un geronte más cerca del Alzheimer que de concluir su mandato, pretende erigirse, a fuerza de amenazas y terror, en líder de una vasta región, estableciendo qué es y qué no una nación democrática.
Han cambiado las reglas del juego y, sin embargo, una infinita cantidad de dirigentes insisten con discursos altisonantes y gestos teatrales en la idea de que de ese acting puede resultar algo. Y uno no sabe qué pensar: si son vagos o estúpidos. La traición progresista ha sido tan dolorosa y profunda que ha puesto a todo el sistema planetario en mudanza; ha revertido valores y criterios; ha derrumbado el endeble constructo de la política y ha disparado una manada de nuevos valores todavía no del todo claros que, sin embargo, avanzan con la ferocidad de una estampida.
La vida ha cambiado como la ortografía en las redes: no existen los signos de puntuación; no hay respeto por las reglas que rigen las abreviaturas… todo puede resumirseen un dibujito al que, además de interpretar, hay que llamar emoji. La existenciase ha vuelto como esos libros de frases célebres en donde se mezclan citas de Cicerón con otras de Arjona, de Oscar Wilde con las de Joaquín Sabina. Un cambalache ultra discepoliano en el que todo vale. Bah, no todo. Pensar es una actividad poco recomendada. Amar no está prohibido, pero…

Usar el Poder
El bloque peronista del Senado, en un acto de principismo pueril, ha renunciado a integrar las comisiones como protesta por la manera en que las mismas fueron completadas y por el número de lugares que les ofrecen. Es de suponer que con esa acción piensan quedar en la historia; intentan dejar una marca indeleble que recuerde la condición totalitaria de una gestión que ejerce el poder y se caga en la tapa del piano. Paso aviso parroquial: a la sociedad le nefrega las comisiones y las acciones principistas. Y, de seguir así, muy probablemente también le importen un bledo la cuestión bicameral, los controles republicanos, el Honorable Congreso y coso.
Nadie vota corrección política. Al contrario: muchos están encantados con la manera en que Javier Milei y sus simios ministeriales ejercen el poder. Porque el pueblo entiende que el poder se tiene para eso: para ejercerlo. El posibilismo como estrategia de gobierno es altamente rechazado por nuestra sociedad, que ha madurado políticamente en el presidencialismo. La tan mentada “correlación de fuerzas” (a la que Atilio Borón define como “una categoría ontológica y, de modo tácito, un obstáculo insuperable para la izquierda y el progresismo”) es, para nuestros hombres y mujeres, una de las peores formas de la capitulación. Y entonces, el Energúmeno encanta; más que con sus malos modales, con su desafinada garganta o con su incomprensible manera de vestirse, con esa férrea decisión de hacer lo que quiere, cree… o le mandan.
Un importante número de argentinos biempensantes ama ese ejercicio pleno del poder. De este asunto estarían bien enterados los dirigentes peronistas si hubiesen hecho el mismo esfuerzo por comprender a Evita, a Perón y a la gestión de sus dos primeros gobiernos que el que hicieron para tornar en políticamente correctos y volverse aceptables para el enemigo. Un enemigo que sólo se ha dedicado a cultivar y profundizar su odio por cualquier cosa que suene a nacional y popular. Pagar la cuota del club que no te quiere como socio siempre es un negocio pésimo. Aunque algunos hayan sacado algún rédito personal.

Escribanía
“¿Cómo se hace para gobernar tantos años sin que hayan intentado derrocarlo?”, cuentan que le preguntó, alguna vez, Lyndon B. Johnson a Francisco Franco. “Hay que tener ministros brutos” respondió el español y agregó: “Fíjese”. Tomó el teléfono, llamó a su ministro de Guerra y le pidió presentarse en su despacho. Cuando el funcionario llegó, le indicó: “Vaya usted hasta mi casa y si me encuentra allí, dígame que venga de inmediato a Castellana 3 que me está esperando el presidente de los Estados Unidos”.
Unos minutos más tarde, el ministro regresó transpirado y jadeante y le dijo “Generalísimo, no se encuentra usted en su domicilio privado”. “Gracias. Puede retirarse”, respondió Franco y luego, mirando a Johnson, agregó “¿se da usted cuenta?” El norteamericano sonrió y dijo: “¡Claro! Podría haber llamado por teléfono…”.
Milei, que no es el generalísimo pero le gustaría, seguramente conoce esa historia que, se non è vera, è ben trovata y, por ese motivo, llenó las Cámaras de legisladores tan brutos como para votar una ley decididamente destructiva para los trabajadores argentinos sin leerla. Y, además, admitirlo. Aunque bien puede haber sido una estrategia luego de que los focusgroup le dieran apenas un 8% de adhesión a la Reforma Laboral.
El lector avisado no necesita que los nombre: los analfabetos políticos de Bertolt Brecht surgen como flores en primavera en el Salón de Pasos Perdidos o en las bancas de Senado. Son “tan burros, que se enorgullecen e hinchan el pecho diciendo que odian la política”, sintetizaba el poeta alemán y agregaba: “trapaceros, granujas, corruptos y serviles”. Una foto de las Lemoine y los Atauche de la vida. Gentes de plástico -a veces más dura-, elegida sólo porque es capaz de levantar la mano sin leer ni preguntar.
Imaginate a qué nivel de escribanía llegará la cosa que en la Cámara de Senadores citaron a reunión de comisión para el viernes 20 antes de tener el proyecto de ley aprobado con modificaciones por los diputados. Es decir: llamaron a revisar un texto que no existía al momento de la convocatoria: un dislate. Y es que gastaron guita a lo pavote (porque la voluntad de los diputados también cuesta… digo: vale) y violaron los reglamentos de ambas cámaras porque el Papadas está encaprichado en hablar de la reforma en la apertura de sesiones del domingo 1 de marzo y, además, porque Luis «Toto» Caputo está desesperado por consumar la estafa del FAL (Fondo de Asistencia Laboral) para que la bicicleta no se detenga. La ley iba a salir tarde o temprano. Pero… el poder. El ejercicio del poder. Y la mediocridad y corrupción de varios “compañeros”.

Miente, miente, miente
Para recular hay que explicar. Por lo menos es lo que te exigen Javier Milei y la Primera Hermana. Por eso Patricia Bullrich y los suyos tuvieron que hacer un rushde medios aclarando que artículo 44 sobre las licencias médicas de la Reforma Laboral “no fue bien interpretado”, sarasasasa, sarasasasa. Tan brusca y urgente fue la opereta que ni siquiera conciliaron excusas. Pato, en un sketch que devendrá memorable, explicó que en una panadería donde ella compra unas galletitas que le gustan al presidente, las vendedoras le habían dicho: “Que bueno Patricia lo de las licencias… porque acá, nos joroban siempre. Nosotras tenemos que terminar haciendo el trabajo del panadero que una semana no viene; del que hace las medialunas que la otra semana no viene… siempre vienen con un certificado, con un despelote… Ahora van a tener que venir a laburar”.
Toda la teoría de la comunicación insiste en que, cada vez que alguien tiene que mentir, debetapizar esa falacia de verosímiles. Bullrich lo ignora olímpicamente. Miente, y vuelve a mentir y, cierra mintiendo. Probablemente en la idea de que “siempre algo queda”. ¿Por qué lo hace? Porque puede. Porque los periodistas no le repreguntan, ni le dicen que ninguna empleada de mostrador puede hacer la tarea del panadero, que entra a las 4 de la mañana, además; ni le comentan que el pastelero que hace medialunas y otras facturas es un obrero especializado… En fin, gozan de la impunidad que le dan los periobostasuntados y, también, la ausencia total de interés de una sociedad que en su cinismo se ha vuelto puerilmente crédula o perversamente reaccionaria.
Y no sólo Bullrich miente. El gobierno es, esencialmente, un grupete de coreutas espurios encabezados por “Pinocho” Milei y su amanuense Adorni (Karina tiene la palabra prohibida) que dirigen la voluntad de los ensobrados en sus distintos rangos: periodistas y medios oficialistas, decididos a construir una realidad paralela y, periodistas y medios opositontos que hacen poco y nada por desmentirlos. Porque no saben, porque no pueden, porque no quieren… o sencillamente porque son prisioneros de una corrección comunicativa que obliga a incorporar gatos analfabetos y/o economistas (operators) neoliberales (pero más a la derecha), en paneles que se supondrían críticos a la gestión gubernamental pero no. Porque la pluralidad de voces, las dos campanas, el diálogo y…¡la cancha de Excursionistas! Corrección, obvio, que tiene premio. ¿O qué te creés?

¿Paro, General?
Fresco y batata, la coca ‘pal ferné y paro y movilización eran, hasta no hace mucho, parejas indivisibles que la historia de las pasiones ha ido corroyendo. El individualismo, que corría desesperadamente en busca de claridad, hoy se conforma con el brillo. Y esa dinámica parecería no tener freno. Por eso, con el mayor de los respetos por la representación de los trabajadores, la convocatoria al paro fue, también, una suerte de albur,un placebo, un remedio vencido.
Más allá de los títulos, más allá de los autoelogios y las críticas externas, más allá de cualquier expresión que haya rodeado la huelga, en un momento de crisis laboral como el que atraviesa la Argentina; con cientos de miles de trabajadores precarizados; con colas de dos mil personas en La Matanza para postular para un puesto de vigilador y con un Presidente que cree que el cierre de una histórica fábrica de neumáticos es una acción que busca desestabilizar a su gobierno, los trabajadores y sus dirigentes deberían sentarse a buscar nuevas medidas de acción directa que de verdad afecten, molesten a los que deciden.
La ley avanzó. La oposición fue primeriada en todos los campos: en la comisión, donde sacaron un dictamen a los empujones; en el horario de la sesión que comenzó 3 horas más tarde para juntar a los legisladores y en el inicio cuando, a mano alzada decidieron que, votado el proyecto en general, se iba a revisar por títulos. Muchos cobraron ya, pero no quieren dejar los dedos pegados. Porque votan por derecha, pero tuitean por izquierda.
El peronismo peleándose por las achuras mientras los libertarios se llevan la carne, parafraseando a Jauretche; todos probándose vestidos y trajes con vistas a 2027 y afuera, en la plaza, la represión nuestra de cada día, con periodistas que la trasmiten asustados, violentos del lado de los manifestantes y más violentos del lado de las fuerzas del desorden. Hasta bomberos con matafuegos hubo esta vez. La ministra Monteoliva hace méritos para que mamá Pato la tenga en sus oraciones.
Todo esto mientras el único y verdadero protagonista del dislate, el caprichosito niño Mi-Ley-que quiere abrir el período de sesiones ordinarias del congreso levantado los brazos como Rocky cuando termina de subir las escaleras-, se pavoneaba cantando “Burning Love”, el tema de Elvis Presley, durante el primer encuentro del Consejo de la Paz al que fue invitado por el presidente de los Estados Unidos. Un Donald Trump cada vez más complicado y no sólo en lo que a política se refiere. Corre en Washington el rumor de que el blondo magistrado ya ha tenido un par de accidentes fisiológicos durante eventos en el Salón Oval que han obligado a evacuar de periodistas la Casa Blanca.
Así estamos en este tiempo en donde, dislates que otrora hubiesen provocado cismas políticos en todo el mundo pasan por debajo de los radares. Un líder mundial que no contiene ni los esfínteres y un representante de nuestro país que tampoco y que, además, les provoca vergüenza ajena hasta a los propios. Sin embargo, ambos siguen siendo sostenidos por ese poder con sabot que, para ordenar la partida de póquer, necesita que Dios se atreva a jugar a los dados… y haga trampas.
Por Carlos Caramello.-
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