El fin de semana largo por el feriado en homenaje a Martín Miguel de Güemes dejó números que, si bien muestran movimiento, reflejan un cambio profundo en la forma de viajar dentro del país. Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la actividad turística generó alrededor de $217.000 millones, aunque el desempeño real quedó condicionado por un consumo más austero y escapadas cada vez más cortas.
El volumen de viajeros creció en comparación con el mismo feriado del año pasado, con un aumento del 37,7%. Sin embargo, ese dato pierde fuerza al considerar que en 2025 hubo dos fines de semana largos muy cercanos entre sí, lo que había impulsado una mayor circulación total de turistas.
Más allá de la cantidad de personas que se movilizaron, los indicadores clave del sector muestran señales de enfriamiento. El gasto promedio diario se ubicó en $109.013, lo que implica una caída real del 3,5% interanual. A su vez, la estadía promedio bajó a 2 días, por debajo de los 2,3 registrados un año atrás.
Estadías cada vez más cortas
Uno de los cambios más visibles del fin de semana largo fue la reducción del tiempo de permanencia en los destinos turísticos. La incertidumbre económica empuja a muchas familias a acotar al máximo sus viajes, priorizando salidas breves o incluso escapadas de un solo día.
En distintos puntos del país, operadores turísticos señalaron que creció el número de visitantes que no pernoctan o que apenas se quedan una noche. Este comportamiento golpea especialmente al sector hotelero, que depende de estadías más largas para sostener sus niveles de ocupación.
Ante este escenario, muchos establecimientos apelaron a promociones de último momento para captar reservas, aunque sin lograr revertir completamente la tendencia.
Consumo medido al detalle
El ajuste también se hizo evidente en el gasto durante las vacaciones. El turista promedio redujo al mínimo los consumos no esenciales y priorizó únicamente lo imprescindible para el viaje.
Transporte y combustible concentraron la mayor parte del presupuesto, mientras que las salidas gastronómicas, las compras regionales y las actividades recreativas quedaron relegadas. En varios destinos se repitió una escena: visitantes que optan por comprar en supermercados y cocinar en los alojamientos o elegir opciones rápidas y económicas en lugar de restaurantes.
Clima, bolsillo y Mundial: las claves del freno
Desde el sector identifican tres factores que explican este desempeño moderado. Por un lado, las condiciones climáticas adversas, con bajas temperaturas y lluvias en varias regiones, jugaron en contra de las escapadas.
A eso se suma el deterioro del poder adquisitivo, que limita el margen disponible para el turismo y obliga a planificar viajes con presupuestos muy ajustados.
Por último, el inicio de la Copa del Mundo también incidió en el comportamiento de los potenciales turistas. Con gran parte de la atención puesta en los partidos, muchos optaron por quedarse en sus casas y postergar cualquier salida para más adelante.
En conjunto, estos elementos configuran un escenario donde el turismo sigue activo, pero con un perfil claramente más austero y distante de los niveles de consumo de otros años.
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