A dos años de la declaración de la Emergencia Ferroviaria, el balance expone un escenario muy distinto al anunciado por el Gobierno: la mayor parte de los fondos comprometidos para mejorar la infraestructura y la seguridad del sistema nunca se ejecutaron, mientras los problemas operativos se profundizan.
El plan oficial había previsto una inversión cercana a $1,3 billones para el período 2024-2026. Sin embargo, hasta ahora solo se utilizaron poco más de $570 millones, lo que representa alrededor del 44% del total. La escasa ejecución dejó prácticamente paralizadas las obras estructurales: el único avance concreto fue la compra de tres locomotoras para la línea Mitre.
Más accidentes y deterioro del servicio
La falta de inversión impacta directamente en la seguridad y el funcionamiento cotidiano. Según datos gremiales, en los primeros cuatro meses de 2026 se registraron 101 descarrilamientos en distintas líneas, un incremento significativo frente al ya complejo panorama del año anterior.
Desde el sector ferroviario advierten que el sistema opera en condiciones cada vez más precarias. Rubén “Pollo” Sobrero, referente de la Unión Ferroviaria en la línea Sarmiento, fue contundente: “El riesgo de chocar es cada vez más grande. El sistema está colapsado y el Gobierno no hace nada; la emergencia fue puro humo, no bajaron un peso, solo se dedicaron a despedir trabajadores. Hace largos meses que venimos denunciando esta situación”.
El dirigente también lanzó una advertencia directa: “Si ocurre un accidente, va a ser culpa de Milei”.
En paralelo, el deterioro se percibe en la experiencia diaria de los usuarios. Menos formaciones en circulación, mayores tiempos de viaje y condiciones de hacinamiento marcan el presente del servicio. En algunas líneas, las frecuencias se redujeron cerca de un 30%, mientras que las restricciones de velocidad —para evitar descarrilamientos— alargan considerablemente los recorridos.
Menos trenes, viajes más largos
Uno de los ejemplos más claros se da en la línea Sarmiento, donde las limitaciones operativas obligan a circular a velocidades mínimas en varios tramos. El viaje completo, que antes demandaba menos de una hora, ahora puede extenderse hasta 80 minutos.
El recorte en el material rodante también genera un efecto en cadena: se desarman unidades para reutilizar piezas y mantener otras en funcionamiento. Esto reduce la cantidad de trenes disponibles y empeora la frecuencia del servicio.
Tarifas más altas y caída de pasajeros
A la crisis operativa se suma el impacto económico en los usuarios. La reducción de subsidios impulsó aumentos en las tarifas, con un boleto mínimo que ya alcanza los $350 y proyecciones de nuevas subas en los próximos meses.
Este combo —peor servicio y tarifas más altas— derivó en una caída del 20% en la cantidad de pasajeros durante el primer trimestre del año. Al mismo tiempo, crecieron los casos de evasión del pago del boleto en varias líneas del AMBA.
Una emergencia extendida, pero sin recursos
El decreto que estableció la Emergencia Ferroviaria en junio de 2024 surgió tras un choque de trenes en la línea San Martín que dejó decenas de heridos. La iniciativa contemplaba obras clave como renovación de vías, mejoras en señalización y nuevas formaciones.
Ante la falta de avances, el Gobierno decidió prorrogar la emergencia hasta 2028, aunque sin ampliar el presupuesto. En lo que va de 2026, la ejecución de los fondos previstos apenas supera el 20%.
Desde los gremios cuestionan el destino de los recursos. “Al sistema no llegó un solo peso”, denunció Sobrero, quien además vinculó la falta de inversión con despidos en el sector.
Denuncias y advertencias
Organizaciones sindicales como La Fraternidad también alertan sobre un escenario crítico y plantean dudas sobre el uso de los fondos asignados. En sus comunicados advierten que, de continuar esta tendencia, el servicio podría reducirse a niveles mínimos.
Mientras tanto, el Gobierno mantiene su intención de avanzar con la privatización del sistema ferroviario, una medida incluida en la Ley Bases. El proceso avanza principalmente sobre el transporte de cargas, aunque no se descarta que el servicio de pasajeros sea el próximo paso.
Con menos inversión, más accidentes y un sistema cada vez más exigido, el escenario ferroviario abre interrogantes sobre su sostenibilidad en el corto plazo bajo la gestión de Javier Milei.
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