El mundo del revés: la economía de Milei, camino al desastre

Según el gobierno de Javier Milei, estamos en un pico histórico de consumo, lo que demostraría que no solo no hay ninguna recesión en marcha, sino que estaríamos entrando en una nueva época histórica. En sus palabras, habría que prepararse para el “despegue”, gracias al crecimiento apoyado en las inversiones del RIGI y de la apertura económica. Los participantes del evento de la Fundación Faro de esta semana, un tanto desmemoriados, aplaudieron entusiastas. Digo “desmemoriados”, porque lo mismo había asegurado el “Javo”, como gustan llamarlo sus acólitos, en diciembre de 2024 y ya sabemos cómo anduvo la cosa en después. A pesar de ello, el presidente no se privó de afirmar, entre las navidades y el año nuevo de 2025, que el país había quebrado la tendencia de cien años de decadencia.

Como siempre, la culpa de que los argentinos no se den cuenta de la bonanza que están disfrutando la tienen los “medios” que ocultan los datos duros del consumo. Pero el consumo es la suma de todo lo que, valga la redundancia, se “consume”. Eso cuenta, por ejemplo, los gastos de los argentinos en el exterior, atacados ahora, como dice Infobae, por la “messimanía”, enfermedad que provocó que Aerolíneas Argentinas reforzara la frecuencia de vuelos a Miami. Cuenta, también, el mayor “consumo” de gas, electricidad y transporte que hace la población y no, precisamente, porque haya mayor dispendio a la hora de apagar la luz o controlar el horno, sino por el mayor precio de los servicios: frente a una inflación acumulada de 270% entre el inicio del mando y hoy, los servicios crecieron más del 900%. También incluye el crecimiento del “consumo” de bienes importados. A este crecimiento ficticio del consumo, se suma un crecimiento real en los pocos sectores que “despegan”: según el INDEC, el aumento interanual del PBI durante el primer trimestre de este año, fue liderado por las exportaciones, sobre todo, del agro y el petróleo. Otra vez, hay aquí algo de ficticio y tiene que ver con Irán y el aumento de precio de los commodities que el cierre del estrecho de Ormuz produjo.Por supuesto, otro de los “motores” del crecimiento es la “intermediación financiera”. Sin embargo, hay un “consumo” que no crece, ni en la realidad ni en apariencia, y es el más importante, el que determina que todo el experimento, tal como va hasta ahora, se acerque al desastre.

En efecto, el “consumo” que realmente importa, porque es el que determina el resto de los “consumos”, es la inversión, la formación bruta de capital fijo. Según los últimos datos, la inversión cayó por cuarto trimestre consecutivo. La inversión en maquinaria y construcción cayó más del 11% interanual contra un año que ya había sido malo, aunque no tanto como 2024, lo que en su momento alentó ilusiones de una “V” corta. Que ahora, con suerte, se transforme en “W” si la tendencia se revierte como quiere Milei. En un plazo mayor, el nivel de inversión actual está por debajo de la era Massa y muy lejos del mejor año de Macri, el más alto de la serie. Y esto, a pesar del RIGI, que acumula promesas por 150.000 millones de dólares, como alardeó el presidente, pero realidades por apenas 5.000, como calla el presidente. La mayor parte de ellos, de proyectos ya existentes que se subieron al RIGI para aprovechar la volada. O sea, elusión impositiva. Como destacó la periodista Noel Barral Grigera, según datos de la OCDE, Argentina está en último lugar en inversiones extranjeras en América Latina. Brasil recibió 77.000 millones y la Argentina 3.000.

Esta caída de la inversión es correlato y causa de la caída de la actividad económica en el grueso de la economía. Según AFAC (Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes), el rubro autopartes cayó 8,9% en los primeros meses de 2026. Las exportaciones de autopartes, un punto más. La producción de vehículos, 18,6%. No es un caso aislado: el 40% de la producción industrial sigue a la baja. La caída afecta especialmente, además de la rama automotriz, a la de químicos y plásticos, que cambió la tendencia alcista que traía desde el año pasado. Salvo metálicas básicas, petróleo procesado y alimentos y bebidas, esta última, por muy poco, el resto de las ramas manufactureras está en baja comparando los primeros meses de este año con los del anterior. Visto por tipo de bienes, a los que peor les fue son los de consumo durable y bienes de capital.

Este proceso de deterioro, que visto a más largo plazo, simplemente acentúa lo que sucede desde al menos 2011, se correlaciona con la caída sistemática del consumo privado no productivo, es decir, el ligado directamente con los salarios. Un estudio del Banco Provincia de Buenos Aires sobre el salario real privado registrado muestra que, a mediano plazo, es decir, al menos desde 2012, el elemento más vinculado a la variable “ingreso” popular tiende a caer escalonadamente, de un promedio de 2.300.000$ (año base marzo de 2026) a 2.217.000$ en 2018-19, 1.951.000$ en 2020-2023, para llegar a 1.791.000 en la actualidad. Dicho de otro modo, el gobierno Milei consolida este proceso, más que revertirlo. Ni por inversión ni por consumo masivo, la economía va a repuntar, no importa si faltan dólares o salen por las orejas.

La economía argentina está quebrada, por eso no hay inversiones y por eso los “emprendedores” no “emprenden”. Sólo a Sturzzeneger, modelo de ciego que no quiere ver, puede sorprenderlo una conducta absolutamente racional como el no querer invertir cuando no hay condiciones económicas viables de inversión. Que unos pocos sectores funcionen relativamente bien, solo significa una cosa: que un vehículo sin combustible, tarde o temprano se para. Por más que Vaca Muerta y una serie de cosechas elevadas hayan venido a tranquilizar la “macro”, una economía sin inversiones que levanten el consumo popular, no puede funcionar. Una economía en la que domina el gasto forzado para las masas, un gasto que reduce el ingreso disponible para otras cosas que no sean servicios, y el gasto suntuario para los pudientes, que se satisface con importaciones y viajes al exterior, una economía donde no hay más “fierros” sino más “intermediación financiera”, no puede funcionar, salvo, en el reino del revés. O sea, en la Argentina de Milei.

*Eduardo Sartelli es doctor en Historia y director del CEICS (Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales).