El modelo que abandonó a los jóvenes : casi 7 de cada 10 no tienen un empleo estable

Un informe de la UCA expone el fuerte deterioro de las oportunidades para los jóvenes y una brecha cada vez mayor según el nivel socioeconómico.

El discurso oficial sobre la recuperación económica vuelve a chocar con la realidad que enfrentan miles de jóvenes argentinos. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA revela que solo una minoría de las personas de entre 18 y 25 años consigue acceder a un empleo formal, mientras una proporción significativa permanece fuera del mercado laboral o sobrevive con trabajos precarios.

El dato más contundente es que apenas el 14,2% de los jóvenes tiene un empleo formal. El resto queda repartido entre distintas situaciones de vulnerabilidad: trabajos irregulares, desempleo, empleos precarios o inactividad.

El escenario resulta especialmente preocupante en un contexto en el que el Gobierno de Javier Milei sostiene que la flexibilización de las condiciones laborales y el ajuste constituyen herramientas necesarias para mejorar el funcionamiento de la economía y generar empleo.

Los números de la UCA muestran, sin embargo, que para una gran parte de los jóvenes el acceso a un trabajo estable y con derechos continúa siendo una posibilidad lejana.

La pobreza condiciona el futuro desde el comienzo

La desigualdad aparece con fuerza cuando se compara la situación de los jóvenes según el nivel socioeconómico de sus hogares.

En el sector medio alto, el 38,9% tiene un empleo regular. En el estrato muy bajo, ese porcentaje se reduce prácticamente a la mitad: 19,7%.

Mientras las oportunidades de conseguir un trabajo regular disminuyen, aumentan las formas más frágiles de inserción. El empleo irregular o el desempleo reciente pasa del 11,6% entre los jóvenes de mayores recursos al 30,6% entre los más vulnerables.

También se dispara el desempleo prolongado. Entre ambos extremos sociales, pasa del 5,2% al 14,9%.

El resultado deja expuesta una de las principales consecuencias de la desigualdad: para los jóvenes de los hogares con menos recursos, entrar al mercado laboral no necesariamente significa conseguir un empleo que permita proyectar un futuro.

Uno de cada cinco jóvenes quedó afuera del estudio y el trabajo

El informe de la UCA también pone bajo la lupa a los jóvenes que no logran insertarse ni en el sistema educativo ni en el mercado laboral.

El 20,7% no estudia ni trabaja. Pero nuevamente la situación cambia de manera drástica según el origen social.

Entre los jóvenes del estrato muy bajo, la proporción llega al 34,2%. En el nivel medio alto, en cambio, cae al 8,3%.

La brecha también aparece entre quienes pueden dedicarse exclusivamente a estudiar. Mientras el 41,2% de los jóvenes del sector medio alto solo estudia, apenas el 15,6% de quienes pertenecen al estrato muy bajo puede hacerlo.

En otras palabras, para los sectores de mayores ingresos estudiar puede funcionar como una inversión de tiempo para mejorar las posibilidades futuras. Para los jóvenes más pobres, la necesidad de generar ingresos aparece mucho antes.

El ajuste también impacta sobre las posibilidades de estudiar

La combinación entre educación y trabajo refleja otra de las desigualdades que deja al descubierto el estudio.

Solo el 13% de los jóvenes consigue estudiar y trabajar al mismo tiempo. Otro 26,6% se dedica exclusivamente a estudiar, mientras que el 39,7% trabaja sin estudiar.

Dentro de este último grupo, casi 17% lo hace mediante empleos irregulares.

La situación se vuelve todavía más compleja cuando se incorpora la realidad laboral del principal sostén económico del hogar. Entre los jóvenes que no son jefes de familia, quienes tienen un sostén con empleo pleno presentan una posibilidad de estudiar exclusivamente del 39,8%.

Cuando ese sostén atraviesa una situación de subempleo inestable o desempleo, el indicador cae al 17,6%.

En sentido contrario, los jóvenes que no estudian ni trabajan pasan del 13,3% al 30,5%.

“A medida que disminuyen los recursos del hogar, pierde peso el estudio y aumentan la inserción laboral irregular y la desvinculación. La desvinculación educativa y laboral es más de cuatro veces mayor en el estrato muy bajo que en el medio alto”, remarcó el ODSA.

El relato de la recuperación choca con el bolsillo de los jóvenes

El problema no termina cuando un joven consigue trabajo. La capacidad de esos ingresos para sostenerse durante el mes también aparece seriamente limitada.

Según un informe de Zentrix, el 85,5% de los jóvenes de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible.

La proporción resulta muy superior a la registrada entre las personas de 40 a 59 años, donde alcanza al 60,6%.

“La juventud no solo gana menos: se queda sin colchón mucho más temprano en el mes”, apuntó la consultora.

Así, mientras el Gobierno defiende los resultados de su programa económico y presenta la estabilidad macroeconómica como el camino para mejorar las condiciones de vida, los datos sociales muestran otra cara: una generación que enfrenta enormes dificultades para conseguir un empleo formal, sostener sus estudios y construir un margen económico propio.

El informe de la UCA agrega un dato especialmente incómodo para el oficialismo: las oportunidades no se distribuyen de manera pareja. El punto de partida familiar continúa determinando en buena medida quién puede estudiar, quién debe salir a trabajar y quién termina quedando al margen de ambas opciones.