21 de febrero de 2026

Columna de opinión

El chip y la espada

Por Fabián Harari*

A pesar de las recientes declaraciones auspiciosas que dejó la segunda ronda de conversaciones “indirectas”, entre Estados Unidos e Irán, el conflicto entró decisivamente en una fase militar. Un tercio de la armada norteamericana se encuentra amenazando al país persa.

¿Por qué Irán aparece como un conflicto en la región? No se trata de un problema cultural, ni religioso. Irán ha hecho tratos de todo tipo con Israel, con EE.UU. y mantiene alianzas con grupos sunitas. Lo que importa es que Irán es un exportador de hidrocarburos, y ocupa una posición estratégica en el Estrecho de Ormuz. Por lo tanto, compite con sus rivales de la región, como toda economía capitalista. Sin embargo, la rivalidad con Arabia Saudita es la más importante, debido a que se trata de la mayor potencia petrolera. En cambio, Irán hoy es el cuarto exportador de la región. A eso se suma una serie de elementos históricos, el mercado interno más grande de esa zona, una infraestructura industrial heredada de los años 60 y 70 y un régimen proteccionista que, con oscilaciones, debe defender una industria mercado internista y que, aún con la pérdida de eficiencia, no se resigna a perder ventas a sus vecinos. Esa competencia económica con el reino saudí se reproduce militarmente, en enfrentamientos entre organizaciones y gobiernos (Yemen, Bahréin, Siria, Líbano, Gaza y Cisjordania), pero también en la disputa por la dirección de las mismas (como sucede en Hamas) y en las oposiciones en sus respectivos países. Con Israel, está en juego el diseño económico del espacio y, fundamentalmente, la apetencia de los empresarios israelíes por semejante mercado.

Ante este escenario de fondo, se nos presentan dos preguntas. Primero, por qué Donald Trump avanza de semejante forma contra Irán, en este momento. Segundo, por qué China aparece tan “pasiva” frente a un aliado estratégico.

Vamos a empezar por la segunda: Irán no es el principal socio de China en Medio Oriente. El comercio de China con Medio Oriente se calcula en unos 380 billones de dólares. Irán representa solo 15. Arabia Saudita, en cambio, se lleva 100. Es cierto que Irán abastece entre el 10% y el 13% del petróleo chino. Y también es cierto que, debido a las sanciones, se compran por debajo del precio. Pero se trata de un petróleo especial, que se usa en industrias más chicas (llamadas “de té”). Además, China está dejando atrás, progresivamente, los combustibles fósiles. Lo que sí es importante es su posición geográfica para la Ruta de la Seda.

Vamos entonces a la primera pregunta, y sigamos con China. En 2024, en la segunda edición de la Feria Mundial de Defensa, lanzada por Riad, Pekín representó la delegación y el pabellón más numeroso, luego del país anfitrión. El 13 de septiembre de 2024, ambos países realizaron su tercer ejercicio militar conjunto (con una duración de tres semanas). Hoy, China es quien lidera el crecimiento de la inversión extranjera en ese país, aumentando, durante 2024, el 30% de la misma. Hay 750 empresas chinas operando en el reino. La influencia económica se tradujo en diplomática: China llevó a Arabia Saudita a un tratado con Pakistán y otro con el mismísimo Irán. Reunió también, en un evento histórico, a todas las facciones palestinas en un congreso. China tiene fuertes inversiones en infraestructura y transporte, pero también en informática, ya que el príncipe Mohamed bin Salman lleva adelante un proyecto de exportación de IA (muy incipiente, todavía).

Sobre esta ofensiva económica, política, diplomática y militar es que se lanza Trump a recuperar posiciones. Claro, no es tan fácil, porque sus aliados, ya no son tan incondicionales. Sus exigencias cambian y su espíritu combativo también. Ante ese escenario, la administración norteamericana lanzó un movimiento de pinzas. Por un lado, asegurarse un tratado de defensa militar y cooperación nuclear con Arabia Saudita, firmado el 18 de noviembre del año pasado, por la cifra de 1 billón de dólares en inversiones en tecnología y armamento, así como la posibilidad de que Arabia Saudita pueda desarrollar energía nuclear. El tratado más oneroso de la historia de la región (y uno de los más importantes firmados por los EE.UU.). Eso implica, además, la venta de artefactos bélicos sensibles que el Congreso impedía vender tan livianamente (como los aviones F-35), la provisión del 75% de la defensa, inversiones en IA (para competir con China) y el status de “aliado”, que significa que cualquier ataque militar al reino, representa un ataque a los EE.UU. En 2024, se quiso ir más allá y hacerle firmar los Acuerdos de Abraham, pero China movió sus fichas y la masacre del 7 de octubre puso un impasse.

El segundo movimiento es el intento de controlar a su principal competidor: Irán. Ahí, se desencadena el resultado de un proceso de mediano plazo, pero al que se le da término recientemente. Primero, la “estabilización” de Siria y el Líbano. En realidad, la derrota del principal aliado regional que tenía Teherán (Siria) y el plan de desarme del Sur del Líbano, que Hezbollah, descabezado por el momento, no tuvo más remedio que firmar (aunque con conflictos). En segundo, la ofensiva en Gaza, deja a sus organizaciones prácticamente desarmadas. Hamas, hoy, se apoya más en el príncipe que en el Ayatolah. A ese aislamiento, hay que sumar las sanciones y la explosiva crisis social y política en el país persa. La estrategia de Trump es un contraataque furioso y desesperado, pero no por eso completamente inútil. Sin embargo, hay muchas reticencias. No solo porque los países pretenden mantener las relaciones con China, sino que una explosión de un país con 90 millones de personas es una catástrofe que la región no puede soportar.

China compite con tecnología e infraestructura. EE.UU. con el poder militar. Ambos son importantes en la competencia capitalista. Unos se alimentan del otro. La pregunta es qué importa en la región. En países sin un pujante mercado interno y sin un complejo industrial, las inversiones tecnológicas pueden pretender inaugurar un nuevo ciclo (tal vez, exportaciones con mano de obra barata o polo de IA), pero en lo inmediato y por el momento, a diferencia de otras latitudes, mucha de la competencia económica y política, pasa por la fuerza. Trump, con la espada, está manteniendo el protagonismo.

*Por Fabián Harari (investigador del CEICS y militante de Vía Socialista).

About Author

Categorías